Llegué a Facebook en 2007 de la misma manera en que muchas personas de aquel entonces, por recomendaciones de amigos, sobre todo de aquellos que estudiaban o vivían en el extranjero. La primera impresión que tuve fue que era una plataforma bastante plana y aburrida y que su forma de uso no era tan transparente como en las otras redes sociales a las que estaba acostumbrado.

En ese momento, la sensación era MySpace y, ni modo de negarlo, Hi5. Ambas tenían la posibilidad de personalizar los perfiles a través de códigos de descarga que, dicho sea de paso, infestaban las computadoras con programas maliciosos. Además, uno podía comentar y ver fotografías de cualquier persona aun y cuando no estuvieran conectados en la red social.

Facebook era diferente. Todos los perfiles eran iguales, no podías ver el contenido de nadie, ni comentarlo sin una solicitud de amistad y no quedaba muy claro qué tipo de interacción podía hacerse con las publicaciones.

Hoy, 15 años después de la historia que inició en un dormitorio de estudiantes en Harvard y cuyo primer objetivo era reunir 500 usuarios, la red social más importante del mundo puede decir que sigue creciendo pese a todo. Solo en 2018, Facebook presentó ganancias por 55.8 mil millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 37% respecto de 2017.

La plataforma de redes sociales no sólo modificó la forma en la que actualmente socializamos, podríamos decir que transformó la industria de la información, del entretenimiento y de los medios en general en una especie de sinfonía McLuhiana. Aquí 4 ejemplos.

  1. La economía del Like. El botón “Me gusta” fue introducido en la plataforma en 2009, es decir, 10años atrás y se convirtió en un hito dentro de la historia de la comunicación digital sin desearlo, ya que no sólo representa la manifestación de un gusto o interés por lo que escribe una persona, por el contrario se convirtió en uno de los principales indicadores de popularidad en las sociedad contemporáneas, tan así es, que prácticamente ese botón y sus derivados han credo una economía del like, que pueden decidir la permanencia o desaparición de empresas y, por tanto, de puestos de trabajo. Todo ello sin considerar la permanente búsqueda de la popularidad en ciertos segmentos de la sociedad, cuyo éxito se mide en la cantidad de veces que los usuarios oprimen ese botón en sus publicaciones.
  2. La economía del rompecabezas. En 2012 Facebook compró Instagram en mil millones de dólares; después siguieron otras aplicaciones, sistemas de mensajería y plataformas, abriendo paso a un modelo de comunicación en el que el éxito de una red social dependía en buena medida de que sus contenidos, su interacción y su experiencia pudieran acoplarse a las plataformas existentes. Es como si todo lo social ya se hubiera inventado digitalmente y ahora sólo se estén uniendo las piezas en un complicado rompecabezas. Los contenidos que no se adapten o conecten, simplemente están condenados a desaparecer.
  3. La economía móvil. No basta con tener todos los contenidos conectados, también deben ser omnipresentes y capturar y compartir todas y cada una de las actividades que realiza una persona promedio. Si no es interesante, las redes sociales lo harán. Por ello, el impulso de las plataformas sociales y la necesidad de que los contenidos se vean, se ajusten y se compartan primero en un móvil es fundamental. El usuario no sólo tiene la impresión de que sus contenidos y opiniones son importantes para sí y su entorno, eso le mantiene interesado en el movimiento social en las plataformas digitales. Todo se ha vuelto social: comer, escuchar música, leer, informarse, ligar o cualquier otra actividad.
  4. La economía del big/small data. La cantidad de datos que son recopilados de todas las personas que navegan en Internet y en las redes sociales han permitido crear un enfoque personalizado que incide en los contenidos que cada persona ve en el muro de Facebook; es decir, se analizan miles de millones de interacciones para crear flujos de contenidos personalizados. Así, las marcas, los candidatos, los gobiernos o cualquiera que desee y tenga los recursos, puede colocar frente a los ojos de los usuarios los contenidos que desee. Es mera cuestión de algoritmos, no importa si el producto es un desodorante o un presidente.

Los primeros quince años de Facebook han transformado el mundo de una manera gradual, pero constante. Sus cambios se han notado en muchas esferas de la actividad humana y sin quererlo, la compañía se ha convertido en un dictador de tendencias y en una referencia obligada. Por ello, su responsabilidad social se ha elevado tanto como sus 2, 300 millones de usuarios, les guste o no.

 

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