Para muchos universitarios, llegar a un salón de clases, sentarse y escuchar por lo menos una hora al profesor equivale a tener varios minutos para revisar el Facebook, el Twitter, Periscope, correo, etc. “Debemos entender que los jóvenes tienen ciertos patrones de comportamiento, son multitareas. Yo lo observo con la gente del Tec y con los que están en mi casa, que están haciendo dos, tres cosas a la vez: hablan por teléfono, hacen la tarea, ven el celular, todo al mismo tiempo”, dice Pedro Grasa, rector del Tecnológico de Monterrey Zona Metropolitana.

Durante la charla, Pedro comentaba que el conocimiento que se pueda adquirir en la academia es muy importante, pero todavía más importante resulta la formación en competencias, que al final del camino serán las que también ayuden a buscar el conocimiento.

“Formar personas con conocimientos muy específicos nos puede llevar en un futuro a que tengan que reaprender muchas cosas. Entonces, lo más importante es desarrollar las competencias en la gente para permitirles adquirir ese conocimiento en función de la necesidad que vaya desarrollando durante su vida profesional”, dice.

Para Pedro, no necesariamente la educación tiene que impartirse en el aula. Al final del día nadie sabrá lo que es la guerra si no va a la guerra. En el año 2013, el sistema Tecnológico de Monterrey arrancó con un modelo educativo que se llama Tec21.

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“El modelo educativo pretende desarrollar competencias en los jóvenes a partir de retos. No es un grupo de 54 materias, es formar competencias de la disciplina; por ejemplo, si vas a estudiar mecánica, que seas competente en mecánica, y que desarrolles competencias para la vida en general, como trabajo en equipo, visión global, etcétera. Entonces ya no son materias, son retos que yo voy a poner y plantear. Alrededor de eso hay módulos de aprendizaje que tú vas a cursar para poder resolver ese reto”, dice.

 

Grandes retos

Hace algunas semanas concluyó uno de estos retos con alumnos de la carrera ingeniería industrial. Consistió en reunir a 16 alumnos de entre cuarto y quinto semestre para que participaran en un reto planteado por una empresa en Querétaro. Los alumnos fueron a la empresa tres semanas y dos regresaban para tomar las clases hasta reunir 18 semanas. El reto a resolver estaba relacionado con la administración de inventarios y con planeación, producción y procesos de calidad. Con la resolución de estos retos se pueden revalidar quizá una o dos materias, pero lo más importante es que los jóvenes aplican los conocimientos aprendidos en la universidad para resolver problemas reales en situaciones reales. Durante el periodo en que deben resolver el reto están acompañados por tutores que los guían en la resolución de los problemas.

“Buscamos jóvenes, no necesariamente con las mejores calificaciones, sino muy echados para adelante, deseosos de hacer cosas distintas y que les gusten los retos”, dice Pedro Grasa.

“Nosotros no mandamos chavos para que hagan un servicio, mandamos un reto con un modelo de aprendizaje que tiene que ser sólido desde el punto de vista académico. En vez de materias estaríamos viendo retos. Quizás al inicio (de la carrera) habría módulos sobre conocimientos que necesitas saber de base”, dice.

A finales del año pasado, Banorte lanzó un reto con los alumnos del Tec de Monterrey para descubrir cómo acercarse al segmento más joven. El reto fue de una semana. “Los chicos presentaron los proyectos y hoy hay 10 chavos que trabajan como becarios, y están desarrollando aplicaciones para Banorte”, asegura Pedro.

Otro de los retos sobresalientes fue uno que realizaron con el IMSS para el diseño de clínicas rurales. Éste consistió en desarrollar un programa para obtener un modelo de clínica de acuerdo con las condiciones del terreno y de las necesidades de la población. Después de introducir ciertas variables al programa, éste arrojaba el diseño ideal de la clínica.

Desde el inicio del nuevo modelo educativo del sistema Tec han participado más de 100 empresas; sin embargo, explica Pedro Grasa, todavía es difícil convencerlas de que participen. “Recursos que deba invertir la empresa y tiempo (son razones por las que no aceptan)… Yo creo que es una forma de hacer selección de talento. En vez de tener cosas sofisticadas en recursos humanos, ahí los ves en acción. Yo no sé si los chicos van a trabajar ahí o no, pero creo que la actitud de las empresas por la educación es pobre.”

Para Pedro Grasa, un tema de incentivos o algún tipo de subsidio para que las empresas apoyaran en este sentido no es viable, y es muy enfático en decir que esta opinión es muy personal. Considera que el verdadero incentivo está en tener mejores jóvenes, y mejores profesionistas, con una mejor educación.

Todavía falta apertura por parte de las empresas para este tipo de sistemas educativos. “Yo creo que es uno de los grandes retos que tenemos, de qué tanto compromiso hay. Tenemos que entender que los chavos están en procesos de formación.”

A la fecha, la mayoría de las empresas que han participado en el programa tienen directivos que son egresados de esta universidad.

 

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