Por Gabriel España*

Pese al desaliento prevaleciente en algunos sectores frente a factores que van desde escándalos de corrupción recientes a las turbulencias generadas por la inclusión de México en la agenda electoral estadounidense, nuestro país continúa siendo un destino atractivo de inversión.

En principio, junto con China y Turquía, México es uno de los pocos países emergentes que han llevado a cabo reformas que promueven la competitividad y eficiencia de sectores industriales clave como energía y telecomunicaciones.

La nación azteca también cuenta con un amplio abanico de opciones comerciales a escala global, resultado de diversos acuerdos internacionales con las principales economías del mundo, donde resalta, desde luego, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

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Aunado a esto, en términos de demografía e ingreso, las posibilidades lucen fascinantes. Si se compara de manera específica, persona por persona, el poder de compra del mexicano promedio no es mayor que antes; sin embargo, en términos de familias, los ingresos y las posibilidades de desarrollo económico se han elevado significativamente por dos razones: uno, se han acumulado varios ingresos, y dos, han disminuido los costos.

Antes, muchas  familias dependían casi totalmente del ingreso de una persona, el padre que proveía; hoy, en cambio, varios miembros de la familia aportan un ingreso. La gente tiene menos hijos, menos gastos, menos deudas.

Si a esto añadimos los avances en salud que han redundado en que el mexicano cuente con una mejor calidad de vida y aumente su ciclo productivo, el resultado es el surgimiento de una nueva clase media que reconfigurará el mercado interno en el mediano y largo plazos. La coyuntura regional también es propicia: la recesión brasileña, por ejemplo, puede redundar en la apertura de una ventana de oportunidad para la movilización de inversiones hacia nuestro país.

Ante este contexto, las posibilidades para el desarrollo del mercado de Private Equity o Capital Privado en México lucen en extremo prometedoras.

Las operaciones de Private Equity (conocido en español como Capital Privado o Capital de Inversión) se pueden definir como las estrategias de inversión que invierten en capital (acciones) negociadas en un mercado privado (en oposición a las acciones que cotizan públicamente en bolsa).

Las inversiones en Private Equity implican un mayor riesgo que las acciones en la bolsa, razón por la que su rentabilidad es más elevada. La industria del Capital Privado está consolidada y es bien entendida en naciones desarrolladas como Reino Unido y Estados Unidos, y en países emergentes como India y Brasil.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Capital Privado (AMEXCAP), en México el sector es relativamente joven, y aunque ha crecido a un ritmo acelerado y su impacto es cada vez más importante, aún es pequeño. Fuera de las compañías donde se han realizado inversiones y las instituciones que trabajan con ellos, aún existe desconocimiento en torno a cómo opera el Private Equity.

Los fondos de Capital Privado invierten recursos en compañías privadas en las que ven un alto potencial de crecimiento, las apoyan con capital fortaleciendo sus ventajas competitivas con el fin de acelerar y atendiendo sus áreas de oportunidad con el fin de generar crecimiento aún más acelerado.

En México, las inversiones de los fondos están destinadas en su mayoría a medianas y pequeñas empresas que históricamente no han contado con acceso a la banca, lo que les abre una ventana clave de oportunidad para financiar su crecimiento. Además, estos pueden apoyar a emprendedores en etapas tempranas con el denominado “capital semilla”, vital para consolidar el lanzamiento de la operación.

 

El contexto mexicano

Las inversiones de Capital Privado no son ajenas a los factores generales que desfavorecen la percepción del contexto mexicano. La corrupción, la violencia producto de la guerra contra el narcotráfico y la fragilidad del estado de derecho son elementos que obran en contra del Private Equity.

En el ámbito empresarial, la configuración de un sector privado altamente concentrado en negocios familiares ha limitado el flujo de oportunidades de inversión. Para muchos de estos inversionistas, México es un país caracterizado por una alta iniquidad, conformado por un puñado grandes y competitivas empresas privadas con presencia global y millones de micro y pequeñas empresas con un acceso notablemente limitado al financiamiento.

Consciente de esta realidad, el gobierno mexicano ha creado, en medida de sus capacidades, herramientas orientadas a acelerar el flujo de inversión mediante instrumentos que permitan una sana “democratización” de los recursos financieros, así como disminuir la dependencia de capital internacional para invertir en empresas mexicanas.

Un botón de muestra de estos esfuerzos son las reformas implementadas en 2009 que permiten a las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) invertir hasta 10% de sus activos en fondos de Capital Privado, lo que sin duda contribuye a desarrollar una industria que es necesaria dentro del ecosistema de inversión, crecimiento e institucionalización de las empresas mexicanas.

Con respecto a la rentabilidad del Private Equity en México, un estudio reciente realizado por el Fondo de Fondos, uno de los jugadores más importantes del mercado de Private Equity Mexicano, determinó que la tasa interna de retorno anualizada (IRR, por sus siglas en inglés) ha crecido de manera sostenida hasta situarse en alrededor de 15% en 2015 .

