Por Viridiana Mendoza, Israel Pantaleón y Gerardo Villafranco 

En 2012, el recién electo presidente Enrique Peña Nieto hablaba de lograr un proyecto presupuestal con déficit cero, exeptuando la inversión en Pemex; sin embargo, la necesidad de aumentar el gasto ante la desaceleración económica propició que, a finales de 2013 la propuesta de paquete económico para 2014 incluía un déficit de 3.5% del PIB que regresaría a la normalidad con un plan gradual.

Nada salió como se esperaba. En pocos meses, el precio del petróleo inició un descalabro del que aún no se recupera. Al cierre de 2012, el barril de petróleo tenía un precio de 97 dólares, mientras que actualmente la mezcla mexicana cotiza en torno de 37 dólares por barril.

La baja en los precios del petróleo y la desaceleración económica (el pronóstico de crecimiento oficial pasó de 3.1 a 1.8% en 2013) tuvieron un impacto directo en las finanzas públicas. La propuesta de déficit de Peña Nieto, formulada en 2013, implicaba deslizar el déficit de 3.5% del PIB en 2014 a 3.0% en 2015, 2.5% en 2016, hasta llegar a 2.0% en 2017 y 2018. Actualmente, el déficit se mantiene alredededor de 3%.

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El balance fiscal ha seguido deteriorándose. En los últimos dos años, el gobierno federal ha instrumentado recortes al gasto para compensar la caída en ingresos. El primer recorte fue en 2015 por 0.7% del PIB , luego la trayectoria restrictiva continuó  y para el proyecto económico para 2017 se prevé un recorte de entre 250,000 y 300,000 millones de pesos para lograr un superávit primario que permita alcanzar las metas de disciplina fiscal.

“Si se hace el ajuste y hay un superávit, la política fiscal tendrá un componente restrictivo en el crecimiento de 2017, el crecimiento entonces podría no ser muy diferente del 2% esperado para el cierre del año. Lo alarmante es que un crecimiento de 2% está muy por debajo de lo que México necesita para detener el deterioro del bienestar social”, advierte Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Economics.

Por su parte, la Deuda Neta del Sector Público Federal pasó de 5.35 billones de pesos o 31.4% del PIB en 2012 a  8.16 billones de pesos (o 43.2% del PIB) en 2015. Instituciones como la agencia de calificación Moody’s estiman que la deuda como proporción del PIB podría alcanzar más de 50% para el cierre del año.

El tipo de cambio ha sido otro factor en contra, pues el costo del financiamiento en dólares se ha convertido en una carga más pesada. Medida en dólares, la deuda pasó de 411,433.8 millones de dólares para finales de 2012 a 474,273.7 millones de dólares en 2015.

“El Banco de México también tuvo cierta responsabilidad en los niveles de deuda, pues las tasas bajas también permitieron un mayor apalancamiento del gobierno a tasas bajas”, señala Coutiño.

Para 2017, la política monetaria y fiscal pondrán presión al crecimiento, por lo que, en promedio, este sexenio podría reportar niveles históricos de bajo crecimiento.

Así se comportó la deuda entre 2012 y 2015

deuda videgaray

El reto de Meade

En septiembre de 2011, José Antonio Meade fue designado como secretario de Hacienda y Crédito Público durante la administración del ex presidente Felipe Calderón.

Durante su gestión a cargo de la SHCP, el país alcanzó el máximo nivel de recaudación tributaria en 2011, según las memorias de la SHCP para el periodo 2006-2012.

En 2012 la dependencia emitió diversas medidas de simplificación tributaria para fomentar la competitividad. Entre esas medidas estaban disminuir la utilidad fiscal determinada y la deducción inmediata, así como determinar la retención del Impuesto Sobre la Renta como pago definitivo, según el Diario Oficial de la Federación.

Entre los efectos de corto plazo se registró un ligero aumento de la recaudación de 0.3% en 2012 respecto a 2011, según las finanzas públicas del país.

Estas medidas formaron parte de las reformas hacendarias de 2007 y 2009, impulsadas por sus antecesores Agustín Carstens y Ernesto Cordero.

Durante el nombramiento de Meade como secretario de Hacienda, el presidente Peña Nieto le encomendó cuatro tareas fundamentales:

  1. Que el paquete presupuestario para 2017 contribuya a la consolidación de las finanzas públicas y ofrezca un superávit primario.
  2. Mantener las medidas de responsabilidad fiscal y estabilizar el crecimiento de la deuda como proporción del PIB.
  3. Que los ajustes al gasto corran por parte del gobierno y que no haya nuevos impuestos para que los impactos recaigan sobre el gobierno y no sobre la ciudadanía.
  4. Mejorar la calidad del gasto y privilegiar la calidad del ejercicio.

Al respecto, Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA Bancomer, señaló que el nuevo titular de Hacienda deberá consolidar los fundamentales macroeconómicos.

“Lo primero y más importante es la consolidación fiscal. Eso ayudaría a reducir el déficit en la cuenta corriente, ya que aliviaría presiones sobre la balanza de pagos y mejoraría la percepción de México en los mercados, con inversores o calificadoras. Ése es el principal reto de la política económica en los siguientes años”, dijo Serrano.

Otros factores que el economista en jefe de Bancomer cree que se deben seguir con la salida de Videgaray es el régimen de tipo de cambio flexible, ya que eso le ha dado al país un mecanismo para absorber choques de manera importante.

“Mejorar la situación de Pemex también será muy importante para mejorar la situación fiscal del gobierno”, comentó.

 

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