Sólo 4 de cada 100 trabajadoras domésticas cuentan con un contrato laboral de acuerdo con el estudio Condiciones laborales de las trabajadoras domésticas del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), lo que se convierte en un problema, pues las personas que se dedican a apoyar en las labores del hogar no sólo padecen la falta de seguridad social, sino que también están expuestas a abusos por parte de los empleadores al no tener un documento que avale sus derechos laborales.

El 36% de las trabajadoras reportan que su empleadora no se responsabiliza de los gastos médicos, y 25% han pasado más de 10 años desempeñando este trabajo, lo que indica la baja movilidad en términos de ocupación, destaca el Conapred.

“Según la disposición de las trabajadoras para firmar un contrato laboral, la mayor resistencia existe entre las que tienen menos de 25 años, que son solteras y no tienen hijos”, dice el estudio.

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Ante tal panorama, en febrero de 2016 se formalizó la creación del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho) ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA).

Esta agrupación gremial fue impulsada por el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH). Actualmente, el Sinactraho cuenta con 500 afiliados en Puebla, Estado de México, Chiapas, Colima y la Ciudad de México. Está liderado por tres secretarias que conforman su comité ejecutivo.

“Son tres mujeres que han sido trabajadoras del hogar por más de 20 años. De ellas dependerá mucho que se sienten las mejores bases del sindicato en los primeros tres años que estarán al frente”, dijo en entrevista Marcelina Bautista, fundadora del CACEH y coordinadora regional para América Latina de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH).

Un ejemplo de la importancia económica de esta actividad es que el trabajo doméstico y de cuidados del hogar no remunerado tiene un valor estimado en 3.1 billones de pesos, equivalentes a 18% del PIB, señalan datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

“Todo mundo debería estar sindicalizado para defender sus derechos; es la única manera de hacer notar los derechos laborales que muchas veces son invisibles”, comentó Marcelina Bautista.

El siguiente paso para el Sinactraho es trabajar en la elaboración de su contrato colectivo. Esto permitiría que cada una de las trabajadoras firme un contrato individual con su empleador para evitar abusos en sus derechos laborales; sin embargo, ninguna de las dos modalidades de contrato tiene una fecha en firme para entrar en vigor.

De acuerdo con Marcelina Bautista, la responsabilidad de proveer un contrato y prestaciones laborales a las trabajadoras domésticas corre por cuenta de los empleadores, aunque el gobierno es el encargado de facilitar esquemas sencillos, y así quienes contraten a una persona que apoye en las labores domésticas pueda proveer estas prestaciones de manera simple, pues actualmente quienes desean otorgar seguro social a sus trabajadoras deben pasar por trámites complejos.

El costo de dar seguro social tampoco implica un problema sin solución; 6 de cada 10 trabajadoras domésticas estarían dispuestas a afiliarse al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) aunque ganaran un poco menos, según el estudio difundido por el Conapred.

“El IMSS tiene una gran tarea de ir estableciendo el mecanismo para que los empleadores firmen contrato con sus trabajadoras, y éstas puedan acceder al seguro social que hasta ahora es inexistente”, destacó Marcelina Bautista.

El nuevo contrato laboral que crearía el  Sinactraho, buscaría ventajas para las trabajadoras domésticas, tales como seguridad social, salario con base en horas laboradas, vacaciones y aguinaldo. Aunque muchos empleadores se esfuerzan por proveer algunos beneficios, es necesario que se regulen, pues pocas veces se otorgan montos similares o iguales a los que corresponden por ley a un trabajador formal.

Actualmente, 57% de las trabajadoras del hogar reportan que sí reciben aguinaldo por un monto promedio de sólo 1,400 pesos, apenas superior al pago promedio semanal que se reporta, de 1,128 pesos para las trabajadoras de planta y 1,075 para las trabajadoras de entrada por salida.

 

Derechos laborales y humanos

El convenio 189, único marco legal de las trabajadoras domésticas e implementado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ofrece protección específica, establece los derechos y principios básicos, y exige a los Estados tomar una serie de medidas con el fin de lograr que el trabajo decente sea una realidad. Sin embargo, el gobierno mexicano no ha reconocido aún este convenio.

“Para nosotras las trabajadoras del hogar es el único marco que establece la base para que las trabajadoras empiecen a contar con los mismos derechos. El gobierno mexicano prometió ratificarlo, pero es momento que no lo ha hecho”, comentó la fundadora del CACEH.

Ante la falta de ratificación del convenio 189 por parte del gobierno, las trabajadoras domésticas quedan expuestas a abusos de las empleadoras, pues al no contar con derechos laborales bien establecidos, la línea para violar derechos humanos se vuelve muy fina.

“El 64% de las trabajadoras de planta señalan que es frecuente que sus empleadoras les soliciten realizar actividades laborales fuera de su horario de trabajo”, destaca el estudio del Conapred.

Marcelina Bautista explica en su blog -que se pública en la página del CACEH-  que el vínculo afectivo se confunde con la caridad, y es cuando se piensa que el lazo laboral se vuelve familiar, aunque la relación que se debe perseguir debe ser un vínculo laboral de mutuo respeto.

Y continúa. “Psicológicamente, muchas de las trabajadoras del hogar somos sometidas con chantajes por nuestros patrones para no dejarlos, y más aún si está de por medio el cuidado de niños, pues llegamos a establecer un vínculo muy estrecho con ellos, que a veces nos hace aguantar hasta los malos tratos de sus padres.”

Otro de esos malos tratos, según el estudio del Conapred, se da en los sueldos y las prestaciones, ya que tres cuartas partes de las trabajadoras encuestadas señala que nunca le han aumentado el salario en su actual trabajo.

La encuesta indica que sólo una de cada 10 agresiones contra trabajadoras del hogar es denunciada. Las agresiones con más incidencia en denuncias son trato con desprecio por ser indígenas (33%), prohibición para hablar alguna lengua indígena (25%), además de que la mayoría reporta despidos por embarazo.

 

¿Un sindicato tarde?

El Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho) llegó tarde a un sector que lo necesitaba desde hace tiempo y a un país donde la nobleza de esta figura está desapareciendo ante la corrupción de sus líderes.

“En México, los sindicatos tienen una cláusula no escrita que es práctica generalizada y permanente: ‘Prohibida la transparencia de recursos. Opacidad obligatoria’. Aliados del poder, comparsas de los poderosos, millonarios muchos de ellos, la mayoría de los líderes sindicales en México son, bajo la simple regla de definición, verdaderos demonios del sindicalismo”, dice Martin Moreno en su libro Los demonios del sindicalismo mexicano.

El gran reto de quienes lideran el  Sinactraho es no volverse en uno más de los líderes sindicales que sólo han visto por sus propios intereses.

“El tema del sindicalismo en México ha sido bastante estropeado desde muchos puntos: los líderes que ven su beneficio propio y los trabajadores que no han creído en eso y no han sido fuertes para exigir. Lo que hayan hecho otros líderes sindicales, pues es otro asunto que nosotras hemos estudiado. El gran reto es volver al sindicato una institución creíble”, destacó la fundadora del CACEH.

 

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