Por Carlos Ruiz González / IPADE Business School

Se tiene la idea de que las organizaciones no lucrativas funcionan para ayudar a personas en franca desventaja social, como gente muy pobre o que tiene graves deficiencias físicas o mentales. No obstante, la principal función de las organizaciones no lucrativas es coadyuvar en la construcción de una mejor sociedad y por tanto un mejor país. En ese sentido, son tan importantes como las empresas lucrativas que contribuyen al desarrollo económico.

A pesar de lo diverso de su misión, ambos tipos de organización comparten la necesidad de contar con un buen gobierno, cuya estructura y funcionamiento tiene características propias, de acuerdo con su naturaleza.

¿Qué caracteriza a las empresas no lucrativas?

  1. Tienen socios en lugar de accionistas.
  2. Necesitan generar utilidades, aunque no las reparten (son el remanente de operación).
  3. Sus recursos económicos son escasos, hay que administrarlos muy bien.
  4. La misión es muy importante, la institución gira alrededor de ella y la transmisión de valores resulta fundamental.
  5. El personal necesita estar muy motivado a pesar de la baja compensación que reciben (y a veces ni compensación reciben, pues son voluntarios).

Ante estas características, uno de los principales retos de las empresas no lucrativas es adoptar y adaptar las mejores prácticas de negocios sin perder su valor social crítico en el proceso.

Para ello, como sucede en el caso de las entidades económicas lucrativas, es importante tener claro el papel que desempeña el Consejo Superior de una empresa no lucrativa, el cual funciona igual que el Consejo de Administración de cualquier otra organización; no opera directamente a la misma, los responsables directos del día a día son los directivos y empleados a cargo. Sin embargo, al ser los responsables últimos de la organización, su responsabilidad es muy grande. Y el que se trate de una organización sin fines de lucro no implica que, como otras ONG, no necesite gran profesionalidad en su actuación.

En el caso de una Asociación Civil, es una organización no lucrativa y no puede tener reparto de utilidades entre sus asociados. Las personas que participan en los diferentes consejos de empresas no lucrativas que existen en el país lo hacen con el ánimo de ayudar.

En el Consejo de una empresa no lucrativa conviene privilegiar el principio de colegialidad, en el cual las decisiones trascendentes siempre se toman por consenso. Si no se consigue la unanimidad, antes de llegar a un acuerdo concreto se procede a la votación.

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La colegialidad, más que un sistema de decisiones es, sobre todo, una actitud que privilegia el trabajo en equipo y el involucramiento de todos por igual para sacar adelante la organización, independientemente de quién haya sido la iniciativa de alguna idea concreta; implica querer aprender de los demás y colocar el bien de la organización por encima de las propias ideas.

La colegialidad también implica que una vez discutido un punto y tomada una decisión, todo el consejo la apoyará (incluyendo los que se hayan opuesto a la misma en el debate). “Diversidad en la decisión, unidad en el mando”, decía Ciro el Grande, y es una norma indispensable.

También es importante que los consejeros vivan la humildad de aceptar que no dominan todos los temas, al mismo tiempo que no temen el debate abierto y constructivo para llegar a la mejor solución en ese momento.

Para una adecuada gestión de gobierno de las empresas no lucrativas, el Consejo debe tener claras sus principales responsabilidades y facultades, como son que la institución alcance sus fines y perviva en el tiempo. Para eso, que se cuente con los recursos económicos para las diversas necesidades: inversiones –terreno, edificio, equipamiento–, fondos –becas, capacitación, investigación, jubilación– y operación de la institución. Debe llevar en orden y al día el aspecto legal, velar por el buen funcionamiento del Consejo Directivo y prever los oportunos remplazos de sus miembros. Es conveniente que algunas personas sean especialistas en distintas áreas: legal, financiera, etc.

Por otro lado, entre las principales facultades del Consejo están constituir el Patronato y nombrar a sus miembros, determinar quiénes son los representantes legales de la institución y quiénes los titulares de los poderes para actos de administración y de dominio, nombrar al director general, decidir los actos de adquisición, arrendamiento, disposición, gravamen y enajenación de inmuebles, así como la suscripción de créditos hipotecarios o simples, aprobar el presupuesto anual de operación y velar por su cumplimiento, aprobar el reglamento de la institución así como los planes académicos cuando se trata de una empresa del sector académico o educativo.

Las empresas no lucrativas tienen un papel esencial, pues su producto final es una mejor persona (en el caso de la Cruz Roja, salvándole la vida, en el caso de Alcohólicos Anónimos, alejándolo del alcoholismo, por citar 2 ejemplos). Ayudarlas es apuntalar y mejorar la sociedad en que vivimos y los consejeros en este tipo de organizaciones generan un gran valor para la comunidad.

*Carlos Ruiz González es profesor decano del área de Política de Empresa de IPADE Business School.

 

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