Por Alejandro Medina

Atrás quedaron aquellos días en que Charles Adler y sus socios Perry Chen y Yancey Strickler fundaron Kickstarter, una plataforma de crowdfunding que, en ocho años, ha logrado captar 2,800 millones de dólares (mdd) de 12 millones de personas, un dinero que ha servido para financiar alrededor de 118,000 proyectos de emprendedores.

Pero esa parte de la vida de Adler terminó a finales de 2013, luego de que optara por comenzar su carrera como consultor independiente. La decisión no fue sencilla, sobre todo por la gran amistad que mantenía con sus dos compañeros.

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¿Qué ha pasado en esta nueva etapa de la vida de Charles? Durante los dos últimos años, recorrió el mundo en un par de ocasiones, para asesorar a más de una decena de startups, además de que abrió Lost Arts, un espacio físico dedicado a incubar proyectos artísticos.

En entrevista, el diseñador de profesión narra su paso por Kickstarter y comparte su filosofía como impulsor de nuevos negocios.

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Su primer encuentro con Chen

Perry Chen siempre ha sido un gran fanático de la música. Seguramente, de pequeño imaginó que tendría una banda de rock o que quizá podría llegar a ser DJ; sin embargo, lo que seguramente nunca pensó era que su pasión acabaría, de rebote, por cambiar la vida de miles de emprendedores del mundo.

El antecedente de Kickstarter se puede encontrar en el año 2002, con un Perry de apenas 24 años, quien por aquellos días vivía en Nueva Orleans y trabajaba, precisamente, en el mundo de la música, más específicamente en el movimiento de jazz, legendario en esa ciudad, el cual se aprestaba a organizar uno de sus festivales más emblemáticos.

Este joven se había fijado la meta de participar en la celebración y su plan era ponerse en contacto con los organizadores para ofrecerles la realización de un concierto, el cual estaría compuesto por un par de experimentados DJ. Su propuesta fue aceptada, pero la presentación nunca se llevó a cabo.

El motivo fue que Chen no pudo conseguir la inversión para el concierto y acabó por desechar su idea. El suceso le generó mucha molestia, pero, dentro de su enojo, se preguntó qué pasaría si la gente pudiera comprar entradas y únicamente pagarlas si el evento se hiciera realidad.

La idea detonó en la premisa del crowdfunding, eje central de Kickstarter. Bajo esta práctica, básicamente se busca conseguir una inversión con apoyo de un número amplio de personas, con la salvedad de que únicamente prospera si se alcanza una meta económica. De no hacerlo, el dinero regresa al bolsillo de los inversores.

Perry conoció, en 2005 a Yancey Stricker y, gracias a un amigo en común, conoció (al año siguiente) a Adler, quien de inmediato se sumó al proyecto. Su papel fue vital para llevar la idea al mundo virtual.

 

Voz para el emprendedor

Adler explica que, de la idea de Chen, le llamó la atención la posibilidad de ayudar a los emprendedores creativos a tener la visibilidad que necesitan para poner en marcha sus proyectos.

“Perry me contó su idea y encontré que él compartía conmigo esa empatía que mantenía por crear comunidades que apoyaran el reconocimiento del trabajo creativo; estábamos en el mismo canal y sabíamos que teníamos que hacer algo para que los emprendedores pudieran ser escuchados. Ése debía ser su derecho”, detalla el originario de Reino Unido.

Finalmente, el 28 de abril de 2009, a las 4:27 de la tarde, Yancey, Chen y Alder crearon Kickstarter, la plataforma que impulsó la tendencia del microfinanciamiento colectivo en el mundo.

Los primeros dos o tres días después del lanzamiento apenas tenían un puñado de proyectos inscritos en la empresa y, de igual manera, empezaban a ingresar unos cuantos dólares.

Pero el proyecto de una mujer llamada Allison Weiss cambió esta tendencia.

Tres semanas después de la aparición de esta chica de Michigan, se alcanzó el primer récord, al recaudar, gracias al apoyo de 205 personas, un total de 7,711 dólares, que le sirvieron para grabar su primer demo. “Fue ahí cuando supimos que la fórmula funcionaba”, confiesa Adler.

Y era sólo el principio. El reconocimiento fue en aumento y, con ello, las recaudaciones más altas, hasta su récord actual: 20 mdd, fondeados por la comunidad de Kickstarter a la compañía tecnológica Pebble para el desarrollo de la segunda generación de su smartwatch.

Este tipo de logros ha permitido a la empresa tener una imagen mucho más sólida, pero Charles prefiere ser cauto: “Fue muy interesante ver cómo la gente tenía la oportunidad de crecer aquí. A todos nos vienen a la mente esos proyectos millonarios que se han recaudado, pero no debemos olvidarnos de que el corazón de la plataforma son esos medianos y pequeños que no hubieran podido nacer en otro contexto”.

