El diálogo intergeneracional es difícil, cada generación tiene sus rasgos característicos, temas que les interesan, preocupaciones específicas, gustos y formas de desempeñarse en el terreno profesional distintas. En la actualidad, conviven simultáneamente personas que responden a épocas en donde cada una se ha desarrollado en otros procesos de socialización y cambios culturales.

El hecho es que hoy existe una mayor la distancia entre los jóvenes y las personas mayores, que la que antes existía entre un hombre del siglo XV y otro de siglo XVIII. Hoy, más que nunca, las empresas enfrentan un reto grande: retener talento. Caímos en un problema autogenerado, en algún momento alguien decidió que las aptitudes y capacidades de las personas se terminaban después de los cuarenta y se dejaron de hacer contrataciones de gente valiosa y de tomar en cuenta a estas personas, mientras las posiciones ocupadas por talento joven tienen una rotación muy alta. La juventud se relaciona con renovación y la experiencia con tradición.  El reto de hacer una interconexión generacional puede generar un ambiente laboral virtuoso y una cultura organizacional armónica.

Muchas empresas están luchando por retener el talento y también con cómo mantenerse relevantes para los consumidores más jóvenes. En nuestra sociedad, el dialogo intergeneracional es una costumbre que lamentablemente se está perdiendo. Por ello, el campo profesional vive un proceso de transformación debido a la incorporación de nuevos conceptos, derechos y deberes. En respuesta a estos desafíos, según la Dra. Jennifer Jordan de la Universidad de Harvard, los equipos de liderazgo de las principales empresas de todo el mundo están implementando programas de dialogo intergeneracional que busca emparejar a los empleados más jóvenes con los miembros del equipo ejecutivo para orientarlos en diversos temas de relevancia estratégica y cultural. Es decir, forman equipos de personas con diferentes edades y habilidades blandas diversas para que compartan conocimientos, experiencias y se forje un pensamiento común acerca de los temas estratégicos, el liderazgo y la mentalidad con la que abordan su trabajo. 

En un principio, se pensó que las generaciones jóvenes introducirían a los veteranos a los temas tecnológicos y los llevarían a familiarizarse con la asimilación de sistemas informáticos pero, por fortuna, se han trascendido estos límites y se han tendido puentes de comunicación efectiva muy favorables, por ejemplo, temas de transparencia, responsabilidad social corporativa, interconectividad, trabajo en equipo, diversidad. Se cambiaron los paradigmas de comunicación, se han adaptado a las características de la actualidad y se han aprovechado las particularidades de cada generación. El tema de la digitalización profesional no es lo único, fue el principio.

Para cosechar las bondades de un diálogo intergeneracional en la empresa lo primero que tenemos que hacer es sembrar. Es decir, hay que impulsar el cambio de cultura. No se trata de que ahora los patos le tiren a las escopetas, ni de poner a los jóvenes a educar a los altos ejecutivos sobre la importancia de los influencers, de las redes sociales, de la experiencia de compra ni de que los veteranos les sermoneen sobre la relevancia de la continuidad del negocio, de la marcha armónica de las estrategias. No se trata de poner a unos por encima de otros sino de desarrollar un intercambio de conocimientos para aplicar nuevas ideas. En un intercambio de puntos de vista se logra una visión global de mejor espectro. Cada forma de ver el negocio es relevante y aporta a la buena operación de la compañía. 

Evidentemente, esto implica la aparición de nuevos conflictos, la construcción y modificación de prácticas sociales y por ende de nuevos sentidos profesionales. En el marco de dialogo entre generaciones, es mucho lo que queda por hacer. La cuestión está en romper con las trincheras culturales y generacionales, y reconocer que hay que configurar el mundo a partir de las diferencias. En esta condición debemos estar dispuestos a promover y aceptar la diversidad. Tenemos que asumir que las diferencias generacionales empiezan por la suspicacia que hay entre personas de diferente edad. Hablamos de diversidad y de inclusión en temas de preferencias, de gustos, de género y se nos olvida que también tenemos que hacernos cargo de la inclusión generacional. El rechazo de veteranos a jóvenes es de ida y vuelta y hay que reconvertir esta situación. Es preciso mejorar la comprensión del liderazgo sobre los problemas de las minorías, e impulsar la diversidad y la inclusión. 

Si queremos impulsar un verdadero diálogo intergeneracional, debemos creer en sus bondades. Es decir, hay que hacer hincapié en que la diversidad, más que ser un motivo de separación, es una chispa de riqueza. Hay que enfatizar en las coincidencias a todo nivel: entre la región, el departamento y la ubicación. También hay que tomar en cuenta las diferencias, las diversas personalidades. Hay que ser abiertos pero no ingenuos. 

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Hay que ser cuidadosos: Por un lado, los ejecutivos son más selectivos, ya que suelen estar preocupados por cruzar las líneas de supervisión y cualquier apariencia de conflicto de intereses, lo cual no es un tema menor. Por otro, los jóvenes suelen tener miedo. Hay que luchar para abatir la desconfianza: muchos ejecutivos temen revelar su falta de conocimiento a los empleados junior. Pero si los temores se abordan explícitamente, compartir abiertos puede ser increíblemente gratificante. 

El vínculo del diálogo intergeneracional se sella con dos elementos aglutinantes: el compromiso y el respeto. La comunicación entre generaciones falla si no se tiene una estructura que soporte un intercambio de ideas abierto. Por supuesto, los limites se deben dibujar claramente. Las formas deben de cuidarse para que el fondo pueda florecer. Es decir, se establecen canales de comunicación fluidos con un lenguaje institucional que sea sencillo y educado. El diálogo intergeneracional busca enriquecer la actividad profesional y el campo laboral. Por lo tanto, se debe cuidar como a una figura delicada.

Lo primero que hay que tener claro es, que no se trata de una imposición de criterios, sino de la voluntad de eliminar los roles y estereotipos con los que nos prejuzgamos unos a otros, los mayores a los jóvenes y los jóvenes a los mayores. Y para ello se ha de partir de una voluntad positiva de acercamiento, y de unos mismos valores éticos, evitando así posturas encontradas. 

Hay mucho que hacer todavía, en lo que se refiere al dialogo entre generaciones. Es bueno para la sociedad abandonar la segregación por generaciones, ya que dificulta la integración social y la fertilidad empresarial. Entender los puntos de coincidencia, buscar transparencia, luchar por la productividad, encontrar sentido y relevancia en el trabajo son áreas de contacto que cualquier ser humano, independientemente de su edad, pueden aprovechar. 

 

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