La aparición reciente de Greta Thunberg en la conversación global ha logrado una atención mediática exponencial, desde la intervención de los habitantes incisivos de las redes sociales (como la versión Death Metal de su discurso) hasta sus apariciones en el Prime Time (incluyendo a Trevor Noah, talento emergente de los programas de entrevistas nocturnos). Todos hablan, discuten y replican su mensaje de rabia y preocupación alrededor del inminente futuro que tendrá el planeta, y el impacto que tendrá esta cruel realidad en las nuevas generaciones.

Y es que luego de 58 semanas, cuando Greta hizo su primera huelga frente al Parlamento de Estocolmo, hasta hoy, cuando su “How Dare You” llega a ser comparado con el “I Have a Dream” de Luther King, la convocatoria de www.fridaysforfuture.org ya ha logrado que, en uno solo día, más de 7 millones de personas (la mitad de ellas en Canadá y Europa Occidental) se movilicen exigiendo cambios sustanciales en políticas ambientales. Algo loable, pocas veces visto, al punto que Greta ha “decidido” atravesar Estados Unidos y llegar a Chile, impulsando su marcha planetaria.

Con tanta atención, siempre viene suspicacia. Quién está detrás de ella, qué buscan obtener a cambio, hasta dónde su discurso es auténtico o construido, de dónde sale el dinero que la financia. Pueden ser vistas como dudas legítimas si se tiene en cuenta que hubo muchas personas y organizaciones con muchas buenas intenciones, antes de que ella llegara a la escena vociferando cambio.

En este caso, la diferencia radica en el “perfil” de la contrincante de los detractores del cambio climático, con una edad que inevitablemente la conecta con las generaciones más conectadas, que al mismo tiempo la hace inocente a los ataques, porque definitivamente dista de tener el prontuario de Trump o Berlusconi, no hay mucho para hurgar. Pero además es mujer, está diagnosticada con Asperger (hecho que le da un toque de notoriedad e innovación) y habla con elocuencia.

Ahora bien, es difícil desconocer que hay una “mano” gigantesca detrás de ella, que sus discursos tienen muchas cabezas detrás, contactos de altísimo poder haciendo que llegue a sesiones uno a uno con los líderes empresariales, políticos y mediáticos. Dinero, muchísimo. Que será aún mayor con el paso de los días, gracias al poder de las pequeñas-donaciones-millennial-digitales, que no son poca cosa. Recuerde que en otros casos han logrado darle un empujón a personajes como Obama.

Cuando se revisa el nuevo modus operandi de las estrategias detrás de las campañas políticas y el cabildeo corporativo, es claro que la mayoría tiene que ver con crear historias, héroes, villanos, miedos y polémicas (reales, aumentadas o falsas) en las personas a través de uso de los medios de comunicación. Si este tipo de herramientas están detrás de Greta, es decir, si las empresas verdes realmente financian su causa, viven la triste realidad: cuando gobierno y empresa se mezclan, la corrupción es el hilo conductor, incluso para salvar el mundo.

Desde lo político se ha llegado a decir extraoficialmente que partidos políticos antitotalitarismo como los Demócratas, están apoyando la causa de Greta. Suena provocativo, conspirativo, pero a su vez irónico, si se tiene en cuenta que Dick Cheney en 2003, como vicepresidente de George W. Bush, mientras hacía la estrategia para la campaña de reelección de su Jefe-Protegido, descubrió en una sesión de grupo con votantes indecisos, que era mejor reemplazar el concepto “calentamiento global” por “cambio climático”, porque generaba mayor miedo y sensación de amenaza.

Lo evidente es que, planificado o no, Greta Thunberg como personaje-medio-mensaje logra identificarse con la mayoría de movimientos político sociales del siglo XXI, representando al que se considera socialdemócrata, ambientalista o incluyente, también seguirá uniendo a todos los que piensan que hay una conspiración detrás de ella, o critican que le falta vivir la realidad de Darfur para entender los verdaderos problemas de la humanidad contemporánea.

Sea cual sea el camino a donde la lleve su plan, es evidente que dejará una huella importante en los países desarrollados, donde encaja perfecto con las nuevas exigencias sustentables a nivel corporativo y ciudadano. En el resto del mundo dependerá mucho más del compromiso y seguimiento de las personas. Greta lastimosamente no vive por acá.

Posdata. Esta semana Greta Thunberg anunció desde Chicago que estaría marchado este viernes en Iowa City, y deja algunas reflexiones:

  1. Iowa es el estado donde se desarrolla uno de los cultivos que más contamina y tiene impacto a largo plazo: maíz, el cual es protegido por Bayer-Monsanto y las corporaciones de alimentos de Estados Unidos.
  2. Hoy en día dominado por Republicanos, Iowa es crucial en las elecciones de EU. Es donde se hace los caucuses (votación interna de los partidos para elegir sus candidatos oficiales a las elecciones). La siguiente decidirá en febrero 3 los presidenciales.

Si se atan cabos sueltos, salen a relucir los empresarios de Utah, California o Washington State, lo que promueven alimentación responsable y masiva; recuerde que Jeff Bezos, cuando compró Whole Foods, lo primero que hizo fue disminuir 30% los precios.

Porque no deja de ser interesante ver cómo Greta sale de Chicago, templo de diversidad, millennials, multicultura, afroamericanos, el destino turístico preferido de los mexicanos en EU, y no haga su viernes del futuro allá. La tercera ciudad más importante de Estados Unidos. Ojo, pasaron de una plaza que bordea los 10 millones de habitantes, a una capital de Estado con 75,000.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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