Las investigaciones en México por presuntos actos de corrupción toman a la matriz en España en un mal momento: el estancamiento de las ventas y la abultada deuda agotan la confianza de los inversionistas. En seis meses, OHL perdió 1,550 mde de su valor de mercado, y la tormenta podría no pasar pronto.

 

Por Óscar Granados

El último año ha sido demoledor para la española OHL: a la vez que los inversionistas le cobran factura por sus malos resultados, le han perdido la confianza y dejado de entusiasmarse con los planes de expansión de la que fuera, hasta hace poco, la decimocuarta mayor cons­tructora de Europa y la tercera del país ibérico.

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A medida que quedaba claro que las ganancias de OHL se quedarían cortas el año pasado, su valor en Bolsa se reducía hasta acumular más de 1,000 millones de euros (unos 1,124 millones de dólares) en los últimos 12 meses.

La empresa que supo salir ilesa de los embates de la crisis española e incluso triplicó su valor en menos de un lustro, está atrapada entre malos resultados y escándalos de corrupción que involucran a su filial OHL México, una de las que más negocio aporta a la casa matriz. “OHL ha perdido el atractivo entre los inversionistas”, afirma Jaime Díez, analista bursátil de XTB Casa de Bolsa. “Arrastra un alto endeudamiento y un débil rendimiento operativo”.

El campo de acción de la cons­tructora se estrechó notablemente en la segunda mitad del año. Sus ganancias cayeron 91% y tiene una deuda que cerró el año pasado en 5,625 millones de euros (mde) –que equivale a 5.2 veces el flujo operati­vo, también contraído en 11%, a 1,078 mde. “Esto refleja poco margen para hacerse de nuevos proyectos, lo que significa un menor crecimiento para el futuro”, reitera Rafael Ojeda, analista independiente.

La reacción de los calificadores de deuda ante estos números no se hizo esperar. En noviembre pasado, Moody´s quitó un escalón a la califi­cación crediticia de OHL, de Ba3 la bajó a B1. “No hay perspectivas de recuperación”, dijo la calificadora en su reporte.

Hasta hace dos años, OHL tenía enfrente otro horizonte. Pese a que la recesión en España fue letal para el sector construcción al transfor­mar, por ejemplo, el boom de la edi­ficación de vivienda en una caída de 60% en 2008, OHL siguió montada en una ola expansiva. La compañía presidida por Juan Miguel Villa Mir fue una de las grandes triunfadoras durante la crisis, destaca Ojeda.

Su valor de capitalización pasó en seis años de 870 a 2,937 mde en 2013, para completar así una década de ingresos al alza.

La clave para escapar de la rece­sión en España fueron los mercados externos, en especial los latinoame­ricanos. Los tres euros de cada 10 que en 2004 obtenía como ingresos procedentes del exterior, 10 años más tarde los había aumentado a ocho de cada 10. Cuando el merca­do español dejó de ser un mercado boyante y el boom de la construc­ción había terminado, OHL puso el foco del otro lado del Atlántico, señala Díez.

América Latina se convirtió en el principal mercado de la firma española y México en una pieza an­gular. Al cierre de 2013, la empresa invirtió en la región más de 4,200 mde en 10 autopistas, un aeropuer­to y un puerto, que representaron el 68% del gasto total de la compañía en todo el mundo.

OHL había sido considerada una de las mejores acciones para invertir durante el año pasado, de acuerdo con un análisis de Ban­kinter. Los títulos alcan­zaron un precio récord de 34.16 euros el 19 de junio del año pasado, lo que daba a la compañía un precio de capitalización de 3,407 mde.

Una de las razones de su buen momento era México, cuyo aporte a las ventas totales era de 17%. “México siempre ha sido un país estratégico para OHL”, dice Victoria Torre, analista de Self Bank.

Pero todo cambió en la segunda mitad del año pasado. Las ventas globales comenzaron a caer y la acción cerró el año a un precio de 18.60 euros, un retroceso de casi 46% que desembocó en la pérdida de valor de OHL de 1,550 mde contra lo que valía apenas seis meses antes.

Previo a la baja de calificación de Moody´s, la compañía trató de reducir su deuda con la venta en 705 mde de una parte de su posesión en Abertis, una empresa dedicada a la gestión de autopistas e infraestructuras de telecomuni­caciones y en la que aún conserva el 13%. También vendió 7.5% en OHL México en 231 mde, pero el mercado no aprobó las medidas. “Las desinversiones fueron el principio de la caída en bolsa de la firma”, indica Pérez Llamazares, ana­lista de Renta4.

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El escándalo

Precisamente cuando OHL trataba de ende­rezar sus números, los escándalos que invo­lucraban a su filial mexicana tomaban altura. En un par de audios divulgados anónimamente en distintos momentos de enero pasado, ejecutivos de la compañía acordaban supuestos aumentos de peaje en autopistas del Estado de México a cambio de pagar las vacaciones de un funciona­rio estatal, así como el pago de sobornos en términos “usuales” a magistrados, sin especificar los nombres de los beneficiarios, ni los asuntos del litigio.

Aunque OHL México ha negado en todo momento la veracidad de las gra­baciones, su director de Relaciones institucionales, Pablo Wallentin, tuvo que renunciar, así como el funcionario del Estado de México que se beneficiaría con las vaca­ciones pagadas por la empresa, Apolinar Mena.

