Hace algunos días se publicaba un artículo en la página web del World Economic Forum dedicado al estudio del impacto de lo que llaman ya la cuarta revolución industrial y que no es otra cosa que la revolución que está generando la tecnología en la forma de producir bienes y servicios.

En el artículo se muestra el impacto en el mercado de trabajo derivado de fuertes cambios en los ámbitos tecnológico, demográfico y socioeconómico, cambios que tienen que ver con el internet de las cosas, la robotización de la producción, el envejecimiento poblacional o la desintermediación, entre otros. El artículo nos viene a decir que estos eventos deben hacernos reflexionar sobre cómo modificar las estrategias de atracción, selección y desarrollo del talento en las empresas para adaptarlas a los nuevos tiempos.

A mí me gustaría incidir en uno de los aspectos que se tratan en el estudio: la reducción de la necesidad de mano de obra no cualificada para trabajos operativos de poco valor añadido y, por tanto, la creación de una élite social de trabajadores cualificados que liderarán la construcción de la sociedad futura.

En el corto plazo, queda claro que las empresas y los profesionales que nos dedicamos a la gestión del talento tendremos que adaptar nuestras estrategias y adaptarnos a los nuevos retos. Se generarán nuevos puestos de trabajo que hoy no existen, la formación será cada vez más necesaria y deberán dedicarse más recursos a la selección de un talento cada vez más cotizado. Pero, en mi opinión, la automatización o la robotización van a conducir en el largo plazo a un reto mucho mayor que sobrepasa el ámbito empresarial.

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Imaginen una sociedad en que la energía se genere a través de fuentes renovables y automantenidas; los autos, camiones, trenes o aviones no necesiten conductor; la nevera de nuestra casa detecte la compra a realizar y la solicite mediante internet; plantas de producción completamente robotizadas sin apoyo humano; bancos online sin sucursales a pie de calle; programas de análisis de datos que sustituyan a analistas financieros, auditores o contadores… Todo esto está por llegar, y el impacto social y político a largo plazo superará con creces el impacto de adaptación de las empresas y sus áreas de gestión de talento en el corto plazo.

La población cualificada se verá beneficiada (al menos en las primeras décadas) debido a la alta demanda de talento para diseñar y construir dicha sociedad. Y la población no cualificada verá cómo millones de puestos de trabajo operativos desaparecen a nivel mundial, y otros se precarizan, y a nivel general sus salarios se reducen.

Las nuevas tecnologías y el avance hacia este tipo de sociedad son imparables. Ahora nos toca reflexionar sobre cómo abordar la situación social y política que derive de ella.

 

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