Las personas desean que muchas cosas sucedan. En su plano emocional, en el plano social y en el plano económico.

Pero la claridad en el camino a recorrer para hacer que “cualquier cosa suceda” es poca o a veces nula. Por ello como parte de un ejercicio personal te comparto un modelo para que comprendas las cinco fases para reencontrar, resignificar y ejecutar tu liderazgo.

Fase 1: Conciencia primaria

El sentimiento que habita en nosotros mismos de querer cambiar lo que sucede a nuestro alrededor, es el capital semilla del liderazgo.

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Esta fase primaria, alberga siempre dos emociones encontradas que se retroalimentan en un círculo vicioso: descontento y deseo.

Crear conciencia, de que seríamos capaces de modificar nuestra propia situación y la de nuestro entorno, es la única vía para hacer tangible lo que en ese momento no lo es.

Me atrevería a decir que más del 90% de los individuos viven en esta fase la mayor parte del tiempo, durante su vida.

Pasando sólo esporádicamente a las siguientes fases y cumpliendo con algunas, varias veces, y con todas, pocas veces (en pocos ámbitos o aspectos)

Aquí se sabe que se podría lograr algo pero no existe la certeza de que eso suceda. Porque se piensa como algo difícil o laborioso.

Normalmente en esta fase hay una idea vaga de los instrumentos personales con los que se podría ejecutar el liderazgo.

Teniendo por consiguiente una vida, con gran cantidad de cosas que se quieren cambiar pero que poco se lleva a la práctica.

Fase 2: Reconocimiento Personal

Cuando creé el modelo explicativo, tuve que definir las principales diferencias entre la anterior fase y esta segunda.

La intención era mostrar de manera clara que esta segunda remite específicamente al reencuentro y reclamo de las capacidades, habilidades y talentos no explotados por los individuos, en cada plano. Mismos que forman parte de su liderazgo personal.

En la fase del reconocimiento personal, se ve “la luz al final del túnel” y los individuos pueden tener en distintas medidas una idea más o menos clara de dichas capacidades, habilidades y talentos pero pocas veces o casi nunca de la forma de hacerlos efectivos. En esta fase se trabaja en descubrirlos de manera clara y reconocerlos.

En más del 90% de los casos las personas tienen ideas vagas de sus cualidades y/o del camino a recorrer para llevarlos a espacios de ejecución. Y muchas veces requiere, para desatar ese nudo donde ellos mismos “son la cuerda” de un agente externo.

El círculo vicios de esta fase se ve intervenido por un miedo al fracaso aparente que sólo es el vestido externo de un profundo miedo a la grandeza y al compromiso que representa el sabernos grandes o poderosos.

En esta fase el individuo ya conoce respuestas, pero su sentido está desubicado, la misma creencia de “no saber quién soy o nunca terminar de conocerme” les hace generar otro círculo vicioso a nivel personal en ocasiones queriendo dar sentido a su vida en “la búsqueda per se”. Encontrando esta como excusa para no tomar las propias riendas de su vida por el miedo explicado anteriormente.

Fase 3: Propósito

En esta fase las personas tienen muy bien ubicadas ya las características o cualidades personales (al menos en ciertos ámbitos de ejecución) y lo que se puede conseguir con ellas. Es una fase de adquisición de sentido a nivel personal y de empoderamiento.

Esta fase se da al reconocer que tienen las cualidades para ejercer su liderazgo pero no encuentran todavía un sentido claro personal que les impulse y motive a conseguir, ampliar y dirigir el mismo.

Ellos quieren reclamar su voz interior pues están seguros que están hecho para cosas mucho más grandes y están dispuestos a echar manos a la obra pero no saben por dónde empezar, en qué y cómo actuar.

El punto es que al carecer de dirección y sentido profundos, se dedican a actuar con poca constancia, frecuencia o consistencia.

El círculo vicioso a evadir, en esta fase, es encontrar un propósito poderoso para no convertirse en un abandonador de proyectos o de espacios de ejecución constantemente.

Otro factor que obstaculiza, en esta fase, es conocer sus cualidades pero no la forma de hacerla efectivas o transferibles a concreciones sólidas que les demuestre a ellos mismos el nivel de liderazgo que poseen.

Fase 4: Dirección y sentido

Una vez que se consigue el propósito y el líder tiene clara su trascendencia personal e implicación en el quehacer cotidiano, la fase de dirección entra cuando se sabe cuáles herramientas se emplearán conociendo como hacerlas transferibles y mostrando claramente la puerta y ventana del lugar en el que se habita, en planos emocionales, personales y laborales.

Aquí las personas han apuntado correctamente la embarcación hacia el faro que los llevará al destino de manera clara, y en lo que se trabaja es en cada uno de los pasos de lo que ello implica, sabiendo que es momento de pasar a la ejecución, normalmente con un miedo que se ha venido menguando, mediante un enfoque mucho más poderoso y mucho mayor en escala, que el miedo mismo.

El trabajo de esta fase elimina cualquier posibilidad de duda, en ella se adquiere un empoderamiento personal y no hay poder humano que la detenga.

Si la persona encontró en esta fase algo verdadero, responderá de manera rápida en el plano de la ejecución.

Fase 5: Ejercicio en descubrimiento

Fase donde habitan las personas que ya son líderes claros, realizan las actividades que quieren con una pasión y sentido únicos.

Emplean sus habilidades de forma transferible constantemente y se permiten errar sin miedo o temor. Realizando los ajustes necesarios.

Esta es la fase de los resultados en donde el único obstáculo es recordar que todo debe ser aprendizaje y emplearlo a favor.

Las personas en esta fase ya se subieron al escenario de su propia vida y son dignas de llamarse ejemplo, simple y sencillamente porque están arriba del ring de la vida, o actuando la obra de la vida con el personaje que saben que son.

Reconocen sus logros y la forma en la que han empleado sus cualidades en distintos ámbitos.

Saben que la única forma de pulir es ejecutando, pues reconocen que no tendrán todas las armas ni todos los recursos si no los consiguen, y normalmente lo logran porque no hay otra forma de ejercer su liderazgo, que reclamando su voz y haciéndola escuchar mediante sus acciones.

Normalmente estas personas tienen seguidores en distintos ámbitos y al estar apostando por ellos mismos y sus nuevos objetivos (ya no son deseos, dejaron de serlo en la fase de propósito) hay espectadores que siguen sus pasos.

Comprenden la vida arriesgándose porque esa es la única manera en como finalmente “la encuentran” y esto reafirma con todo el poder su sentido de trascendencia.

Sólo en la fase del ejercicio en descubrimiento sabemos que una persona líder, verdaderamente lo es.

 

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