Conocer y explotar el poder de las nuevas tecnologías, como inteligencia de datos y analíticos, es parte de hacer negocios en el mundo digital. El problema reside en saber si el uso de estos recursos debe ser enseñado en las universidades o si cada quien debe aprender lo que más le convenga. Quien tome la decisión equivocada no saca cero, pero quizá se quede sin trabajo. 

 

Por Alberto Monterrojo

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Miles de estudiantes recién graduados, y también jóvenes ejecutivos con experiencia, hacen enormes esfuerzos para completar un posgrado o alcanzar el valorado MBA que parece la promesa de una carrera profesional exitosa. Hay que pasar la prueba GMAT, que es la antesala del MBA, y luego dedicar dos o tres años (y mucho dinero) para tener ese grado sin el cual una licenciatura parece insuficiente.

Sin embargo, todavía no está claro si esos estudios superiores deben incorporar a las tecnologías y herramientas que los hombres de negocios están utilizando, o deberían hacerlo, para tomar decisiones y ser más competitivos.

Las opiniones, sin embargo, son divergentes. Algunas fuentes aseguran que los reclutadores y las áreas de recursos humanos cada vez están menos interesados en los títulos y los grados académicos, y más enfocadas en las habilidades prácticas de sus candidatos.

Por ello, en la actualidad para los ejecutivos, seguir las tendencias tecnológicas, “son sencillamente imprescindibles, ya que su desconocimiento conduce inexorablemente a la obsolescencia”, afirma Jesús López Davadillo, presidente de la Escuela Europea de Negocios.

 

Lo que hay que saber

Luiz Ferezin, director general de Accenture en México, que ofrece consultoría con orientación en temas tecnológicos a clientes globales y locales en varios países de Centroamérica, dice que “competitividad, prosperidad y crecimiento sólo pueden impulsarse a través de la innovación sostenida, lo cual exige a los líderes desarrollar capacidades para generar y asimilar los cambios tecnológicos.

El uso de big data, analíticos, movilidad, digital y cloud, habilita perspectivas y oportunidades para las compañías.

“Hoy ya no se pueden impartir programas al estilo clásico, ni sólo con las nuevas tendencias tecnológicas. Debido a la dinámica del cambio, todo se está ajustando y moviendo día a día”, dice López Davadillo.

Por tanto, es vital que quienes las lideran sepan de su funcionamiento y operación, aunque sus funciones no estén relacionadas directamente con las áreas de tecnología o infraestructura.”

Agrega el directivo brasileño que el desarrollo sostenido de las economías debe basarse en el conocimiento, que a la vez estimula la innovación, y que los recursos creativos e intelectuales son fuentes de competitividad y crecimiento a largo plazo. “El capital humano constituye un factor diferenciador en el impulso de la productividad de una nación“.

Con una visión cercana, German Céspedes, profesor del Área de Factor Humano del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE) en México y Costa Rica, recuerda que al inicio de la era digital muchas empresas ignoraron las nuevas tecnologías y su impacto en la forma de hacer negocios, en cómo relacionarse con sus clientes o en las capacidades que debían desarrollar en sus colaboradores.

“Con el tiempo, esa postura mostró sus deficiencias y la tendencia se revirtió. Ahora nos hemos movido hacia el otro lado del péndulo, en el que todos aseguran que la era digital modificará inexorablemente las posiciones y habilidades tradicionales.”

Ni uno ni otro. Explica que “el director general debe tener el criterio suficiente para entender que ambas posiciones son extremas y ninguna lleva a las decisiones adecuadas. Ningún empresario puede ignorar las transformaciones tecnológicas y salir ileso, como tampoco ninguno debe olvidarse de las fortalezas nucleares de su modelo real de negocio y del conocimiento que sus colaboradores han construido a lo largo de años de experiencia.”

“En el caso particular de la Escuela Europea de Negocios, no sólo se facilita el uso de las herramientas tecnológicas, sino que también hacemos uso de las mismas como elementos de apredizaje desde nuestra plataforma de última generación”, comenta el presidente del colegio.

