El nivel récord de los índices bursátiles de las principales bolsas el mundo ha despertado el temor a que se pueda estar gestando una burbuja similar a la de 2007 o a la de las puntocom. ¿Qué dicen los expertos?

 

Por Robert Lenzner

 

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El Dow Jones, el Standard & Poors 500 y el índice NYSE están en sus máximos históricos. El monto del margen de deuda utilizado para comprar acciones en la Bolsa de Nueva York se encuentra en un máximo histórico también (véase el gráfico), y la expectativa de que las tasas bajas de interés se mantengan en esos niveles durante muchos meses por venir, facilitado por la compra de bonos e hipotecas de la Fed, sugiere que muchos de los rendimientos en el mercado de valores no disminuirán en el corto plazo.

Crédito: Barry Ritholtz, Fidelity.

Crédito: Barry Ritholtz, Fidelity.

Además, índices bursátiles en todo el mundo también tienen el beneficio del dinero fácil, el Nikkei japonés ha ganado 35% este año, un 50% más que el S&P 500 (23.4%), el DAX alemán subió 18%, el CAC francés, 17%, y el FTSE del Reino Unido 14%. ¿Es ésta una nueva utopía, o los ingredientes de una burbuja en el mercado de valores? Todos aquellos inversionistas que no tenían ni idea de la burbuja que se aproximaba en el precio de la vivienda en 2006 deben estar claramente preocupados por el enorme aumento de precios de las acciones comunes, debido en gran parte al impulso gubernamental desde los bancos centrales de todo el mundo.

Consultando a algunos de los analistas de burbujas más astutos llegamos a una brillante economista, Sarah Bloom Raskin, miembro de la mesa directiva de la Reserva Federal, quien dio una charla más clarividente en julio pasado, en donde expuso la intensificación del trampolín hacia una burbuja de activos y admitió que éstas son muy difíciles de predecir. “Si bien no es posible predecir las burbujas, entendemos que son un producto de las acciones y elecciones de las instituciones financieras y sus reguladores particulares”, dijo.

Por ejemplo, una burbuja puede comenzar en un clima de bajas tasa de interés como el de hoy, donde los inversores piden dinero prestado para buscar mayores rendimientos mediante la compra de algunos activos de mayor rendimiento específico, y una vez que los activos aumentan en valor estos inversores u otras personas que se han incorporado a esa dinámica, pueden pedir prestado aún más dinero en la valuación más alta, que por lo general hace que estos mismos activos suban aún más de valor. Así, de forma automática se ha creado una cantidad récord de deuda en lo que parece una ganga por el poco interés que está pagando. También has alimentado el problema de una gran inestabilidad en los préstamos a corto plazo, a partir de fuentes tales como depósitos no asegurados, pagarés u operaciones de recompra con el fin de financiar los préstamos.

¿Le suena familiar? Debería recordarles el periodo entre 2007 y 2008, cuando el endeudamiento masivo a corto plazo apalancó enormes cantidades de hipotecas a largo plazo inestables y contratos derivados llenos de esas hipotecas inestables a largo plazo. En otras palabras, “las burbujas se caracterizan por un incremento en el apalancamiento” y cuando dichos activos son apalancados, ya sean acciones o hipotecas, están a punto de perder una parte significativa de su valor y toda esa deuda es muy difícil de pagar. De forma casi inmediata estás en una crisis a punto de disparar ataques de pánico en busca de liquidez.

“De hecho”, dijo Raskin, “una caída dramática en el precio de un activo puede reducir significativamente la riqueza interna, el gasto y la demanda agregada. Cuando tales efectos en la riqueza, la disponibilidad del crédito y la demanda agregada son lo suficientemente grandes, la economía real puede sufrir una recesión significativa. Y, por supuesto, menor empleo e ingresos aún más bajos pueden deprimir aún más los precios de los activos y la capacidad de los prestatarios para reembolsar los préstamos, con más efectos adversos en las instituciones financieras y su capacidad para extender el crédito.”

Por lo tanto, ¿es el actual mercado de valores, que vende a sólo 15 veces las ganancias esperadas —ni siquiera cerca de un múltiplo máximo de beneficios de las empresas— de alguna forma similar al del auge y caída de la vivienda, donde los precios inmobiliarios cayeron en promedio un 30% motivando el caos en el sistema financiero? (Un recordatorio de que las acciones también perdieron cerca de la mitad de su valor, fueron liquidadas por insolvencia para luego ser rescatadas por instituciones financieras.)

En realidad no, responde Raskin, quien explica que “las políticas de regulación puede apoyarse en las nuevas burbujas de activos y las vulnerabilidades que les asisten mediante la restricción de que las instituciones financieras extiendan demasiado el crédito.” Si usted le cree a Raskin, entonces la regulación del capital, de liquidez, de los márgenes y recortes en el financiamiento de las transacciones de valores y las restricciones al acceso al crédito frenarán el crecimiento excesivo del crédito que alimenta las burbujas de activos. Así, aunque puede haber una gran cantidad record de apalancamiento en la Bolsa de Nueva York cuyo costo de mantenimiento puede resultar muy bajo, también hay miles de millones de dólares en los balances de las empresas, cantidades mucho mayores de capital en los balances bancarios y una fuerte alerta precautoria en el mercado. Aparte de unas pocas empresas de moda especializadas en redes sociales que atraen a una gran cantidad de interés especulativo, esto no es 1999, cuando Wall Street estaba emitiendo títulos a inversores incautos de las empresas puntocom que para empezar ni siquiera tenían ingresos en absoluto.

 

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