Mucho se habla hoy de que la tecnología desplazará gran número de los puestos laborales que existen en el mercado y eso causa preocupación, sobre todo en quienes no se detienen a analizar que, aunque es posible que reemplace al rol tradicional, también ayudará a lograr un cambio en la descripción de nuevos puestos.

El tema está sobre la mesa y no son pocos los debates que se arman en torno a él con el afán de adoptar el mundo cambiante y retador que ofrecen los adelantos tecnológicos. Así, recientemente, en Argentina, se reflexionaba sobre la inclusión de la tecnología y la robotización en el mundo laboral, y para ello consultaron al economista Eduardo Levy Yeyati, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, quien ofreció una visión novedosa sobre el tema.

“La robotización tiene dos versiones: los que hacen cosas físicas para trabajos rutinarios y los robots virtuales, que son programas o softwares”, indicó Levy Yeyati. “Sabemos que la composición del trabajo va a ser distinta. Mi intuición es que vamos a tener menos trabajo, creo que las nuevas generaciones son más proclives al ocio y lo valoran más”.

De ahí que, por ahora, dijo, lo que más se ha visto en el tema robotización es la “sustitución en el sector servicios”, como lo es el sector financiero en México, que emplea a unas 300,000 personas, de las que gran parte podrían quedar desempleadas sino encuentran otras áreas para reubicarse o si ponen obstáculos al cambio que supone moverse en un mundo tecnológico.

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Y es que es justo en esta línea que crean las áreas de oportunidad es en donde empieza el verdadero reto de que quien desea permanecer vigente en el mundo laboral y que, debe partir de la base de que, en realidad, la tecnología es un gran aliado que hace que el trabajo, mi trabajo, no sólo se vea, sin que se vea bien y cada vez mejor. Aquí es donde la estructura clara y ordenada de cada proceso y actividad que se realiza en el mundo laboral alcanza niveles de perfección y eso, evidentemente, sólo es posible gracias a un buen manejo tecnológico. De ahí que, en mi opinión, estamos en el momento justo en el que o adoptas la tecnología y la usas a favor, o simplemente te desplazará. La revolución tecnológica está aquí y llegó con todo.

Para los grandes consorcios la decisión quizá no sea sencilla, pero sí que resulta práctica y eficiente. Basta recordar que una de las ventajas es que la tecnología no tiene soft skills, es decir, no tiene un ADN, no ve ni siente, no improvisa; si alguien no la programa, no reacciona a la velocidad sobre nuevos parámetros, simplemente ejecuta y con eficiencia.

Pero, las ventajas no terminan ahí. La tecnología permite la interacción con otras culturas y conocimientos, y trabajar de la mano democráticamente y avanzar con mayor facilidad y precisión, sin involucrar sentimientos ni reacciones emocionales. Las sensaciones que experimentamos no las puede tener una computadora. Los valores que nos mantienen unidos como empresa, el famoso sentido común, son sólo de humanos, porque la tecnología no crea por sí una cultura: eso es de humanos.

Entenderlo ya ahorrará muchos dolores de cabeza y presiones, además de que terminará con el falso debate de si la tecnología desplaza o desarrolla un crecimiento en los individuos, porque sería tanto como decir que la universidad y los estudios desplazan. Comprenderlo también ubica cada cosa en su lugar, porque el exceso de tecnología no sólo no daría valor o disrupción a lo que se tiene, sino que podría generar una pérdida de eficiencia, que es la meta que debe permanecer frente a cada decisión, cada proceso, cada acción que se tome.

Así que en materia de tecnología hay una máxima que debes adoptar: En el mercado siempre hay algo esperando que lo uses para hacer mejor tu trabajo, porque si no lo haces tú, alguien más lo hará.

Y, por supuesto, no debemos perder de vista que el hecho de reunirse físicamente en un lugar de trabajo siempre dará más sentido de pertenencia a los empleados, por la convivencia y la diversión interactuando y expresando ideas no programadas sino espontáneas.

 

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