Finalmente, el presidente López Obrador acude a los Estados Unidos a una visita de trabajo donde se encontrará, con el presidente Donald Trump, en el contexto del inicio del nuevo tratado con ese país y Canadá, pero donde no se ha confirmado la asistencia de Justin Trudeau, lo que tiene diversas implicaciones.

Diversos analistas han mostrado reticencias con respecto a este viaje, debido a que se pueden repetir las malas experiencias de Peña Nieto con Obama y Donald Trump, donde los costos para el gobierno mexicano fueron altos, en un contexto donde la elección presidencial de los Estados Unidos puede ser un factor que vicie, como seguramente ocurrirá, el mensaje mediático del evento, de ahí la necesidad de que también acuda Trudeau.

¿Qué espera el presidente López Obrador al acudir a este encuentro, a pesar del escenario negativo que se presenta? En primer lugar, el presidente está acostumbrado a lidiar con escenarios negativos, lo que seguramente le da los elementos para poder manejarlo en términos mediáticos, además de que mantiene cierto control de los medios mexicanos, a partir del planteamiento diario de la agenda, lo que le ayudará a mitigar el impacto que pueda tener si la reunión sale mal.

Ambos presidentes tienen la necesidad de incrementar sus activos de popularidad. Donald Trump puede presumir que sin la construcción de un muro físico, pudo contener la migración centroamericana y mexicana hacia su país, sin tener que invertir dinero. También, que el muro virtual, está siendo pagado por las y los contribuyentes mexicanos cuyo gobierno instrumentó un cerco cuasi militar para impedir el tránsito migratorio del sur hacia el norte.

Pero además puede presumir que obligó a una renegociación de un tratado comercial que ya había sido negociado en condiciones muy favorables para los Estados Unidos, incorporando demandas de sectores laborales y demócratas en forma de cláusulas al tratado, lo que es un triunfo compartido. Pero también puede presumir que logró doblegar al gobierno mexicano al abrir negociaciones para hacer de México una sala de espera migratoria, a cambio de no imponer un arancel a los productos importados a los Estados Unidos.

El presidente norteamericano tiene entonces una condición de poder favorable con respecto a México. Ha cumplido sus promesas de campaña con respecto a México y eso le da margen de maniobra además de un activo de popularidad con respecto a su electorado. El presidente de México no tiene esa misma condición, tal vez ha sido mejor tratado que Peña Nieto, por las afinidades ideológicas con Trump, además de las concesiones que le ha hecho a lo largo de su administración.

El escenario puede se halagüeño para el presidente López Obrador porque, a menos de que Trump vea un beneficio electoral en un mal trato que pueda hacerle, lo cual es remoto, el escenario puede ser cordial. La primera reunión de Peña Nieto con Obama no duró más de 15 minutos, lo que no ocurrirá con Trump, por lo que un peor escenario que el que tuvo Peña Nieto con Obama y con Trump, no se dará. Si López Obrador logra que no haya alguna grosería o situación adversa, tendrá lo suficiente como para cantar victoria con respecto a Trump.

Un problema de otro escenario, tampoco completamente adverso, es si Biden gana las elecciones de noviembre a Trump. La historia de los presidentes mexicanos apostando por los perdedores no es nueva, pero habrá tiempo para realizar acciones en caso de que Trump pierda. El escenario no sería tan adverso como el de De la Madrid con Reagan, el de Salinas y Zedillo con Clinton, o el de Peña Nieto con Trump.

En realidad, el viaje beneficia a ambos presidentes, a uno por su debilidad y al otro por su fuerza y capacidad de negociación con respecto a México, el beneficio será para ellos, no para sus gobernados. La fotografía Trump-López Obrador reflejará al populismo en su máxima expresión, pero sobre todo, uno de los desafíos más importantes que la democracia de ambos países enfrenta hacía el futuro.

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Twitter: @aglopezm

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