Por Mateo Cuarón*

Tras el desplome de las ventas de discos físicos en los últimos quince años y el rápido crecimiento de los medios de distribución digital a nivel casi global, uno podría pensar que lanzar un disco como artista independiente sería más fácil que nunca, ya que lo único necesario es una conexión a internet y buen material musical ¿Hasta qué punto es verdad esto?

Actualmente, subir una canción o un álbum completo a plataformas como Spotify, YouTube o Apple Music no requiere la inversión de mucho capital. La industria de la música ha cambiado drásticamente en los últimos veinte años y los modelos de negocios antiguos se han vuelto anacrónicos. Las disqueras han cambiado sus esquemas al darse cuenta que el modelo que habían seguido por más de treinta años poco a poco quedaba obsoleto.

Un ejemplo evidente es el surgimiento de la firma sueca Amuse, cuyo modelo de negocios se enfoca en ofrecer distribución digital gratuita. Sin embargo, en caso de que el artista en juego despegue en las principales plataformas de streaming o se haga viral, se le ofrece un contrato 50/50 dentro del cual la compañía ahora se vuelve la disquera del artista e inyecta dinero a la producción y al marketing de sus proyectos consecuentes.

Esto fue lo que le sucedió al rapero Lil Nas X, cuya canción Old Town Road se volvió viral en la plataforma de videos cortos TikTok. Semanas más tarde recibió mensajes del CEO de Amuse ofreciendo un contrato discográfico por un millón de dólares. Interesantemente, Lil Nas X rechazó la oferta prefiriendo un contrato de  Columbia Records, una disquera totalmente convencional.

Hace unos días lancé mi primer álbum al mercado y les puedo decir que llegar a ser viral y tener éxito en las plataformas de streaming digital no es cosa sencilla. Si no hay un equipo detrás que constantemente esté ideando campañas y creando contenido para la promoción digital de tu marca como artista, todo recae en tus manos.

Queda en ti ser constante e ingeniar ideas para generar ruido alrededor de tu producto, convertirte en tu propio publicista y mercadólogo, contactar a las estaciones de radio (las cuales siguen siendo relevantes dentro del campo de la industria de la música), y escribirle a los editores de blogs de música para convencerlos de hacer una reseña sobre tu álbum.

Todo esto requiere de una inversión tanto física como monetaria y los resultados siempre dependen de cuánto más estés dispuesto a hacer. En mi caso, para financiar la campaña artística alrededor del proyecto y para la producción de las canciones, busqué la ayuda  de la gente a través de la plataforma de fondeo colectivo Kickstarter. El proceso fue lento e incierto, pero al final la meta fue alcanzada gracias a la generosidad de la gente. Así mismo, un pequeño porcentaje del financiamiento se consiguió a través de la startup mexicana de viajes NOUA, en forma de un endorsement.

Finalmente, un aspecto evidente e importante a considerar es que el internet ha abierto sus puertas al mercado y por lo tanto la competencia es más grande que nunca. Por un lado, la próxima eminencia de la industria puede ser descubierta en YouTube y volverse famosa a partir de ello, pero por otro lado hay mucho talento de calidad que al final no recibe la misma exposición.

Un promedio de cuarenta mil canciones se suben diariamente a plataformas como Spotify, entonces sí, llegar a los oídos de la gente es posible pero uno debe de hacer el mayor esfuerzo posible para que su música no se diluya entre las millones de canciones que existen en el mercado.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

¿Escuchas a tu oído? Inteligencia Artificial aplicada a la salud auditiva
Por

La hipoacusia no figura en nuestra agenda personal, no sangra, no duele, quizá por eso no le prestamos atención hasta qu...