Por Jorge Estrada

Una modelo checa se dirige a la colonia Tres Marías, en el municipio de Chalco, donde la esperan más de 150 niños, que la han denominado “su ángel”. El título no es gratuito, su fundación, Happy Hearts, ha ayudado a poner en funcionamiento 130 escuelas alrededor del mundo, una de ellas justo ahí, en una localidad que tiene su propia línea telefónica de atención a feminicidios y agresiones familiares.

En 2013, Petra Nemcova fue parte de la inauguración de la Telesecundaria José Vasconcelos, ubicada en el municipio de Chalco, Estado de México. Tres años más tarde, regresó al país para visitar a los alumnos y ver el progreso en las instalaciones, que ante el descuido fueron utilizadas en el pasado incluso como tiradero de basura.

Ha visitado cientos de escuelas en todo el mundo, pero ésta es especial. Durante el trayecto, el panorama se torna distinto al ambiente de la Ciudad de México. Los edificios y las casas se vuelven viejos. La vagoneta se agita por los baches de la autopista que va rumbo a Valle de Chalco.

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Una vez en el lugar, los niños se encuentran en su área de ceremonia y se escucha un coro que canta su nombre, muchos de ellos nunca la han visto, pero saben quién es. Petra no quiere dar un discurso cansado para ellos; les pregunta qué quieren ser cuando sean grandes, les dice cuán importantes son los estudios para poder superarse.

Al llegar, se acerca para saludarles, los alumnos se sonrojan en presencia de una mujer de 1.80 metros, de cabello rubio, tez blanca y nariz afilada. Otros practican lo que han aprendido en su clase de inglés. El director le explica el significado de los elementos de la ofrenda tradicional mexicana, y ella se asombra al ver cómo los mexicanos celebran la muerte.

 

El valor de la educación ante la adversidad

Tailandia era uno de los sitios preferidos de Petra Nemcova, no era la primera vez que vacacionaba ahí. Junto con su novio, el fotógrafo Simon Atlee, decidieron pasar allí la navidad de 2004. Sin embargo, todo cambió en cuestión de segundos.

Después de un paseo por la mañana, la pareja regresó para desayunar y abandonar el lugar. Acordaron que prepararían su equipaje y en menos de dos horas estarían en el vuelo de vuelta a casa.  En cuestión de segundos, la casa donde se hospedaban quedó totalmente destruida. La furia del mar se había hecho presente; y mientras ambos intentaban aferrarse a la vida, el agua los apartó. La escena era similar a lo que puede apreciarse en la película “Lo imposible”, protagonizada por Naomi Watts.

Ella no cree que sea sólo suerte, “debo haber tenido ángeles cuidándome porque realmente no había ninguna posibilidad de que pudiera haber sobrevivido”, dice.

Logró sujetarse de una palmera, pero las probabilidades de sobrevivir estaban en su contra: su pelvis se había quebrado por la fuerza de las olas. La parte central de su cuerpo quedó imposibilitada. Su novio no tuvo la misma suerte, la última vez que lo vio, luchaba por mantenerse a flote en medio de una marea rabiosa.

El dolor emocional era más grande que el físico. Los gritos de los niños asfixiados por las olas, la impotencia de querer ayudarlos y no poder.

Después de pasar ocho horas aferrada a la palmera, un hombre de la aldea puso en riesgo su vida para salvarla; en cualquier momento otra ola podía terminar con sus esfuerzos por sobrevivir.

Dos años después, una vez recuperada de sus heridas, volvió a Tailandia y se percató de que la ayuda que reciben los países afectados por un desastre natural resulta insuficiente.

El Tsunami había arrasado con uno de los motores para el desarrollo de los niños y las sociedades alrededor del mundo: las escuelas.

Éstas terminaron en ruinas. Los niños no tenían lugar para aprender, jugar, y continuar sus sueños. Al igual que muchas personalidades que actúan en favor de la educación, la supermodelo, que hoy en día dedica alrededor del 70% y 90% de su tiempo a la caridad considera que la educación es prioridad para devolverle las posibilidades de desarrollo a una comunidad.

“Cuando reconstruyes una casa, ayudas a una familia, pero cuando es una escuela, ayudas al niño, a la familia, a toda la comunidad, va más allá”, apunta Nemcova, una vez terminada de su visita a Chalco.