Máximas de emprendimiento

Entre la experiencia que vivió Perry Chen al intentar llevar un concierto a Nueva Orleans y la salida a la luz de Kickstarter pasaron siete largos años, en los cuales, relata Charles, se fue arando poco a poco el terreno para el nacimiento de la plataforma.

Esto de ninguna manera quiere decir que haya sido sencillo: todo lo contrario. De hecho, la mayor lección que le dejó haber concretado con sus dos amigos el inicio de Kickstarter es simple pero, a la par, poderosa: aprende a defender tu idea ante todo y ante todos.

“Creo que la parte más complicada para el emprendedor está siempre en proteger su idea, porque siempre existen momentos de debilidad en los que caes y te miras a punto de renunciar a ella, porque no avanza, no se logra o porque simplemente la gente te llama loco por lo que estás buscando hacer. Ahí es, más que nunca, cuando la perseverancia debe aparecer”, relata el emprendedor.

Agrega que, al comenzar un proyecto, es básico entender que las cosas pocas veces llegarán a resultar como uno espera, por lo que sugiere nunca suponer que la apertura de un negocio propio será un proceso color de rosa.

“Creo que hay una gran falacia cuando se piensa que todo va a salir bien cuando se abre una compañía. Es importante que los emprendedores volteen a ver las estadísticas y se den cuenta de que éstas están en contra de ellos. El camino siempre es rudo y tener éxito costará más que cualquier cosa”, advierte.

El último aprendizaje, pero no menos importante, que le dejó su experiencia en la apertura de Kickstarter fue siempre mandar a segundo plano cualquier interés que esté relacionado con temas económicos o, inclusive, de fama.

“Las empresas jamás se abren pensando en ganar dinero o conseguir fama; eso es lo último en lo que se debe pensar. En primer lugar, debe existir siempre un propósito con calidad, una utilidad clara de lo que se quiere conseguir”, enfatiza.

 

Internet no lo es todo

A pesar de su salida de Kickstarter, el aprendizaje de Adler obtenido ahí se mantiene a través de Lots Arts, un laboratorio que decidió abrir en Chicago para impulsar proyectos relacionados con el arte.

Esta última apuesta de Charles podría parecer extraña para muchos, sobre todo si se toma en cuenta el salto que decidió dar desde el mundo virtual, en el que vivió

durante su etapa en la plataforma, a su nuevo proyecto asentado en el plano físico.

Pero, ¿por qué motivo decidió hacer esto el cofundador de Kickstarter? Porque se dio cuenta de que, si bien internet es un elemento clave para los emprendimientos, también es importante que los líderes se den cuenta de que no pueden olvidarse de la tierra que está bajo sus pies.

“Creo que internet tiene un poder muy grande y que crecerá y crecerá con el paso de los años; pero los emprendedores no pueden olvidarse de que existe un entorno físico que deben considerar. Es real el hecho de que la web llegará a estar presente en todos lados; sin embargo, no olvidemos lo que está a nuestro alrededor”, aconseja.

De hecho, Adler asegura que la fórmula del éxito de grandes proyectos, como Netflix o Uber, los cuales parecieran 100% digitales, fue nunca olvidarse de la evaluación del comportamiento de las personas, sus movimientos, intereses, acciones y más, algo que no se ve únicamente en el área digital.

 

A la caza de nuevas ideas

Uno de los problemas que más se ha encontrado Adler en esta nueva ruta como consultor es la preocupación de los propios emprendedores por la velocidad con la que, en estos días, camina la innovación en el mundo, una situación que lleva a muchos a considerar, inclusive, que cada vez hay menos cosas nuevas por crear.

“Ese pensamiento es una gran tontería. Hay problemas que se tienen que resolver todos los días y en todas las áreas; ahí está la oportunidad para los emprendedores, quienes deben ser lo suficientemente creativos como para encontrar soluciones”, dice el diseñador.

Adler pone como ejemplo lo sucedido en el mundo durante los últimos 10 años. “En 2007 no existía Uber, Airbnb, Instagram o Kickstarter; nadie pensaba que cosas como ésas pudieran aparecer, pero lo hicieron y cambiaron la manera de hacer las cosas. En los próximos años sucederá lo mismo”, prevé.

Mientras estos grandes proyectos se generan, Charles Adler tiene muy claro cuál será su futuro: “Quiero seguir siendo impulsor del emprendimiento en el mundo, un hombre enfocado a la caza de nuevas ideas”.

 

 

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