¿Existe total libertad de expresión en México? ¿Cómo está nuestro país en comparación con otros países? ¿Los periodistas mexicanos utilizan con responsabilidades esta libertad?

 

 

El pasado 3 de mayo, con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el Presidente de México expresó su compromiso con “el ejercicio pleno de la libertad de prensa”. Dos días antes, la organización Freedom House dió a conocer su reporte anual “La Libertad de Prensa”, que ubica a nuestro país entre los cinco latinoamericanos en que la prensa no es libre, el resto de las naciones son consideradas parcialmente libres.

Si comparamos el hoy de la libertad de prensa, de pensamiento y de expresión con la situación que se vivía en México en las décadas de los ochenta y anteriores, es innegable que vivimos en un ambiente de mayor libertad de prensa. Baste un breve repaso a algunas administraciones:

  • Con Álvaro Obregón y de Plutarco Elías Calles algunos periódicos (Excélsior y Universal) fueron censurados debido a su opinión respecto a las relaciones Iglesia-Estado, y durante el conflicto Cristero (1927) los artículos periodísticos fueron sometidos a censura.
  • Lázaro Cárdenas centralizó la información y ejerció presión sobre los medios a través del control sobre la producción y distribución de papel para los diarios con la Productora e Importadora de Papel (PIPSA) que desapareció hasta 1998.
  • Miguel Alemán  utilizó a algunos medios para satisfacer sus proyectos políticos y llegó a la represión hacia medios y periodistas.
  • Díaz Ordaz es memorable por sus acciones en contra de los medios, especialmente los más críticos hacia él y su gestión, como fueron la revista “Política “o el diario “Excélsior”.
  • Luis Echeverría, en ánimo de reivindicarse por su actuación como Secretario de Gobernación, obsequió una libertad de expresión casi irrestricta los primeros cuatro años de su gobierno; a partir de 1974 empezó a ejercer presión sobre algunos medios críticos y llegó al culmen con el golpe al diario “Excélsior”.
  • López Portillo inició la participación del Estado en los medios y formalizó un supuesto modelo “mixto” de comunicación con la participación “indirecta” del estado en el manejo de la información. Es célebre su frase “No pago para que me peguen”, referida a los medios.

En un esfuerzo por incrementar y garantizar la libertad de expresión, el año pasado se añadieron o modificaron algunos párrafos a los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, estableciendo que:

  • “Toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión.”
  • “No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones”-
  • “Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión, que no tiene más límites que los previstos en el primer párrafo del artículo 6o. de esta Constitución (… que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público”.

No obstante, medios de comunicación, gobierno, empresas y organizaciones privadas, en diferentes momentos y de forma discreta han hecho algún ejercicio de auto limitación a este derecho; en unos casos por así convenir a sus intereses, a veces para evitar situaciones que pudieran alterar la paz o la tranquilidad social, en ocasiones para no alertar sobre estrategias comerciales, políticas o judiciales, y en otros casos para evitar lesionar derechos de terceros.

En este sentido, las agencias de relaciones públicas por lo general tienen firmados convenios de confidencialidad que los obligan a no difundir información de sus clientes sin su previa autorización; una filtración de información de una empresa pública puede originar una seria afectación en el precio de sus acciones, además de una sanción por parte de las autoridades regulatorias correspondientes.

En el caso de un gobierno, revelar cierta información puede poner en riesgo algún convenio internacional o un operativo de seguridad nacional, o generar reacciones sociales inconvenientes. Tratándose de los medios de comunicación, publicar una información sin sustento puede llegar a perturbar el orden público, provocar algún delito o dañar la vida privada y reputación de un individuo.

Derivado de la crisis europea, la prensa ibérica empezó a ocultar las noticias referentes a suicidios, mismos  que se convirtieron en una de las principales causas de muerte en España. Se dijo que la razón de esta decisión mediática fue evitar un posible “efecto llamada”, aunque también se especuló que era porque el gobierno quería evitar que la gente reflexionara respecto al grado de desesperación al que estaba llegando la sociedad española.

En el caso de México, el año pasado la titular de México Evalúa, Edna Jaime, informó al diario Mas por Mas que “no hay una base de datos pública sobre homicidios relacionados con el crimen, sólo datos que no están agregados, no existen criterios claros y la metodología no es explícita y hay una falta de transparencia”, al tiempo que Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional dijo que el tema de la seguridad lo está minimizando el gobierno federal y está ocultando información, “existe un interés de mover el tema hacia otro nivel”

Una falsa noticia o una manipulación deliberada de hechos puede generar alteraciones en el orden público o en el status quo; un comentario aparentemente inocente puede llegar a constituir un ataque a la vida privada al exponer una persona al odio, desprecio o al ridículo, independientemente de poner entredicho a quien genera el comentario como en el siguiente caso:

Con motivo del día del maestro, Alejandro Villalvazo, conductor del noticiario en ACIR Radio, realizó comentarios sobre los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y, luego de un reportaje al respecto comentó: “Y como nosotros somos buena onda y bien cuates toda la semana vamos a estar festejando a los maestros”, luego de lo cual expresó: “les ponemos sus mañanitas a los maestros”;  de inmediato se escuchó la canción “rata de dos patas”, generalizando a todo el gremio magisterial.

En resumen, el ejercicio de la libertad de expresión implica una gran responsabilidad, ya sea que  las ideas, opiniones, comentarios e información en general se generen por profesionales en periodismo y comunicación colectiva a través de medios de comunicación tradicionales, o por ciudadanos a través de esos mismos medios o de las redes sociales.

 

 

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