Estos retornos son muy similares a los reportados por las acciones de Bolsa Mexicana de Valores, que para el periodo 1992 a 2015 registraron un IRR de 8.7%., lo que permite suponer que conforme madure la industria de Private Equity estos retornos serán aún más atractivos. Prueba de ello es el crecimiento respecto a los recursos disponibles para Private Equity, los cuales pasaron de poco menos de mil millones de dólares en 2010 a más de dos mil millones en 2015. El valor de la industria mexicana del Private Equity es relativamente bajo. En 2015 fue el equivalente al 0.03% del PIB, muy por debajo del 1.4% del PIB en EU, 0.31% en India, 0.15% en China y 0.09% en Brasil.

Aún hay mucho camino por recorrer. Es por ello que la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), miembro del Grupo Banco Mundial orientado al apoyo del sector privado, ha decidido jugar un rol más activo en el rubro del Private Equity. Como banca de desarrollo, IFC considera que las inversiones de capital privado son fundamentales en aras de impulsar la creación de infraestructura en México, sobre todo a la luz de las recientes reformas en energía y telecomunicaciones. Bajo ese espíritu, IFC anunció en abril la primera inversión del Fondo China México (CMF, por sus siglas en inglés)

El Fondo China México es un fondo de Capital Privado fijo que no cotiza en bolsa. Se creó para movilizar un volumen considerable de capital de riesgo que hace falta para respaldar reformas importantes en México que abrirán sectores, como los de la infraestructura y la energía, a la inversión privada.

IFC Asset Management Company LLC (AMC) administra el CMF, que realizará inversiones en capital accionario, cuasicapital y “mezzanine”, fundamentalmente en los sectores de la infraestructura y otros sectores que revisten importancia para el crecimiento económico y social, como el sector manufacturero, la agroindustria, los servicios y la banca comercial.

México ha dado inicio a un programa de reformas de gran alcance que se prevé ha de impulsar el crecimiento económico. Con el fin de aprovechar la oportunidad y atraer el considerable volumen de capital de riesgo necesario para respaldar los proyectos para inversión que resultarán de las reformas, los gobiernos de China y México propusieron la creación del CMF.

El CMF podrá invertir en todos los sectores pertinentes, pero se prevé que se centre en los de la energía, la infraestructura y los recursos naturales, que podrán recibir inversión privada en virtud de las reformas introducidas en México. Para garantizar la independencia y transparencia operacionales, los gobiernos de China y México pidieron a lFC que, a través de AMC, administrara el CMF.

Los recursos del Fondo ascienden a 1,200 millones de dólares. Los recursos del CMF son administrados por AMC, que es una sociedad subsidiaria de IFC de la que ésta es única propietaria. AMC administra capitales de terceros en fondos que invierten en las transacciones de IFC en los mercados emergentes.

El CMF anunció el 20 de abril que invertirá 200 millones de dólares en Citla Energy, compañía mexicana independiente de exploración y producción de petróleo fundada y controlada por filiales de ACON Investments. Esos 200 millones de dólares estarán conformados por una inversión de capital de 60 millones de dólares por parte de IFC, y otros 140 millones provenientes del CMF.

IFC cuenta con más de 5,000 millones de dólares invertidos en 280 fondos de capital privado en todo el orbe, los cuales apoyan a 1460 compañías. En materia de Private Equity, IFC cuenta con los siguientes diferenciales estratégicos:

  1. La movilización de un volumen considerable de capital de riesgo disponible al primer cierre.
  2. Una marca respaldada por un indiscutible liderazgo mundial en cuestiones ambientales y sociales, conocimientos técnicos especializados y una sólida gestión institucional.
  3. Un equipo local de administración con conocimientos sectoriales especializados para identificar, ejecutar y agregar valor a las transacciones.
  4. En el ejercicio de 2015, las inversiones de largo plazo de IFC en los países en desarrollo ascendieron a casi 18,000 millones de dólares y ayudaron al sector privado a desempeñar un papel clave en los esfuerzos mundiales por poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida.

 

Conclusión          

En el acto de inauguración de la edición 18 de la Global Private Equity Conference, celebrada en Washington del 9 a 12 de mayo, Philippe Le Houérou, CEO de IFC, apuntó: “El Private Equity puede producir buenos retornos y ayudar a los pobres. Para mí, éste es el Santo Grial, generar ganancia y generar un amplio impacto social.”

En países emergentes, la carencia de Capital Privado retrasa el crecimiento económico y desalienta el emprendedurismo. Al proveer recursos en mercados donde escasean, la industria del Private Equity puede desempeñar un papel fundamental en el desarrollo, ya que ayuda a consolidar compañías, proveer bienes esenciales y fortalecer a la clase media. IFC desea ser parte de ese desafío, sobre todo en México, donde la coyuntura es propicia para desarrollar el Capital Privado de una manera nunca antes vista en el corto y mediano plazos.

*Gabriel España es Principal Investment Officer – Global Corporate Coverage de IFC

 

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