Al final del día, a ningún usuario le importa ya dónde vive el contenido, siempre que sea útil y accesible desde cualquier dispositivo y desde cualquier lugar.

 

 

El diseño tradicional de contenido en libros o revistas normalmente está limitado por la capacidades físicas del medio: el tamaño y la cantidad de sus hojas o el tamaño de la tipografía y de las ilustraciones, entre otras. Cuando trabajamos en medios digitales, estas limitaciones carecen de sentido y surgen otras cuestiones, como la resolución y la orientación de las pantallas.

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Antes he escrito que debemos liberar al contenido para que pueda adaptarse y ser accesible en diferentes dispositivos. Esto es cada vez más importante debido a que el número de dispositivos que las personas usamos para estar conectadas aumenta día con día.

Se estima que una persona con acceso a Internet en México utiliza en promedio 3.7 dispositivos para acceder a contenido en la red todos los días, y este promedio está aumentando cada año con dispositivos como smartTVs, smartwatches, smartglasses y otros que están llegando al mercado masivo. ¿Cómo hacemos que nuestro contenido se adapte de manera natural a tantos dispositivos tan diferentes?

Lo primero es darle estructura al contenido digital. Irónicamente, entre más estructura le demos a nuestro contenido, más libre será éste, y no me refiero a la estructura rígida del diseño de una página impresa, sino a agregar información que exprese el significado y la función de cada elemento individual en el contenido. Esta estructura permite que el contenido pueda ser atomizado y recombinado sin perder su capacidad de comunicar, educar y entretener.

Formatos digitales estándar como XML, RSS, Markdown o los Microformatos pueden ser utilizados para darle contexto al contenido digital y dejar que los navegadores web, las apps en dispositivos móviles o cualquier programa lector pueda interpretarlos y adaptarlos para dar una experiencia positiva a los lectores.

Aunque suena a un tema muy técnico, en realidad la semántica de contenido es un tema que corresponde a los nuevos editores, quienes deben aplicar su experiencia y conocimientos para etiquetar el contenido y volverlo ágil y flexible.

El contenido en digital tampoco vive aislado. Las capacidades hipertextuales de la web son algo común para muchas personas que ya se han acostumbrado a la navegación de “páginas web” y el futuro del ebook apunta hacia esa dirección, pero ése es un tema para otro día.

Al final del día, a ningún usuario le importa ya dónde vive el contenido, siempre que ese contenido sea útil y accesible desde cualquier dispositivo y desde cualquier lugar.

 

 

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