Me confieso haber sido hasta hace algunos años crítica a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. El día me caía tan gordo como el mismísimo día del amor y la amistad. En muchos sentidos, se me figuraba que “celebrar” el día de la mujer era denigrante y poco constructivo. Hasta que entendí el origen de la conmemoración y lo significativo de la lucha de las costureras de NY el 8 de marzo de 1857.

Tuve la fortuna de crecer en un ambiente sin diferencias en oportunidades, ni falsos roles sociales o capacidades. Di por hecho que así era en todas partes. Igual pude haber estudiado ingeniería mecánica que jardinería. Entiendo que el mayor valor que una persona aporta, está cuando hace algo bien que además disfruta. Esto que para mí era normal. Lamentablemente no lo es aún para muchas mujeres del mundo. Y resulta inaceptable que países como México, la lucha por la equidad de género tenga retrocesos, y el machismo esté exacerbado.

Todos los días vemos notas de distintas expresiones contra las mujeres. Podemos hablar de formas y percepciones, que estamos normalizando, que tiene que parar de inmediato. Ejemplo de ello son los mensajes enviados a la población a través de las decisiones del gobierno de México ante estancias infantiles y refugios para mujeres, o simplemente que el logo de la actual Presidencia tiene únicamente hombres los representados. Podemos también debatir que es un tema de forma y no de fondo. Sin embargo, en un país en el que se ha deteriorado la situación de la mujer, y la estadística ya brinca con México dentro los 20 países peor evaluados para ser mujer. Así que, la forma tiene fondo, y mucho.

Ni estudios ni números han sido suficientes para hacer el cambio que países como Islandia, y en general los escandinavos parecen paraísos de vida para ser mujer. Mc Kinsey por ejemplo, durante años ha dado seguimiento e insistido que, la inclusión de mujeres en puestos estratégicos, es una conversación de negocios más que de géneros. Ha demostrado los beneficios directos en ROIs y utilidades, y a pesar de ello, en años se ha mantenido el 7% de los puestos directivos ocupados por mujeres. Son pocas mujeres las que han logrado sentarse a la mesa, y muchas que aún se quedan alrededor de ella. Entendamos que las decisiones se toman en la mesa, si quieres influir en equidad necesitamos estar en ella. ¿No te invitan a la mesa?  Tú te sientas y ocupas el lugar que todas necesitamos.

Hoy falta mucho trabajo por delante para alcanzar la paridad de género en todos los sentidos. Cifras alarmantes del Foro Económico Mundial, calcula más de 170 años para alcanzar pago equitativo. ¡170 años! Sino la exigimos nosotras, honestamente ¿crees que te la van a ir a ofrecer, cuando por años hemos aceptado trabajar por menos?

Tan sólo en 1975, las islandesas, se unieron para exigir pago equitativo con los hombres, y organizaron un paro de 24 hrs de las mujeres en todos los sectores. 90% de las mujeres participaron, e hicieron valer su punto. La mujer tiene una aportación directa a la economía de cualquier país, y hombre y mujeres nos necesitamos colaborativos.

Es muy complejo decidir por dónde empezar. La discriminación la vemos de muchas formas, unas sutiles que otras descaradas. También tiene muchas aristas e infinidad de consecuencias. Sin ánimo de sobre simplificar la problemática, y entendiendo que México es un país clasista y machista, y que es la mujer la primera en discriminar a otra (colega de trabajo o muchachas de apoyo en la casa), considero que necesitamos trabajar en 3 ámbitos de forma paralela: política, sector privado y familia.

Habilitar el potencial humano de las mujeres.

  • Desde el sector público. Promover y exigir políticas públicas que garanticen el bienestar de la mujer a cualquier edad, en cualquier lugar y en cualquier ámbito. Las mujeres en la política deben ser las primeras en velar por la NO discriminación de las mujeres.
  • Desde el sector privado. Promover programas de desarrollo profesional y mentorías que eleven la oportunidad de inclusión y participación de las mujeres. Nunca por el sólo hecho de ser mujeres, sino por el hecho de ser capaces. Exigir el pago igualitario por el mismo trabajo desempeñado. Levantar la mano, participar y sentarnos a la mesa en la que se toman las decisiones.
  • Desde la familia. Educar y formar mujeres fuertes colaborativas y hombres empáticos colaborativos, en vez de machos y sumisas.

Es desde casa que inicia y también termina el problema de la discriminación a largo plazo. Hoy, somos las mujeres quienes tenemos la llave para cambiarlo. Es por ti, por tus hijas y sobrinas, hermanas, cuñadas, mamás, ahora también abuelas trabajadoras, tus nietas, y las nietas de éstas. Es por una sociedad equitativa capaz de generar valor en conjunto, no a costa de.

Las costureras de NY en su momento lucharon por mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, y se convirtió en el movimiento al derecho al voto. Es difícil entender desde nuestra actual posición, el riesgo en el que estas mujeres pusieron sus vidas para ser escuchadas. Y definitivamente muchas mujeres hoy cosechamos lo que ellas sembraron. La causa no ha terminado y hay mucho por delante.  Hoy tenemos ya a muchas mujeres en posiciones en las que se puede influir. Y desde casa, podemos influir a través de la educación de niñas y niños.

 

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