Céspedes menciona: “Es imperativo que el director general entienda lo suficiente de tecnología como para distinguir si las inversiones en tecnología son adecuadas, cuándo y en qué medida. O al menos que incorpore en su equipo el talento necesario para hacerlo”.

“Cuando todo mundo está corriendo detrás de algo, que ya hemos llegado tarde y quizá haya que hacerlo cuanto antes, o es necesario esperar a que se calmen las aguas para distinguir si se trata de una decisión importante o una simple moda”, explica.

Piensa que no hay que “tirar” dinero en grandes inversiones de tecnología simplemente porque muchos lo hacen, sin tener claro el valor real que se genera a futuro. “Si el director general no tiene el tiempo o las habilidades para hacerlo personalmente —apunta—, sí debe tener la competencia de generar los recursos directivos que le permitan tomar las decisiones acertadas.

Si es tan importante que los empresarios (y los graduados) estén actualizados y tengan buenos conocimientos sobre las plataformas informáticas más actuales, ¿cuál podría ser la responsabilidad de las universidades y escuelas de posgrado?

Juan Carlos Barahona, profesor de Administración de la Innovación y la Tecnología en la INCAE Business School de Costa Rica, es categórico al respecto: “Hoy es más importante que nunca y las escuelas de negocios debemos enfrentar el reto de graduar profesionales que no solo tengan más conocimientos digitales, sino que tengan la capacidad de contribuir con la implementación y uso adecuado de tecnologías.

La Escuela Europea de Negocios, que tiene presencia desde 1991 en Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Colombia y Perú, cuenta con programas especializados en MBA, innovación, energías alternativas eficiencia energética, markerting, producción, exportación, todas con uso el uso de las herramientas tecnológicas para cada respectivo programa, menciona López Davadillo.

En educación ejecutiva se debe seguir trabajando duro en acompañar a los ejecutivos y empresarios al asumir el reto de la transformación digital de las empresas. ”

El docente del IPADE va más lejos aun cuando reconoce que “nadie entiende bien el impacto de estas tecnologías si no las experimenta en carne propia”.

Él mismo pregona con el ejemplo: respondió el cuestionario de Forbes vía electrónica y durante un viaje a Puerto Rico, pero no desde la seguridad y comodidad de un hotel, sino desde un apartamento apenas conocido. Y es que quiso experimentar en persona la viabilidad del modelo Airbnb, un mercado comunitario donde se pueden rentar o compartir departamentos entre desconocidos que se contactan a través de la red.

La experiencia de Barahona fue positiva, porque su conclusión es que Airbnb promete ser un disruptor “brutal” para la industria hotelera, por ejemplo, como Uber lo es con el servicio de taxis.

No es suficiente con saber qué es y para qué sirve la tecnología x, y o z. Es necesario que los ejecutivos y emprendedores tengan claro su papel como líderes de esta transformación. Ese rol no es delegable ‘al muchacho de ti’”.

Dice Barahona que en el INCAE de Costa Rica, por ejemplo, han tomado muy en serio estos retos, agregando o enriqueciendo sus cursos y programas para incluir estos temas, que antes estaban más bien reservados a los ingenieros y directores de sistemas.

“¡Absolutamente! Hace unos días mis estudiantes de la clase de toma de decisiones estaban utilizando una app para crear modelos analíticos, calculando eigenvectors y eigenvalues para chequear la consistencia de sus valoraciones. Mi colega Carlos Quintanilla desarrolla clases en las que se utilizan bases de datos gigantes y se corren algoritmos en máquinas virtuales para calcular el valor de un cliente, por ejemplo, como parte del análisis necesario para optimizar actividades de ventas.”

Quienes no recuerden el uso de esos vectores y valores tendrán posiblemente que recuperar sus apuntes de álgebra lineal.

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Las necesidades ya están aquí

Lo cierto es que la realidad está cambiando y algunas empresas ya comienzan a caminar hacia los nuevos roles y perfiles que el ejecutivo del futuro deberá tener.