Sin embargo, cuando ocurre una catástrofe, los centros educativos tardan de dos a seis años en recuperarse. Para Nemcova, la escuela cumple una doble función cuando ocurren este tipo de catástrofes:

“Después de los desastres naturales, los niños pierden todo: su familia, sus amigos, y entonces pierden la naturalidad de su vida. La escuela es un arraigo. Para ellos recuperar la escuela  tiene un sentido de normalidad que no deben de perder. La escuela les da la oportunidad de tener amigos, de recuperar esa alegría y de convivir”, resalta.

 

El corazón de una comunidad

Happy Hearts nació en  2006, cuando la modelo decidió poner en marcha un proyecto para cambiar la vida de miles de niños en países afectados por catástrofes naturales. Se trata de una ONG (organización no gubernamental) cuyo objetivo es devolverles el derecho a la educación, a través de la reconstrucción de centros educativos.

Inicialmente, la fundación comenzó por crear escuelas, y hospitales temporales donde las personas dormían en camas de cemento. Su trabajo dio frutos desde el primer año de operaciones, pues logró levantar ocho escuelas en beneficio de 263 niños.

Hoy, Happy Hearts ha apoyado la puesta en marcha de 130 escuelas en diez países: Indonesia con 92 escuelas, Perú (9), Haití (9), Filipinas (9), México (9), Tailandia (2), Colombia y Chile (1). En 10 años de trabajo, han regresado a las aulas a más de 5o,000 niños de diferentes partes del mundo.

“Me di cuenta que el tema de los niños en la escuela era súper importante. Ahí era donde ya no veía esa mirada de los niños, en especial ese brillo en sus ojos. Eso fue lo que más me impactó en el corazón, (…) es tan importante reconstruir una escuela porque se convierte en el corazón de la comunidad”, menciona Nemcova.

 

De basurero a escuela de primer nivel

En 1997 los pobladores de la colonia Tres Marías, compuesta por maestros y padres de familia, lograron la donación de un terreno. Sin  apoyo del gobierno federal, la comunidad adaptó el sitio para crear un centro de educación.

Rodeada por una malla perimetral, en su interior magueyes, pasto, y desperdicios de basura, los alumnos asistían para tomar clase en un salón similar a una choza compuesta por techo de lámina y cartón.

“Este terreno era un tiradero de basura y ahora prácticamente es una de las mejores escuelas de la zona. Estamos dando un servicio adecuado para todos los jóvenes que deseen inscribirse”, apunta David Salazar Solís, director de la Telesecundaria José Vasconcelos.

En 2012, con una inversión de 5.1 millones de pesos, se inició la transformación de la institución. La escuela fue instaurada bajo el Programa de Escuelas Auto Sustentables (PEAS) que opera la aseguradora SURA México, en alianza con Happy Hearts.

Cuatro meses después, el inmueble contaba con cuatro aulas didácticas, salón de cómputo, laboratorio de ciencias, consejería, dirección con bodega, comedor escolar, plaza cívica y barda perimetral de concreto, lo que la hace la mejor equipada en materia de infraestructura del Valle de Chalco.

 

Responsabilidad compartida

Happy Hearts llegó a México en el año 2007 para trabajar en zonas vulnerables como Tabasco y Chiapas. En 2016 se inició el capítulo mexicano; la institución operará en territorio nacional con la misión de devolverle la oportunidad de estudiar a miles de niños.

A nivel internacional, Petra Nemcova continúa el scouting en diferentes países, y trabaja en el desarrollo de una estrategia denominada smart answer  (respuesta inteligente) para que las reconstrucciones que normalmente tardan en concretarse seis años, se acorten a uno o dos años.  “Es un reto grande, pero a largo plazo”, apunta Nemcova.

Para la mujer checa de 37 años, no fue fácil encontrar recursos económicos para su fundación. Al inicio, había personas no confiaban en el proyecto. Sin embargo, esta tarea no sólo consistía en conseguir capital, sino ideas para mejorar cada uno de los objetivos.

El consejo está integrado en el país por la firma de seguros e inversión SURA México, el Grupo Financiero Actinver, la consultora en comunicación, Zimat y la organización filantrópica Promotora Social Mexicana.

Ante la falta de recursos económicos por parte del gobierno, Nemcova considera que es “crucial” que el sector privado se involucre en apoyar este tipo de causas, ya que a diferencia de otros sectores, éste es mucho más veloz, y puede ser de gran influencia.

“Con tan sólo el 15% de sus impuestos, los empresarios pueden reconstruir muchas cosas. En Estados Unidos las empresas hacen algunos programas de apoyo voluntario. Cada compañía tiene diferentes fortalezas, y si juntamos todas podemos hacer un gran impacto”, resalta.

 

Con información de Fernanda Celis 

Petra Nomcova (Foto: Fernanda Celis)

 

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