La falta de lluvia ha provocado que muchos ganaderos opten por sacrificar a su ganado en vez de pagar el costo de manutención. La crisis alimentaria que de ello se deriva empieza a sentirse en el bolsillo de los mexicanos.

 

México no es un mundo perfecto y por eso, siempre llueve donde no debería de llover. Por ello, desde hace aproximadamente dos años, el sector ganadero mexicano se enfrenta a los caprichos del clima, que lo coloca en un escenario en el que a veces es preferible matar a sus animales que mantener su crianza.

Por donde se le vea, esta afirmación es dramática. Los efectos del estiaje que se registraron el año pasado, empiezan a sentirse este año en los bolsillos de la población debido a que los productores de carne de res optaron por sacrificar al ganado en lugar de mantenerlo. Esta decisión implicó un aumento superior a 15% en el precio de la carne y a un desabasto del producto.

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Según datos de Asociación Mexicana de Engordadores de Ganado Bovino (AMEG), actualmente mantener a una res tiene un costo aproximado de 1,910 pesos mensuales por compra de forraje y suplementos alimenticios, es decir 22,920 pesos al año; mientras que enviarla al rastro para su sacrificio tiene un costo único de 1,230 pesos por cabeza.

A pesar de los apoyos gubernamentales la situación es crítica, porque ante la crisis del año pasado fueron sacrificadas vacas en edad gestante, lo que da como resultado una disminución en la oferta de becerros.

Hasta antes de la crisis provocada por la sequía, el ganado que se mandaba al rastro era el que ya había terminado su ciclo reproductivo, pero ahora, ante la emergencia, se están mandando cabezas que aún están en edad gestante. Y esto lleva a otro problema: que en el corto plazo se deberá repoblar el hato ganadero para reponer esas “madres” que se están sacrificando.

En México el consumo pero cápita de carne de res es de 17.5 kilos al año. De 230 empresas afiliadas al organismo, se estima que, en 2011, al menos unas 34 cerraron el año con números rojos, no sólo por la falta de agua sino también por el aumento de precios en insumos como el maíz, que ya llegó al 80% en un año.

En su momento, Gerardo Sánchez, presidente de la Confederación Nacional Campesina, aseguró que alrededor de 12 millones de cabezas ganado, 35 % del hato nacional, “estaban en los huesos” por la falta de agua y alimento. Según la misma organización, a diciembre de 2011 habían muerto medio millón de cabezas de ganado a consecuencia de la sequía.

Aunque millones de mexicanos no tengan recursos para comer carne al menos una vez a la semana, la idea es que llegue a toda la población, no que cada vez se aleje más de nuestros estómagos. Voluntad para comer hay, lo denigrante sería que también hubiera dinero, pero que no hubiera alimento para comprar.

 

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