Los usuarios de las redes sociales, al igual que quienes comunican a través de los medios impresos y electrónicos, tenemos una gran responsabilidad.

 

 

Las redes sociales, además de fungir como medios de catarsis por situaciones que afectan al usuario, son una vía de denuncia o de exhibición de situaciones que afectan a la sociedad. A través de ellas hemos sabido de casos de prepotencia, agresiones físicas a ciudadanos, abusos de poder, noticias publicadas por distintos medios, comentarios de periodistas, empresarios y jefes de Estado, y nos permiten conocer un sinfín de temas.

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Pero los usuarios de las redes sociales, al igual que quienes comunican a través de los medios de comunicación impresos y electrónicos, tenemos una gran responsabilidad. Un comentario sin sustento puede implicar una violación a derechos de terceros, un atentado a la dignidad de las personas o afectar la reputación de una institución; todo ello puede poner en riesgo la estabilidad laboral de quien escribe. Algunos casos:

  • En junio pasado, el reportero de televisión en Chihuahua, Gabriel Ortega Pérez, fue despedido por publicar en su cuenta de Facebook, críticas al gobernador del estado.
  • En febrero de este año, el periodista de Globovision en Venezuela, David de Matteis, fue despedido de ese canal de noticias por publicar mensajes en su cuenta de Twitter en contra del presidente (in)Maduro.
  • El año pasado, Reuters despidió a su editor de Social Media, Matthew Keys, al considerarlo irresponsable por la información inexacta sobre la tragedia en Boston (aunado a un tema previo de hackeo).
  • Jofi Joseph, quien en la Casa Blanca formaba parte del equipo encargado de negociar sobre el programa nuclear de Irán, fue despedido por publicar en Twitter mensajes críticos hacia la administración del presidente Obama.

También en la iniciativa privada se han dado casos similares:

  • Joe Marini, empleado de Microsoft, fue despedido por emitir mensajes vía Twitter relacionados con los smartphones Nokia con Windows Phone 7, antes de su lanzamiento.
  • En España, Daniel Cana Moya sólo permaneció dos días como Project Manager Online del Club de Futbol Barcelona, al descubrirse que, antes ingresar al FCB, había lanzado opiniones en contra del ex presidente y la junta directiva del club blaugrana a través de una cuenta en Twitter.
  • Un empleado de Chrysler en Detroit fue despedido por comentar en Twitter: “Encuentro irónico que Detroit sea conocida como la #motorcity (ciudad de los motores) aunque nadie sabe cómo ching…. manejar.”

Actualmente, muchas empresas monitorean el perfil de las redes sociales de sus candidatos a reclutar, aunque, según encuesta realizada por el portal trabajando.com, las redes sociales también se han transformado en un canal adicional a la hora de buscar empleo.

 

A normar criterios

En afán de cuidar su reputación, algunas organizaciones han empezado a reglamentar la participación de sus empleados en las redes sociales, dado que el sentido común parece no funcionar, especialmente cuando se trata de un desahogo por alguna situación molesta (un mal servicio, la demora de un vuelo, una reprimenda del jefe, etcétera). Han creado políticas detalladas para el uso de las redes sociales, con la esperanza de evitar situaciones incómodas. Lo mismo señala el tipo de contenido que establece guías para postear y sugiere estilos de redacción, que hasta prohíbe el uso del equipo de oficina para entrar a las redes sociales.

Lo mismo sucede con los medios de comunicación. Algunos prohíben a sus empleados utilizar sus cuentas personales para pronunciarse como periodistas y otros suministran cuentas corporativas con el único propósito de publicar tuits informativos. Así, la cadena británica BBC pide a sus periodistas que las noticias de último minuto sean introducidas en su sistema de sala de prensa antes que en Twitter; Bloomberg motiva a sus reporteros a usar Twitter, pero conservadoramente; AP recomienda que los retweets deslinden claramente que no es una opinión personal del reportero; para EFE, “es especialmente recomendable ser muy cuidadoso a la hora de realizar comentarios que puedan revelar apoyo o filiación de cualquier tipo, en especial en el caso de los periodistas”, mientras que ESPN le exige que “no revele primicias en Twitter”.

En México, un estudio realizado el año pasado por Dolly Espínola Frausto y Omar Raúl Martínez, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), revela que de los más de 3,400 medios de comunicación que existen en México, sólo 35 tienen registrados códigos de ética, pero casi ninguno menciona el empleo de las redes sociales. Entre los medios que aparecen en los buscadores, sólo el Instituto Mexicano de la Radio (Imer) y Canal 22 refieren el empleo de las redes sociales.

El primero establece que las cuentas y mensajes personales deben diferenciarse claramente de las cuentas y mensajes institucionales, y que las redes sociales deben aprovecharse para “promover y fortalecer la oferta del Instituto”, y “no para lamentarse, quejarse, desahogarse, burlarse o vilipendiar al propio Instituto”. El segundo indica que el uso de las redes sociales vinculadas con el canal debe hacerse de manera institucional y que sus contenidos “deben apegarse estrictamente al Código de Autorregulación Ética y al Manual de Estilo de Canal 22…”.

Visto así, las redes sociales parecen un arma de doble filo. Pero trabajar en un medio –y especialmente en una agencia de relaciones públicas– sin tener presencia en las redes sociales, como lo reporté a fines del pasado mayo en este blog, es desaprovechar un importante canal de comunicación que puede resultar estratégico. Las redes no sólo son fuente de información sino medio de difusión de contenidos, y pueden contribuir al fortalecimiento de una marca y a la interacción con los públicos de una institución.

Una estrategia de comunicación en redes sociales no es únicamente tener una página en Facebook o un perfil en Twitter, sino lograr una mezcla multimedia que permita un “diálogo” con los públicos y capitalizar la retroalimentación por parte de los usuarios de las redes. Lo importante, en tiempos en que surge más información de la que cualquiera puede procesar, es convertirse en referente, ofrecer un valor agregado que invite a ser seguido a través de contenidos planeados para renovarse consistentemente con información atractiva.

A fin de cuentas, sea por estrategia o por iniciativa personal, es mejor pensar antes de publicar en las redes sociales.

 

 

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