Una empresa familiar significa el esfuerzo de un fundador que decidió hacer partícipes del éxito a otros integrantes de su familia. Si el líder y las familias implicadas desean que la compañía sea un legado que perdure, deben capacitarse y prepararse para tomar decisiones como propietarios responsables. Hace tiempo leí una historia muy interesante que tiene relación con el tema:

Había una vez una maestra que el primer día de clases daba a cada alumno un encargo: repartir los libros, limpiar el pizarrón, revisar si faltaba algún material, etc. Una de las niñas más emocionadas con el reparto recibió la tarea de cuidar una hormiga en una cajita de arena. La pequeña pareció desilusionada porque pensó que era una tarea sin importancia, pero la maestra la motivó a que, con su trabajo, diera valor a su tarea. Así, la niña estudió todos los detalles sobre las hormigas: especies, hábitats, costumbres, alimentación. Con el paso del tiempo, la hormiga creció mucho y se veía muy feliz. Al final del ciclo llegó al salón de clases un supervisor que les dio una gran noticia: el grupo iría de viaje al bosque porque habían sido los mejores cuidando a la rara especie de hormiga que se les había encomendado a las escuelas participantes. Ese día, la pequeña y todos sus compañeros entendieron la importancia de la paciencia y la responsabilidad.

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Así como la maestra de la historia, un buen líder familiar sabrá motivar y organizar a sus familiares y colaboradores para que actúen de manera responsable. Este trabajo de gestión al interior de las familias propietarias evitará que la organización caiga en el riesgo de la propiedad, alineando los intereses de familia y empresa para que no haya diferencias sobre los dividendos, la estrategia de inversión, los deberes y obligaciones de cada integrante, entre otros factores. Para entender con mayor detalle este peligro, consideremos algunos de sus puntos clave:

 Generar un valor emocional cuidará el valor económico. Si una empresa familiar está bien guiada, sus líderes serán capaces de comunicar de manera efectiva la cultura de trabajo de la organización a cada integrante de la familia. Contar con accionistas y propietarios que ven a la empresa como parte de su historia individual y profesional es una de las grandes fortalezas de las empresas familiares. Las estructuras organizacionales —consejo familiar, asamblea de accionistas, entre otras — son elementos fundamentales para forjar esta unidad entre familia y compañía, y que cada integrante pueda distinguir y entender la función que quiere desempeñar.

Solo se puede ser propietario con responsabilidad. Un propietario con pasión y amor por su organización debe trabajar con ahínco en varios ámbitos para que su trabajo dé valor a la compañía: conocerá y respetará los valores que son su identidad; se preocupará porque la empresa cuente con órganos capaces de una buena gestión; se esmerará por tener la formación necesaria para participar y aportar a la compañía; estará informado de cada paso que dé la compañía y tendrá una opinión al respecto; conocerá las necesidades y obligaciones legales, administrativas y fiscales de la compañía y sobre todo planeara y ejecutara muy bien la sucesión de la propiedad eligiendo cuidadosamente a los más capaces y éticos con la participación accionaria para que mantengan el control.

 La paciencia es el camino a la estabilidad. Las empresas familiares se distinguen por su estrategia de mercado que algunos conocen como capital paciente, es decir, las ganancias serán a largo plazo, reinvirtiendo en la propia organización y evitando el endeudamiento o la entrada de intereses ajenos a la familia. De igual manera, cada familiar debe entender su papel en la organización, no todos pueden participar en la administración o en los órganos de gobierno, pero su interés por la empresa siempre es necesario.

Cuando se trabaja en construir una conciencia de la propiedad responsable, la compañía evitará problemáticas en torno a la división de acciones, la entrada y salida de familiares o la sucesión. Si cada familiar conoce su papel y lo vive con entusiasmo, la empresa estará en camino al crecimiento con rentabilidad y la estabilidad. Hay que tener presente lo que decía Ralph Waldo Emerson “Cuando se trata de dividir un patrimonio, los hombres más educados se pelean”. 

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