Por Daniela Ortega Sosa*

El próximo enero cumpliré más de 15 años trabajando como Oficial de Cumplimiento Regulatorio (“compliance officer”) en una empresa del sector financiero, uno de los sectores en donde este rol es mejor conocido y entendido.

Durante este período me han planteado frecuentemente varias preguntas: ¿Qué haces en tu trabajo? ¿Qué valor traes a la empresa? ¿Cuál es el diferenciador del rol? Preguntas muy lógicas y comunes, debo decir que la respuesta ha cambiado a lo largo de este tiempo, conforme la función ha ido evolucionando y volviéndose más estratégica.

En mis inicios, la función llegó a formar parte de otras áreas, con las que se confundía, y no siempre formó parte del equipo de alta dirección de la empresa. En la actualidad me es grato constatar a diario, la importancia que esta función tiene en nuestra empresa.

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Pero, ¿a qué se debe que sea así?  En mi opinión, se debe a la misma naturaleza del rol como ‘administrador de riesgos’. En este sentido, es un rol que se vuelve esencial en cualquier tipo de empresa. No importa el tamaño de la misma, el giro a que se dedique, la complejidad del marco regulatorio en el que opere o el nivel de escrutinio de los reguladores que la supervisen, resulta fundamental poder contar con un asesor especializado en análisis y administración de riesgos que constituya un apoyo efectivo para la alta dirección y, en su caso, el Consejo de Administración.

En esencia, el riesgo de no cumplimiento no es más que otro tipo de riesgo. Como varios otros tipos de riesgos significativos, en caso de materializarse, éste puede ocasionar consecuencias adversas para la empresa.

En la actualidad, los accionistas e inversionistas tienen expectativas cada vez mayores de invertir en empresas con una sólida reputación de cumplimiento regulatorio y ética en los negocios. Para ello se requiere evaluar posibles riesgos en el proceso de toma de decisiones estratégicas, de forma tal de poder implementar medidas razonables que permitan prevenir riesgos regulatorios y reputacionales, sin que ello implique dejar de incursionar en oportunidades de negocio que hagan sentido.

¿Significa esto que toda empresa requiere tener un “Compliance Officer”? No necesariamente. Es comprensible que en empresas pequeñas sea difícil contar con un rol diferenciado. Lo importante es asegurar que en la conformación del equipo directivo se cuente con individuos que no sólo conozcan las regulaciones y buenas prácticas aplicables, sino también, cuenten con independencia de criterio, visión y análisis de riesgo y una fuerte orientación hacia el trato justo a los clientes y la ética empresarial.

El presente artículo es un extracto de la versión original de la autora.

*Directora Corporativa de Compliance de Grupo Financiero Citibanamex.

 

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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