Hoy, el asunto está bajo investi­gación por la Secretaría de la Fun­ción Pública de México. El escánda­lo en México podría ser un aprieto pasajero para OHL, dice Díez, pero no así sus problemas financieros.

Al menos eso muestra una ex­periencia similar vivida por Indra, una empresa también española dedicada a las tecnologías de la información. En el otoño del año pasado, Indra se vio vinculada a una trama de corrupción después de que se hizo de varias adjudica­ciones en la comunidad de Madrid, a cambio de comisiones ilegales a manos de políticos.

Posterior al escándalo, la acción de Indra perdió 20% de su valor en el mercado, pero algunos piensan que la causante de esa baja fue el reporte de 90 mde en pérdidas de la empresa tecnológica. “La vincu­lación al caso de corrupción fue temporal… lo que más pesó entre los inversores fueron los malos resulta­dos de todo el año”, señala Díez.

Las prácticas “poco éticas” no son ninguna novedad para los em­presarios españoles. Siete de cada 10 directivos ibéricos consideran habitual el soborno y la corrup­ción para hacer negocios, según una encuesta realizada por Ernst & Young. “Buscar un camino más corto resulta ser en muchas oca­siones la vía elegida por las em­presas en un entorno donde han de abrirse paso en pleno proceso de recuperación económica, pero con unos mercados muy volátiles y crecientes requisitos de cumpli­miento normativo, transparencia o endurecimiento de sanciones”, resalta la consultora.

El sondeo, realizado entre 3,800 empleados de empresas de 38 países de Europa, Oriente Medio y África (en España se cuestionó a 100), explica que 46% de los directivos españoles justifica los sobornos si contribuyen a la supervivencia del negocio. Conforme a ese sondeo, Croacia aparece a la cabeza de los países donde se percibe una mayor corrupción y Dinamarca en donde es menor, mientras que España figura en la posición 13, peor calificado que Italia, Egipto, Turquía o Rusia.

Eso no significa que el escándalo de corrupción en México sea ino­cuo. “Tan sólo el inicio de la inves­tigación provocó que Fitch colocara en perspectiva negativa (BB-) la calificación de la compañía, lo que podría provocar un aumento de los costos financieros en el medio plazo”, resalta Torre.

Y podrían venir más. “El coleta­zo no lo podemos descartar”, dice Díez, quien advierte que con el escándalo, el miedo de los inver­siornistas se incrementó. La mala praxis fue la gota que colmó el vaso para hundir el valor de la empresa, coincide Torre, y aún puede ser un factor determinante para los resul­tados de OHL al cierre del año.

También en casa hay algunos riesgos. “España está inmersa en un cambio político que puede afectar a todo el sector”, añade Pérez Llama­zares, en referencia a la irrupción de Podemos y Ciudadanos, dos partidos que han ganado adeptos frente al Partido Popular y el Parti­do Socialista Obrero Español.

El cambio llegó al Ayuntamien­to de Madrid y ha significado la revisión con lupa de las concesio­nes y los permisos que se otorga­ron a grandes empresas durante administraciones pasadas, entre las cuales está OHL con uno de sus proyectos estrella.

La constructora adquirió en 2011, por 215 mde, siete inmuebles de alto valor histórico, contiguos al centro de Madrid, para edificar un hotel de cinco estrellas. Las obras, cuyo costo asciende a 280 mde, fue­ron detenidas hace tres meses, pues el Ayuntamiento argumentó daño a elementos considerados bienes de interés cultural.

“El nuevo gobierno deberá seguir con la investigación y decidir el futuro de la obra (que deberá concluirse a fines de 2016)”, destaca Ojeda. A su juicio, la continuidad de los trabajos es incierta, dada la auditoria que realizará Ahora Ma­drid, la organización política que gobierna la ciudad.

El sector de la construcción ha sido muy golpeado por el alto endeudamiento, pero ninguna acción ha sido más castigada como OHL, dice Torre. Los títulos de FCC han caído 21.28%, pero Sacyr ha ganado 27% en el año, Ferrovial 23% y ACS 4.4%.

Pese a todo, OHL mantiene su plan estratégico 2015-2020 de du­plicar su tamaño, llevar sus ventas a 8,000 mde y el flujo operativo a 2,000 mde.

También es parte del plan que México sustituya a España como el mayor mercado por facturación, con un aporte de 20% al negocio global.

Pero hay asuntos clave que no considera el plan, según ana­listas. “¿Quién va a apostar por una empresa con un historial de corrupción”, cuestiona Ojeda. Si las auditorias del gobierno mexica­no concluyen que hubo sobornos, tanto la imagen como concesiones futuras, se verán afectadas y el plan hacia 2020, será complicado de alcanzar, alega Torre.

Pese a todo, la posibilidad de la venta de la filial OHL México es remota, a decir de los expertos. La operación es poco atractiva para otros jugadores, dice Pérez Llamazares.

“Las otras constructoras espa­ñolas están luchando para reducir su deuda”, dice Ojeda. “Absorber una parte, aunque fuese estratégica, de un competidor complicaría sus estados financieros y no hay margen para hacerlo”.

Si los analistas tienen razón, a quienes invirtieron en OHL no les queda más salida que enfrentar los malos resultados y las investigacio­nes en la filial.

 

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