En buen dominicano, la palabra “jompeáme” deriva de la expresión “jump star me”, que significa impúlsame. Ése es el concepto que desarrollaron Katherine Motyka y Karla Castro cuando el destino las juntó durante el Startup Weekend Santo Domingo en 2013 (la palabrita criolla también les ayudó a encontrar un dominio en internet). Así nació Jompéame.com, la primera plataforma de crowdfunding dominicana que tenía como meta impulsar emprendimientos dominicanos.

Ambas fundadoras admiten los desafíos que supone un proyecto de esta naturaleza: primero encontrar un programador que desarrollara la plataforma, buscar proyectos que necesitaran ser fondeados, y una vez que los habían encontrado quedaba el reto más grande: buscar donantes.

“Hubo un proyecto de unos comics de Juan Pablo Duarte para el que recogimos 700,000 pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 46 pesos de RD por dólar) en donaciones y creímos que ese era el empuje que necesitábamos, pero después siguieron los problemas y llegó el momento de tomar decisiones; probamos con una causa social y nos fue súper bien. Nos dimos cuenta que las personas respondían mejor a la beneficencia y empezamos a reenfocar el proyecto”, recuerda Motyka.

Por eso, en junio de 2015 decidieron orientarse sólo en la parte social; desde hace un año Jompéame ha ayudado en más de 70 causas, todos son casos de pobreza extrema para los que han logrado conseguir más de 1.5 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 46 pesos de RD por dólar) en donaciones.

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La plataforma funciona así: tienen un grupo de más de 30 voluntarios que comprueban la veracidad de los casos que les llegan por todas las vías (desde correos electrónicos, Facebook, un formulario que está en la página y hasta mensajes por WhatsApp), una vez que se verifican los casos, se establece el monto que necesitan para donar. Durante dos semanas se promueve la causa a través del sitio www.jompeame.com; la idea es que todas las personas que se sientan identificadas puedan, por medio de pagos electrónicos, hacer donaciones. Una vez que se vence la lapso de las dos semanas se hace un corte, se entregan las donaciones y se coloca otro proyecto.

Para sostenerse, Jompéame toma 10% del monto total recaudado por cada causa social. De esa cifra, la mitad es para cubrir los costos de las transacciones con tarjetas de crédito o débito, 3% para cubrir los gastos de la plataforma y 2% se destina a cubrir los gastos administrativos.

Jompéame acaba de traspasar las fronteras dominicanas. En lo que va del año, Motyka ha pasado una buena temporada en Sudamérica, donde forma parte de Startup Chile, un programa patrocinado por el gobierno de ese país y que pretende atraer emprendimientos exitosos alrededor del mundo, “en nuestro caso la idea es abrir una versión de Jompéame en Chile”.

Además, gracias al reconocimiento que tuvo el proyecto el año pasado en TechCrunch en Nueva York, viarios emprendedores brasileños las contactaron y ya tienen la página funcionando en Brasil.

Katherine estudió ingeniería industrial en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo y Tecnología Exponencial en Singularity University en California, mientras que Karla es estudiante de publicidad en la Universidad APEC; esta mezcla profesional, sin duda, le agrega valor al proyecto, ya que ambas se complementan y consiguen hacerse cargo de distintas áreas del negocio.

El reto de Jompéame sigue siendo atraer donantes, ya que está dirigido a personas de entre 20 y 35 años que tengan tarjeta de crédito o débito; sin embargo, la estrategia de estas emprendedoras está enfocada a la utilización de influencers, visibilidad en los medios de comunicación y el patrocinio de las empresas. “Estos tres puntos nos ayudan no solo a que más personas sepan de nuestro proyecto sino que refuerzan la credibilidad que es un aspecto clave en el crowdfunding”, concluye Katherine.

 

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