Invertir es una actividad compleja, no solo por el análisis ex ante y ex post que se debe realizar, sino también por el componente humano que conlleva, el cual es más intrincado que cualquier modelo matemático que el inversionista pueda usar. Una de esas complejidades, de la que poco se habla, pero que es de suma importancia, son las ilusiones.

Las ilusiones de un inversionista tienden a estar fuertemente correlacionadas con el mercado; en léxico financiero se diría que tienen una beta mayor a 1. En un mercado alcista, nuestras ilusiones de ganar mucho dinero se disparan más allá de las posibilidades reales de que el mercado logre lo razonable; en un mercado bajista, nuestras ilusiones caen desde muy alto y se estrellan contra el suelo, mucho más abajo de lo que el mercado podría quitarnos. 

Hay que recordar que la economía y las finanzas no son una ciencia exacta. De hecho, son una ciencia tan social como la psicología o la sociología, y es esa volatilidad en nuestras percepciones, esa marea que viene y se retira, el pulso que le da vida a los mercados: la marejada de las ilusiones.

Las ilusiones no son racionales. Un individuo racional sabe que no puede predecir el futuro, por lo que esperar un resultado, e ilusionarse por eso, cae en el terreno de lo irracional. Sin embargo, lo hacemos, nos ilusionamos. Creamos una narrativa basada en modelos complejos (o no tan complejos) sobre las razones de por qué una acción debería subir y nos lanzamos a comprarla; e incluso, ante evidencia que contradice nuestro propio análisis y que pone en peligro nuestra ilusión, la ignoramos para no deshacernos de nuestras propias ideas.

Eso me lleva, inexorablemente, a hablar de los últimos dos años. Un cúmulo de ilusiones (creadas por eventos que no discutiré aquí) fue apuntalando a los mercados hasta niveles nunca vistos. Hay un dicho en el mundo financiero que dice que “el mercado escala un muro de preocupaciones”; bueno, pues estos últimos dos años la escalera usada para escalar dicho muro fueron las ilusiones. Basta ver la valuación del S&P500. La valuación del índice se puede dividir en 3 partes: 1) el valor en libros (los fierros de las empresas); 2) Los estimados de utilidad de 3 años (estimaciones de corto plazo, generalmente previsibles) 3) Los estimados de utilidad de 4 años en adelante (las ilusiones, o los sueños y las esperanzas). Pues bueno, en el pico del mercado, alrededor del 70% de la valuación del S&P eran estos sueños y esperanzas: una escalera muy grande que le sirvió al mercado para seguir escalando. 

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Sin embargo, hoy ese muro ya cayó y, con él, muchas de las ilusiones de los participantes del mercado. ¿Qué sigue? Probablemente un período de cansancio, de hastío. A muchos participantes les costará regresar y otros ni siquiera lo harán. Perder la ilusión es algo de lo que muchos no se recuperan. Pero el mercado continuará, y nuevas ilusiones volverán a surgir, impulsando, una vez más, un ciclo nuevo en el mercado de valores.

Fernando Pessoa, en su capacidad de desnudar el alma humana, tiene una frase muy ilustrativa sobre este tema: “El cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones – su pérdida, la inutilidad de tenerlas, el cansancio anticipado de tener que tenerlas para perderlas, la pena de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de haberlas tenido sabiendo que habrían de tener ese fin. La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto que recae sobre la inteligencia”.

Pero como cualquier marejada, una vez que el mar se retira, solo basta esperar a que regrese. Y las ilusiones siempre regresan, ya sea vestidas de una “vieja novedad”, o de una narrativa cargada de vientos de cambio, y cuando esto suceda, la marea volverá a levantarnos a todos junto con nuestras ilusiones, para tener de nuevo que caer en el penoso ciclo de aceptar que las tenemos que perder.

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Contacto:

Luis Gonzalí, CFA. VP/Co-Director de Inversiones en Franklin Templeton México

CFA Society Mexico. TW: @CFAMEXICO

https://www.cfasociety.org/mexico/es/Pages/default.aspx

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