Los responsables de  las políticas públicas hacen poco por combatir la pobreza extrema urbana, esto deja un vacío que rápidamente es ocupado por actividades privadas y no siempre con las mejores intenciones. 

 

Cuando hablamos o escuchamos de pobreza y en particular de pobreza extrema en México lo primero que nos viene a la mente es la imagen de las comunidades rurales. Típicamente campesinos de origen indígena en lugares remotos, en condiciones de vida sumamente precarias.

Sin embargo, rara vez nos ponemos a pensar en las igualmente terribles condiciones de vida de los pobres urbanos, con existencias igualmente plagadas de dificultades, presentes en las ciudades más grandes del país.

pobreza urbana y rural

Evolución de la pobreza urbana y rural.

*Fuente: Elaborado por CONEVAL con datos de 2010 y 2012

 

Hace algunos días mientras caminaba por Insurgentes una de las principales avenidas de la Ciudad de México, en los alrededores de San Ángel -una de las zonas de mayor poder adquisitivo en la ciudad y del país- una amiga que me acompañaba noto a una señora de edad avanzada, visiblemente enferma, sentada en la banqueta.

Ella inmediatamente se dispuso a darle una moneda y luego me preguntó “¿Diego no le estamos haciendo daño al darle una moneda o sí?” Mi respuesta inmediata fue “no, aunque no sea una gran diferencia el acto de ayudarla no le causa ningún perjuicio” de hecho existen estudios realizados por Christopher Blattman de la Universidad de Columbia, Nathan Fiala del Instituto Alemán de Investigaciones Económicas y Sebastian Martinez del Banco Interamericano de Desarrollo, que muestran que las transferencias incondicionales de dinero a los pobres resultan en mejoras no solo en bienestar sino en perspectivas de crecimiento. Esto se debe a que el contar con dinero se abren oportunidades que dependiendo de la cantidad pueden reflejarse en generación de ingresos para ellos.

Naturalmente este beneficio no se logra con una moneda otorgada por un privado e implica la intervención sistemática del estado. Ella y yo posteriormente fuimos a una tienda  y compramos comida para dársela. Sin duda esas acciones no tendrán ninguna repercusión en la calidad de su vida, pero son una base para reflexionar en algo que encontramos día a día.

El experimento de Blattman, Fiala y Martinez implicaba cantidades mayores de dinero, sin embargo es útil para ilustrar el hecho de que el poder contar con una cantidad mínima de dinero seguro amplía las oportunidades e incluso tiene efectos cognitivos. Como lo han demostrado diversos estudios sobre el impacto negativo de la pobreza sobre la capacidad de toma de decisiones. Este pequeño cambio al contar con un ingreso es  una gran diferencia en para el desarrollo y el crecimiento económico.

Reflexionando sobre estos sucesos, ella y yo discutimos sobre cómo, los responsables de las políticas públicas hacen poco por combatir la pobreza extrema urbana y cómo esto deja un vacío que rápidamente es ocupado por actividades privadas. Algunas de ellas genuinamente altruistas en naturaleza, como la que realizamos y otras donde se busca lucrar en lo que se  ha  transformando en una gran industria de la limosna y caridad en el país.

Este terreno se ha ido transformando en un buen negocio para “filántropos” que a través de fundaciones realizan actividades que ultimadamente se transforman en deducciones fiscales. Citando a Adam Smith “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero  y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés” no son verdaderos filántropos sino mercaderes y la falta de acción del estado para generar soluciones ha permitido que se transforme en un negocio y peor aún que millones de personas no tengan  la posibilidad de vivir una vida digna.

En un estado que cumple sus funciones plenamente y que cuenta con la autonomía para realizarlas, tales actos de caridad sean auténticamente filantrópicos o no, no serían necesarios.  Las políticas públicas del estado bastarían por medio de una mejor distribución del ingreso, una verdadera generación y ampliación de oportunidades y un uso adecuado de programas sociales.

Teniendo como excepción los programas Oportunidades y 70 y más, que han tenido resultados importantes y han ayudado a disminuir la desigualdad entre los grupos sociales. La gran mayoría de los programas sociales en México son poco efectivos o arrojan resultados por debajo de lo esperado.  Esta realidad ha sido demostrada múltiples veces en las evaluaciones realizadas por CONEVAL.

Si se pudiera destinar una fracción de los recursos asignados a los programas que claramente no funcionan, e implementarse un programa de transferencias incondicionales tal como el que implementaron Blattman, Fiala y Martinez en su experimento, quizá podríamos ver un mejor resultado en el combate a la pobreza. En particular la pobreza urbana, disminuir un poco  la desigualdad e incluso fomentar en alguna medida el potencial de crecimiento económico.

Adicionalmente siguiendo los resultados del mismo estudio, dichas estrategias de combate a la pobreza vía transferencias incondicionales suelen tener efectos sobre la informalidad, particularmente entre los jóvenes en situación de pobreza. Este grupo de la población es uno  de los más expuestos al entrar a mercados laborales informales y también es el grupo que tiene mayor potencial de generación de retornos si no tuvieran restricciones tan severas en el acceso a recursos.

Finalmente si las ciudades son el corazón económico de los países  y lo serán en mayor medida conforme la urbanización del país continúe su paso actual. Con la mayor parte de la población viviendo en zonas urbanas, no podemos darnos el lujo de permitir que estas sean el epicentro de la mayor desigualdad económica.

No debemos permitir que nuestras ciudades sean hogar en tan solo unos metros de distancia de algunos de los hombres más ricos del país y de algunos de los hombres más pobres del mismo.

La desigualdad nos daña a todos y no podemos ser indiferentes a esta realidad, sobre todo cuando vivimos día a día frente a ella y elegimos no prestarle atención.

 

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Twitter:  @DiegoCastaneda

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