El Chief Data Officer (CDO) es una nueva especie de ejecutivo de la que poco han oído hablar, pero que existe en grandes corporaciones. Su función está en la gestión de las grandes bases datos, enfocarlos y enlazarlos con las grandes áreas del negocio. No sólo es un gestor de big data, sino un estratega informático de negocios.

Como nueva especie, aún son pocos los CDOS a nivel mundial y unas cuantas las empresas que pueden jactarse de contar entre sus filas con un especímen como éste.

El grupo financiero mexicano Banorte es una de las pocas empresas que cuentan con un ejemplar de este tipo. Su tarea consiste en generar varios silos de información, con el objetivo de enfocarse a las necesidades y los requerimientos reales de los clientes del banco.

El CDO no sólo concentra y análiza información, sino que la transforma en un activo de la empresa, con el objetivo de hacer rentable ese bien y monetizarlo al máximo, que al final ese es su objetivo principal.

Apenas 100 son los CDOS a nivel global, según datos de la consultoría Gartner. Por lo pronto, no existe una carrera o algún programa académico que forme a esta clase de ejecutivos que, dicho sea de paso, perciben un salario acorde con la estrategia del negocio que administran.

Según la consultora estadounidese, en América Latina apenas existen 10 CDOS, tomando en cuenta al ejecutivo de Grupo Banorte.

 

Aprender a aprender

Como se ve, las opiniones no son unánimes, aun cuando existe consenso en torno a la importancia de usar esas tecnologías en el negocio. El reto puede ser imposible de alcanzar, sin embargo, sí se espera que las universidades y los posgrados sigan el paso de la tecnología. Algunas voces dicen incluso que su papel no es tanto el de preparar gente operativa que pueda implantarse en cualquier puesto de un día para otro, sino que tienen un papel formativo en estrategias, herramientas duras y blandas, liderazgo y otras habilidades. Si no fuera el caso, los empresarios y emprendedores que dejaron atrás las aulas estarían en desventaja con los que van saliendo en las generaciones nuevas. Y no parece que sea el caso.

Alfonso Amén, socio director en Costa Rica para KPMG Centroamérica, también tiene sus dudas sobre la responsabilidad de las universidades y posgrados de mantener actualizados a los hombres de negocios, algo que, además, puede ser muy desgastante cuando de lo que se trata es de tomar decisiones estratégicas.

El consultor llama la atención sobre el hecho de que los equipos y las aplicaciones empresariales, así como de todo tipo, son cada vez más amigables; un buen ejemplo son los teléfonos y las tabletas que ya no incluyen un instructivo en el empaque porque se espera que el comprador podrá usarlos de manera inmediata, en forma intuitiva. En muchas otras iniciativas tecnológicas prácticamente no se necesita entrenamiento, como era el caso hace algunos años. Éste es un cambio significativo.

Jesús López Davadillo considera que en estos momentos la tecnología no es un diferenciador dentro de los programas MBA de cualquier escuela de negocios en el mundo. Creemos que desde la Escuela Europea de Negocios el principal aporte que genera es la internacionalización de sus programas, así como de sus académicos.

“La tecnología se ha vuelto imprescindible”, dice Alfonso Amén. Las personas pueden bajar una app y comenzar a usarla sin necesidad de una guía.

La transformación que sí es importante ahora es que se genera un gran volumen de información en tiempo real, el big data que no sirve de mucho si no se valida su autenticidad, si no sabe dónde está el valor para el negocio y si no hay forma de sacarle provecho.

“Es un desafío no sólo en Centroamérica, sino a nivel global, porque muchas veces no llegamos a distinguir lo que es importante de lo que no lo es. A veces, la solución está en la consultoría especializada”, menciona Amén.

Estudiar mucho o poco, pagar escuelas de prestigio o confiar en las certificaciones básicas para trabajar, hacer una maestría técnica o un MBA son interrogantes difíciles de contestar.

Hay quienes acumulan títulos y son un fracaso en temas de liderazgo, mientras otros con recursos más modestos resultan líderes naturales y negociadores exitosos.

Big data, movilidad, analíticos, son conceptos que estos días se utilizan como si abrieran las puertas del paraíso, aunque todos sepan que a ese lugar sólo llegan unos pocos.

 

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