Cd. Juárez, Chihuahua. En las noticias de los principales medios nacionales, todo es guerra entre México y Estados Unidos, anuncian un panorama terrible, sí se va a acabar el TLCAN, sí van a deportar a más indocumentados que en la época de Obama, los actores políticos han corrido a reunirse con migrantes, a hacer vallas humanas en la frontera, a pintar el muro; cada vez que se mueve el dólar es porque Trump estornudó, las calificadoras cambian sus criterios cada orden ejecutiva americana  y nuestra vida depende de lo que dijo o no Trump; por otra parte los reportes diarios son: ya deportaron a fulana o a fulano, diario encuentran un nuevo dreamer o pobre mexicano que vivía en los Estados Unidos y lo acaban de deportar, con una historia dramática, todo esto es real e innegablemente Trump es el malo de la película.

Ahora ya parece que el sistema y las instituciones americanas ya empiezan a acotar las acciones del nuevo presidente, pero eso no lo va a detener del todo, los brincos van a seguir.

Con esta expectativa el venir a la frontera me causaba mucha intriga y hasta, porque no reconocerlo un poco de temor, es más tuve la oportunidad de hospedarme del lado americano y preferí no hacerlo, porque las historias de que hasta te van a revisar el celular me generó incertidumbre, pero también el pensar estar en el lado mexicano igual me daba resquemor por la inseguridad. La sorpresa fue que ni lo uno, ni lo otro.

La frontera está tranquila, la gente trabajando, va y viene de un lado al otro, como la hace a diario y no pasa nada, cuando uno les pregunta ¿cómo están?, ¿qué opinan de la situación?, es como si estuvieran primero, más preocupados por su día normal, por los cambios que genera el tener un dólar bajo o alto, o ahora el nuevo efecto que ocasiona las olas de las subidas o bajadas de los precios de las gasolinas, es más, ahora los que más pasan a comprar son los del lado americano a gastar a México y por lo que me comentan varias personas, los comerciantes americanos están más preocupados que los de nuestro lado. El tema de la seguridad en la ciudad esta normal, sin grandes problemas al respecto, alias “la frontera no se está incendiando”, o como bien un taxista me comentó, “acá, ya tenemos muro desde hace mucho, no afecta nada en absoluto”

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Por otra parte, los comentarios de los mexicanos que están del otro lado también cambian mucho la perspectiva del asunto, en una plática con un taxista mexicano que vive y trabaja del otro lado me cuenta dos historias contrastantes: la primera, un mexicano que entró como indocumentado y de joven tuvo una vida delincuencial, se regeneró en los últimos años y ahora ya con familia, negocios y su vida en orden, por darle un aventón a un indocumentado lo deportan.

Otra historia, en California, otro indocumentado con treinta años en Estados Unidos, por flojera nunca regularizó su situación, ahora tiene negocios, familia establecida y hasta nietos, es seguro que lo encuentren y lo deporten, la razón, no por delincuente, si no por burlar el sistema, por querer verle la cara a los americanos y no regularizarse, cosa que es la ofensa más grande en ese país, lo deportan a él, toda la familia se queda, a que viene, a nada no tiene a nadie de este lado.

Una tercera historia, un agente de la migra cuenta que, aunque pongan el muro, los coyotes siempre van a encontrar la forma de pasarla, cuenta que las cosas que ellos encuentran es impresionante, desarrollos tecnológicos que brincan cualquier altura, escaleras neumáticas, camionetas especiales que colocan junto a la barda y ayudan a pasar hasta automóviles, comentario final del agente, si usaran esa creatividad para otras cosas sería un mejor país.

La última historia, uno de los interlocutores dice, yo estoy del lado americano derecho con papeles, tengo un permiso para trabajar y si hago todo bien y cumplo la ley, puedo llegar a ser proveedor del gobierno de los Estados Unidos, yo no quiero verme afectado por aquellos mexicanos que vienen e infringen la ley, no es justo.

Con todo esto en mente, crucé la frontera a pie y me enfrenté a la revisión de la frontera, todo sigue igual, revisión normal, nadie ve feo a nadie, ahí luchan desde hace años, con los que a diario quieren cruzar sin papeles, para ellos nada fuera de lo normal.

Las fronteras de nuestros países están mimetizadas, la mayoría de los ejecutivos de las plantas viven del otro lado y diario pasan a trabajar a México y regresan por la noche, el flujo de gentes y comercial es inmenso.

Mientras en la prensa nacional, si uno lee a los opinadores profesionales, la relación entre los dos países se está cayendo, nos estamos matando y como alguien dijera en un medio de comunicación, tenemos diez mil secretarios de relaciones exteriores opinando que hacer. Por otro lado, se reportaba que los que más están sacando dólares del país, son los empresarios mexicanos, según el Banco de México.

¿Pasaría lo mismo si no fuera periodo electoral?

 

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