La universidad, como la conocemos actualmente, está llegando a su fin; comenzará a desaparecer de la misma manera que el cassette, la renta de películas en tiendas, la máquina de escribir o las agencias de viajes. Ojo: la educación jamás dejará de existir; lo que cambiará es el formato de enseñanza a nivel superior empleado para trasmitir y aplicar conocimiento. Así como la música jamás se extinguirá, los formatos a través de los cuales compramos y archivamos habrán de evolucionar.

Los jóvenes entre 16 y 24 años ya no soportan estar en un aula de cuatro paredes por más de una hora al día, con pizarrón o pantalla al frente y un maestro que dicta clase. Obligarlos a hacerlo es anti educativo y muestra una profunda falta de empatía en los directivos y maestros. Hoy por hoy, el estudiante está obligado a seguir usando este formato universitario a falta de otro más accesible y validado oficialmente, pero los estudiantes están a punto de tirar la toalla y gritan desesperados: “¡No más clases aburridas, no más maestros desactualizados, no más educación en papel o libros impresos!”.

En lo personal, he empleado a unos 40 jóvenes en el último año, y a ninguno le he preguntado en dónde estudió. Es lo que menos me ha importado. Busco jóvenes con actitudes de liderazgo, con capacidad para investigar y obtener información fiable y actual, con habilidades prácticas, que se atrevan a cometer errores rápido y aprender más rápido de éstos, extrovertidos y comunicativos. Las materias que hayan tomado y con qué profesores las hayan cursado, eso me da igual; quiero que estén ávidos de nuevo conocimiento y que no se enganchen con ningún sistema.

He seguido muy de cerca las innovaciones del Tec de Monterrey, de Laureate (UVM y Unitec), la Ibero, el Tec Milenio, la UNAM y otras, pero ninguna está encontrando la fórmula idónea. El Tec de Monterrey es el que más ha avanzado en espacios físicos y herramientas de trabajo, modelos de enseñanza que integran la tecnología, colaboración y práctica, intención de desarrollar el pensamiento crítico, la apertura a probar, el cambio de carreras y la elección de especializaciones. No obstante, los jóvenes siguen viendo el modelo como lejano a su realidad y a sus necesidades. La dinámica de vida juvenil hace obsoleto, muy rápidamente, cualquier producto y cualquier espacio educativo.

El costo de las universidades privadas no está compensando las necesidades de los jóvenes y muchos prefieren salirse y comenzar a trabajar. Las universidades públicas conservan modelos de educación de hace 100 años; están quedando totalmente arcaicas, con excepción de algunas carreras, aun cuando se les inyectan billones de pesos.

No se trata de innovar en un tipo de campus idóneo; lo que, en realidad, se requiere son modelos aptos, que integren fuertemente la educación digital, la colaboración internacional y la práctica constante, enfocados en solución de problemas reales, que promuevan la investigación, que integren conocimiento de diversas materias, que desarrollen valores éticos y la inteligencia emocional y, también, que estén orientados a la protección de la naturaleza y la exaltación del espíritu.

En México, sólo 17% de los ciudadanos tiene la oportunidad de estudiar la universidad; pero ése no debería de ser el enfoque: deberíamos preguntarnos cómo hacemos para que más ciudadanos tengan las capacidades que antes señalé. No importa si llegan a universidad o no, el punto es que desarrollen estas capacidades, que son las que los harán productivos, autosustentables, buenos como seres humanos y que resuelvan los problemas que la sociedad actual enfrenta.

No creo que abrir 100 universidades públicas más sea la solución, si las actuales, incluso privadas, no están reteniendo y educando actualizadamente a los jóvenes.

Es hora de hacer una reflexión profunda al respecto: la tecnología, las dinámicas juveniles, el avance exponencial del conocimiento, la globalización y los nuevos problemas que el mundo enfrenta nos obligan a acelerar el paso para permitir que desaparezca la universidad como existe actualmente y que surjan nuevas formas de educar, con validez “oficial”.

 

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