En 2013 el director de cine Josef Fares saltó a la fama mundial de forma repentina, pero no gracias a una película sino por un videojuego. Luego de haber dirigido cinco filmes en su natal Suecia, creó junto con Starbreeze Studios, una casa desarrolladora ubicada en Estocolmo, un videojuego de aventuras sobre dos hermanos a los que el usuario debe controlar al mismo tiempo usando un mismo control: Brothers: A Tale of Two Sons, que se convirtió en uno de los éxitos más grandes del circuito independiente, siendo eventualmente publicado para ocho plataformas diferentes, incluyendo consolas dedicadas y dispositivos móviles.

Cinco años después, Fares ha lanzado su segundo videojuego, desarrollado por el también equipo sueco Hazelight Studios, y publicado por Electronic Arts: A Way Out (PS4 / Xbox One / Windows, 2018). Se trata de un juego cooperativo de acción y aventura, diseñado para dos jugadores que deben simultáneamente controlar a dos personajes que se encuentran presos, para que puedan salir de la cárcel y cobrar venganza de un enemigo en común. Ya sea en línea o de forma local, es forzoso el jugar con otra persona, ya que ése es el propósito por el cual fue diseñado. Incluso el jugar con una Inteligencia Artificial que ayudara a un solo jugador rompería el objetivo de hacer que dos personas interactúen y se pongan de acuerdo fuera del juego para progresar en A Way Out.

Éste también es un juego con una fuerte carga narrativa, estructurado de forma claramente cinematográfica. Se nos cuenta la historia de dos convictos, Vicent y Leo, que se conocen en prisión, a donde cada uno llegó por motivos distintos. Sus personalidades son también opuestas; mientras el primero es estoico y astuto, el segundo es violento e impaciente. Por esto mismo, cada uno tomará distintos roles a lo largo del juego, que tienen más sentido con sus intereses y habilidades. Mientras uno se enfoca más en tareas físicas, el otro puede hacer distracciones. Aunque este contraste es bastante interesante y da más profundidad narrativa, es inconsecuente con qué personaje decida cada jugador quedarse. Es importante saber exactamente lo que está haciendo el otro jugador, sobre todo cuando se trata de acciones coordinadas y que requieren precisión de ambos. Es por eso que la pantalla se divide en dos, permitiendo ver lo que hace tu compañero, y por lo tanto discutir y planear fuera del juego la estrategia para resolver cada situación.

Aunque A Way Out es un juego mediano, de poco más de unas cinco horas, se las arregla para constantemente proponer situaciones distintas en cuanto a gameplay; a veces es necesario realizar actividades de sigilo, combate, escape, o de coordinación. Siempre hay un nuevo truco con el que intenta sorprender a los jugadores, logrando una justa correspondencia con los giros de la historia.

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En general, la historia es la típica anécdota de escape de cárcel donde dos polos opuestos se ven obligados a trabajar juntos, hasta que poco a poco se comienzan a entender el uno al otro, y el espectador desarrolla simpatía por los personajes. A Way Out tiene una fuerte carga de diálogo que se siente por encima del promedio de los juegos narrativos, no sólo porque está bien escrito sino por la forma tan natural en que se presenta a lo largo de sus episodios. En general se nota la sensibilidad de su director para contar historias, y cómo las diferentes mecánicas de juego sirven a este propósito, manteniendo la atención de los usuarios de principio a fin.

Desde un aspecto técnico, este título es una proeza que en cualquiera de sus plataformas logra renderear un mismo espacio (o dos distintos, dependiendo de qué tan lejos se encuentren Vincent y Leo) desde dos ángulos diferentes. Todo esto sucediendo de forma suave y sin sufrir por el desempeño. Evidentemente para tener un juego que todo el tiempo está haciendo este trabajo doble hubo que echar mano de un alto nivel de optimización y de sacrificios en realismo; el modelado y los detalles visuales no los mejores, e incluso parecen de un juego de principio de esta generación de consolas. Sin embargo, esto no tiene mayor consecuencia en la experiencia de juego, ya que la decisión correcta fue definitivamente el favorecer el rendimiento antes que los gráficos.

Quizá el aspecto que más agradezco de A Way Out es su accesible nivel de dificultad. El primer obstáculo al que uno se enfrenta con un juego como éste es el encontrar alguien que esté disponible para jugar al mismo tiempo. La ventaja es que, para jugar en línea, no es necesario que los dos hayan comprado el juego; con que uno lo haya hecho es suficiente. Si A Way Out fuera forzosamente difícil, se limitaría severamente el número de personas con las que se puede experimentar, además de que la progresión no sería tan fluida ni satisfactoria.

Si se cuenta con alguien con quien jugar A Way Out es definitivamente una opción que no hay que dejar pasar, sobre todo al considerar su accesible sistema y pocas horas de duración. Ojalá que Electronic Arts, siendo un publisher tan grande, siga dando oportunidad a juegos más modestos, pero igual de atractivos como éste mediante su programa EA Originals, ya que definitivamente hay un mercado dispuesto a jugar videojuegos firmados por nuevos nombres.

 

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