A veces las ideas más simples, poco atractivas y hasta absurdas pueden ser el origen de esa empresa que tanto hemos soñado.

 

Cuando empezamos a buscar ideas para iniciar un negocio, generalmente nos centramos en encontrar ideas brillantes, innovadoras y únicas. Hacemos una exhaustiva búsqueda y nos esforzamos por dar con esa gran idea que nos catapulte al éxito. Buscamos hasta debajo de las piedras. Sin embargo, no siempre el éxito se encuentra en las ideas brillantes.

Contrario a lo que pudieran recomendar los expertos en negocios, no siempre hay que desechar las ideas absurdas o que atenten contra la lógica del mercado. A veces las ideas más simples, poco atractivas y hasta absurdas pueden ser el origen de esa empresa que tanto hemos soñado.

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En todos los cursos, diplomados o talleres de innovación y mercadotecnia se dan un sinfín de consejos para  generar ideas brillantes, innovadoras, creativas, pero ¿qué pasa con las ideas absurdas? ¿Por qué no se enseña a los estudiantes a explorar las ideas absurdas para la generación de negocios?

Los expertos en temas de negocios saben perfectamente que alrededor del mundo hay ideas poco brillantes que han hecho millonarias a muchas personas, sin embargo, nos siguen dando los mismos consejos para crear grandes ideas : “resuelve cosas que te molesten hacer”, “piensa en llenar los huecos que dejan las grandes empresas”, “combina productos ya existentes”, “busca ideas poco explotadas”, “mira a tu alrededor y trata de observar lo que necesita o le hace falta a la gente”, “piensa como niño”, “ponte en el lugar de la gente”, “piensa cómo se comportan las personas en otras ciudades o países”, “diseña versiones más económicas de productos que existen en el mercado”. En fin, muchísimas sugerencias para que broten las ideas de negocios al por mayor.

En todo el mundo hay ejemplos de ideas que en un principio parecían absurdas, sin futuro, sin la más minima perspectiva de éxito; incluso, las tachaban de tontas, pero al ponerlas en marcha dejaron con la boca abierta a todos.

Por qué no pensar en recoger heces (excremento) de perro o hacerte pasar por Santa Claus y responder cartas a los niños de todo el mundo cobrando por ello. O qué tal fabricar goggles y gafas para perros o pelotitas con caritas para adornar antenas de carro. También puedes pensar en vender un millón de pixeles de una página de Internet a un precio de un dólar por cada píxel para juntar un millón de dólares. Qué tal fabricar huesitos de la suerte de plástico (todo mundo necesita buena suerte) o rellenar cartuchos de tinta para computadora para venderlos más baratos.

Si todas estas sugerencias te parecieron absurdas, tontas, simples y sin futuro, déjame decirte que las ideas arriba mencionadas generan actualmente ingresos millonarios a los que las idearon. Son empresas reales, generan empleos fijos y, sobre todo, dejan miles y hasta millones de dólares cada año en ganancias.

¿Entonces? ¿Dónde está el negocio: en las ideas brillantes o en las ideas absurdas? ¿O debemos buscar en ambos lados? Ahí se los dejo de tarea.

Les comparto una liga para que puedan leer un poco más sobre las ideas poco brillantes que han sido un gran negocio.

 

 

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