Así como el ‘pinche’ define a México y el ‘boludo’ a Argentina, cada país latinoamericano tiene ‘su’ palabra, la palabra que más dice de su cultura, tradición e historia. Conócelas.

 

 

Semanas atrás se llevó a cabo el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que tomó particular relevancia por elegir las palabras más representativas de los países de habla hispana. Si Argentina, Colombia y Bolivia las tuvieron, México también y corrió a cargo del escritor José Emilio Pacheco.

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Cada vez que los intelectuales de la región se reúnen para trazar el nuevo destino que deberá tener la humanidad, surgen datos e informaciones que no podemos dejar pasar por alto.

En semanas anteriores se realizó el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en la Ciudad de Panamá. Espacio que aprovechó el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, para hacer un llamado a que cuidemos y respetemos a la lengua española como se cuidan “las amistades, el amor, la vocación”.

Pero más allá del cónclave intelectual, el Congreso de este año contó con la invitación que hiciera el periódico español El País para que escritores de 20 países de habla hispana, incluido Estados Unidos, definieran la palabra más representativa de su respectiva nación.

Bajo el nombre de “Atlas sonoro de las palabras más autóctonas del español”, el proyecto se nutrió con las ideas y expresiones de escritores como Juan Gelman, Antonio Skármeta, Laura Restrepo, por mencionar algunos, quienes definieron, cada uno a su manera, por qué cierta palabra va asociada a su cultura, su idioma y su país.

Las aportaciones fueron de lo jocoso, lo pícaro, lo histórico, hasta lo anecdótico, lo trágico y, claro está, lo académico.

Por parte de México el escritor José Emilio Pacheco (México, 1939), Premio Cervantes 2009, no dudó en afirmar que la palabra que hace, define y delinea a nuestro país es “pinche”.

Pacheco así lo dijo: “En México, pinche canceló su acepción normal para adquirir, no se sabe cuándo, las características de un epíteto derogatorio que sorprende por su omnipresencia y durabilidad.

Pinche puede ser un empleado, el hábito de fumar, la suerte, un policía, una camisa, un perro, una casa, una persona, el mundo entero, una comida, un regalo, un sueldo o bien lo que a usted se le ocurra. Se trata, pues, de un epíteto que degrada todo lo que toca. Normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende y humilla pero no podemos cambiar”, escribió el autor mexicano.

Y si “pinche” es para México, obvio para Argentina es “boludo”, término que según Juan Gelman “ha perdido el sentido insultante” y ya se usa “más desenfadado”.

El escritor chileno Antonio Skármeta se aprontó la palabra “Patiperro”, por ese énfasis de los chilenos de querer romper los límites, “curiosear”, afirma Skármeta. Para Costa Rica, Carlos Cortés ha elegido “Tuanis”, porque “tuanis es todo y nada”.

Estados Unidos, con su 65% de población latina originaria de México, siendo el grupo más grande de origen latino en aquel país, eligió al escritor norteamericano de origen colombiano Sergio de la Pava para que determinara que la palabra “parqueadero” como la representativa de los hablantes hispanos en Estados Unidos.

La explicación de De la Pava es bastante interesante: “Nuestra palabra tiene su origen en el spanglish o, mejor, el espanglish. Los idiomas son herramientas de los humanos no al reverso, así que si toca combinarlos para ser entendido con rapidez, como frecuentemente le toca al inmigrante, pues así crecen nuestras raíces. Solo cuida, cuando estés parqueando el carro, que no te den un ticket”.

España se inclina por “contradiós”, que de acuerdo a Álvaro Pombo, es un coloquialismo “que se usa para designar un disparate”, cosa absurda o contraria a la razón. (De ser así, lector, gran parte de este mundo vive un “contradiós”).

También pasamos por el “kaibil” de Guatemala; la “pija” de Honduras; el “chunche” de Nicaragua y la “curuvica” (“pequeñísimo fragmento resultante de la trituración de algún material sólido. Como un párrafo desprendido de una obra”, según lo explica José Pérez Reyes) de Paraguay.

Y así para las 21 naciones y sus escritores. Cada uno de ellos definió en un párrafo, de forma breve y contundente, los alcances y límites de “su” palabra, oriunda, por origen o por mutación del lenguaje o de la historia, lo que los hace y los que los forma.

De ser así, y siguiendo las palabras de Don José Emilio Pacheco, México es un país muy “pinche”. Y aquí cada quien que juegue con la expresión a su manera, tal y como nos convoca Pacheco en su explicación: “admite grados y amplificaciones (…). A veces puede ser un sustantivo inapelable (…); (o) puede adquirir el rango de injuria máxima”.

Yo, lector, me quedo con la última sentencia del escritor mexicano: “Si el uso está restringido a México, resulta algo anecdótico e insignificante frente al hecho de que, a diferencia de tantos otros idiomas, quinientos millones de personas podamos entendernos en nuestra lengua materna. Es una ‘pinche’ desgracia que muy pocas veces tengamos conciencia de este prodigio”.

Y tú, lector, ¿qué opinas?

 

 

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