Las producciones literarias electrónicas apenas van iniciando y poco a poco deberán encontrar su propia identidad que las separe de sus contrapartes en papel.

 

 

Es complicado hablar de innovación en el mundo de los libros digitales cuando hasta ahora sólo parecen adaptaciones simplistas del libro de papel en una pantalla. El periodista Philip Jones escribió: “Existe la sensación de que el ebook se está encasillando (…) se contempla como la versión facsímil más barata de los libros impresos”, pero no más.

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Muchos programas y apps para leer libros electrónicos han trabajado duro para simular elementos de la lectura en papel, como los efectos de pase de páginas y hasta los separadores para hacer más familiar la experiencia de lectura en la pantalla. Sin embargo, los resultados han sido pobres y han fallado para atraer más lectores a medios digitales.

Buena parte del problema está en el aparente “divorcio” que hay entre la gente que crea tecnología y la que crea libros, ya que las capacidades de los dispositivos de lectura digital no están puestas a disposición de los autores, o cuando lo están, los autores no las usan. Esta situación genera un círculo vicioso que estanca la innovación en la creación de libros digitales, en perjuicio del lector y de la industria.

Las tabletas electrónicas y los smartphones, los principales dispositivos usados para leer en una pantalla, tienen muchas capacidades que les dan inteligencia física y que podrían ser usados por los creadores para desarrollar sus obras: sensores como cámaras, micrófonos, acelerómetros y magnetómetros le permiten a estos dispositivos ver, oír, saber cuándo se mueven y hacia a dónde. Estas capacidades extendidas pueden ser utilizadas en los libros electrónicos, pero únicamente tendrán sentido si los autores las integran durante el proceso de creación.

Hay autores que argumentan que en los libros electrónicos “los hipervínculos distraen de la lectura” o que “las animaciones convierten al libro en videojuego”, pero eso pasa cuando la interactividad es agregada a un texto que no fue pensado desde su creación para ser interactivo. Las obras deben ser adaptadas para explotar cabalmente las ventajas de cada medio, y el contenido no sólo debe ser libre sino también lo suficientemente estructurado para que se adapte a cada canal, pero ése es un tema para otro día.

Tony Ageh, de la BBC, dijo que “la tecnología siempre llega a retar lo que pensamos de nosotros mismos, y el valor que nos dan los expertos”. La literatura electrónica apenas va iniciando y poco a poco deberá encontrar su propia identidad que la separe de su contraparte en papel.

 

 

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