El narcotráfico, el cambio climático y los programas de gobierno ineficientes: una triada mortal que amenaza con traer el hambre a millones de mexicanos

 

Definir el orden en el que surgió cada uno y el daño que le pueden causar al sector, resulta imposible porque estos tres factores son igual de peligros para el campo.

El agro nacional enfrenta tres grandes problemas que amenazan con expulsar a los campesinos de sus parcelas, disminuir la producción de alimentos y generar una hambruna sin precedente en el país.

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Por algo, esta semana el diario El Universal publicó una nota de ocho columnas que decía “Viene hambruna en La Montaña”, aunque se refería a la zona de Guerrero, afectada por el paso de la tormenta tropical “Manuel” en septiembre pasado, ese encabezado no está muy lejos de lo que le espera a México en los próximos años.

El cambio climático, el narco y años de programas gubernamentales ineficientes tienen ahora, más que nunca, al campo en estado vegetativo: está ahí, pero no respira y no reacciona, sólo espera que lo desconecten.

Diariamente en redes sociales, organizaciones del sector agropecuario como El Barzón lanzan llamados de alerta, pero tal parece que caen en un hoyo negro porque se pierden en la inmensidad del ciberespacio.

Justo hace una semana, el diario estadounidense The Wall Street Journal, en su versión en español, publicó una nota en la que narraba cómo campesinos de un estado en conflicto, como Michoacán, luchaban todos los días para evitar las extorsiones y asesinatos por parte del narco, principalmente entre quienes se dedican al cultivo de limón y aguacate.

Según el Tribunal Superior Agrario, en alrededor de 30% de los terrenos del campo mexicano conviven cultivos de productos legales con plantíos de mariguana y amapola, lo que indica que la delincuencia organizada tiene controlada más de la cuarta parte de la superficie cultivable del país, en donde en lugar de sembrarse alimentos se cultivan drogas para hacer cada vez más grande este emporio.

Sobre cambio climático, el agro muere por sus efectos. Tan sólo en 2011, la falta de lluvias en 19 entidades del país provocó pérdidas superiores a los 15,000 millones de pesos por las hectáreas perdidas en cultivos de maíz, frijol y cabezas de ganado.

Se calcula que 45% de las tierras están afectadas por la desertificación y la degradación, lo que representa aproximadamente 90 millones de hectáreas; y menciona que 60 millones se encuentran en grados avanzados de degradación. Las principales formas de desertificación en el país se encuentran distribuidas de la siguiente manera: 18% por pérdida de fertilidad en zonas agrícolas; 12% pertenece a la erosión hídrica; un 11% es causa de la erosión eólica, y un 8% de pérdida de suelo se debe a la salinización.

En el campo mexicano vive la cuarta parte de los mexicanos y mexicanas. Las políticas para el campo, lejos de orientarse hacia un sistema que garantice la autosuficiencia de las poblaciones rurales, el abasto de alimentos nacionales, y el apoyo a la pequeña y mediana agricultura, han virado hacia políticas que dejan a la gente productora del campo desprotegida, sobre todo a la de menores recursos.

El país experimenta una creciente dependencia de la importación de alimentos. El aumento de las compras al extranjero en este rubro pasaron de 5.3 mil a 18.8 mil millones de dólares tan sólo entre 1993 y 2010.

El pago anual de tales importaciones aumentó un 156%.

“En este momento, México importa 40% de los alimentos”, dice el Consejo Nacional Agropecuario y según el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, de continuar esta tendencia, de aquí al 2030, el país tendrá que importar hasta 80% de comestibles.

En términos de producción, esto afectaría particularmente al 80% de los productores rurales que poseen menos de 5 hectáreas. En términos de seguridad alimentaria – en una u otra medida – toda la población mexicana se vería afectada.

La problemática se ve agravada cuando las políticas públicas en materia de seguridad alimentaria permiten que grandes empresas controlen la producción, almacenaje y comercialización de los productos del campo.

Es momento de que las políticas públicas miren hacia la recuperación del campo, de su biodiversidad y de la producción sustentable de alimentos son, no sólo deseables sino, imprescindibles para la población del país.

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