Los cambios en la Constitución plantean una cesión del poder central del gobierno y una apertura al capital privado, pero tienen implicaciones más profundas. 

 

Éste es un post invitado de Ana Swanson, una escritora independiente e investigadora en el think tank New America Foundation, en Washington, D.C.

 

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Desde que China reveló sus metas de largo alcance para la economía hace unos días, muchos han expresado su decepción por el fracaso del gobierno para hacer frente a la reforma política o limitar el papel de las empresas de propiedad estatal (EPE).

La “decisión” de 60 puntos que el gobierno dio a conocer el 15 de noviembre incluye algunas reformas para avanzar en los derechos políticos y limitar la persecución, como la relajación de la política del hijo único, la supresión de los campos de trabajo, la reducción del uso de la pena de muerte y el fortalecimiento de la independencia del poder judicial de los gobiernos locales. Pero, por otra parte, las reformas se han enfocado de manera casi uniforme en la economía. Del mismo modo, los líderes chinos en gran medida guardaron silencio sobre el papel de las empresas de propiedad estatal, con excepción de una propuesta para poner un mayor porcentaje de las ganancias de las EPEs en el fondo de seguridad social para el año 2020, una reforma que el economista Michael Pettis ha calificado de “mejor que nada, pero apenas”.

Sin embargo, la falta de reformas políticas en China desmiente una realidad más profunda: que las reformas económicas a menudo tienen consecuencias políticas. El documento de reforma introdujo muchas medidas que de diversas maneras incrementarán los derechos económicos de las personas y las empresas privadas y pondrá un freno a las políticas preferenciales que apuntalan a las empresas estatales. Estas medidas son ampliamente vistas como necesarias para reducir la dependencia de la economía china de la inversión y mantener su crecimiento a largo plazo.

Estas reformas pueden no parecer políticas a primera vista, pero si se aplican —siempre habrá un gran “si”— podrían sentar las bases para una lentísima liberalización política. La riqueza, el poder y los derechos pasarán desde el gobierno y las empresas estatales hacia los individuos y las empresas privadas. ¿Qué podría ser más político que eso?

 

Ahora, para el meollo del asunto

El mayor cambio propuesto por el gobierno chino es el esfuerzo muy comentado de replantear la relación entre el gobierno y el mercado al permitir que las fuerzas del mercado desempeñen un papel “decisivo” en la asignación de recursos en lugar de la función “básica” asignada a ellos desde 1993. La reforma busca reducir la gestión del gobierno central sobre “cuestiones a nivel micro” y poner fin a la excesiva intervención del Estado. También hace un llamado a la profundización de las reformas administrativas y el respeto a la autoridad de la Constitución, incluso utilizando al sistema judicial para asegurar que “el poder esté encerrado en una jaula de reglas”.”

Luego está la gran cantidad de reformas detalladas que incrementalmente reconfigurarán la distribución económica de China al eliminar el sistema que ofrece a las empresas estatales y gobierno acceso a financiamiento artificialmente barato, tierras y recursos y protege a los monopolios estatales mediante la construcción de barreras de entrada. Entre ellas se encuentran propuestas para:

• Permitir a los inversionistas privados establecer bancos y bolsas de valores en China para adoptar un sistema basado en el registro de ofertas públicas, las que reducirían la ventaja de que las empresas públicas tienen en la obtención de financiamiento.

• Liberalizar los precios del agua, el petróleo, el gas natural, la electricidad, el transporte y las telecomunicaciones. Los bajos precios fijados por el gobierno para estos insumos benefician especialmente a los fabricantes que requieren muchos recursos, empresas que en su gran mayoría son de propiedad estatal.

• Regular las inversiones mediante el uso de una “lista negativa”, en lugar de largas aprobaciones gubernamentales. Las empresas tendrán permitido invertir en cualquier sector no especificado por la lista, nivelando el campo de juego para las empresas extranjeras y nacionales y eliminando a los monopolios estatales en algunos sectores.

El documento también contiene varias disposiciones que ampliarían el poder económico de los individuos, por ejemplo propone:

• Unificar los mercados dela construcción rurales y urbanos, al permitir que las tierras rurales de propiedad colectiva que no se utilicen para la agricultura puedan entrar en los mercados de bienes raíces a los mismos precios y con los mismos derechos que las tierras de propiedad estatal. Esta reforma socavaría el lucrativo monopolio de los gobiernos locales sobre los mercados de tierras e impulsaría los ingresos de los agricultores.

• Hacer un progreso constante en la liberalización de los mercados financieros, incluyendo la mercantilización de las tasas de interés y el tipo de cambio y la apertura de la cuenta de capital. Estas reformas tienen implicaciones de gran alcance para las empresas privadas, que a menudo son excluidas del financiamiento, así como para los ahorradores promedio, que ganan rendimientos artificialmente bajos de por sus ahorros debido al sistema de represión financiera y las estrictas barreras de inversión exterior de China.

Para empujar las múltiples reformas, el documento llama al establecimiento de un pequeño grupo para supervisar las reformas económicas, una estrategia eficaz en el pasado para superar las rivalidades entre la vasta burocracia china.

 

El pensamiento correcto

Dada la gran escala de estas reformas y sus implicaciones políticas, ¿por qué parecen decepcionados algunos analistas occidentales? Huang Jing, profesor de política china en la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew en Singapur, dice que la actitud refleja una “mentalidad políticamente correcta” en Occidente de que “el gobierno del partido único es absolutamente malo y también lo son las empresas de propiedad estatal”. Algunos analistas parecen decepcionados de que estas reformas tienen como objetivo terminar con el monopolio de las empresas estatales, en lugar de hacerlo con las propias empresas de propiedad estatal.

Pero está claro que terminar con las empresas estatales —o con el gobierno del Partido Comunista— no está en la agenda de Beijing. El apetito de China es por las reformas, no la revolución, dice Huang. “A menudo sostengo que la condición previa para la revolución es que las personas no tienen nada que perder. Pero en la China de hoy la mayoría de la gente tiene mucho que perder.”

En su lugar, el objetivo de Pekín es fomentar el crecimiento de la iniciativa privada, la innovación y una industria de servicios. Los cambios institucionales son vistos como necesarios para revitalizar la economía, disminuir la desigualdad económica y mantener al partido en el poder. Para ello es necesario limitar a los monopolios de las empresas estatales y la creación de un campo de juego nivelado para las empresas, independientemente de su tipo de propiedad.

Éstos son objetivos loables. El problema de las empresas estatales chinas, después de todo, no es que sean de propiedad estatal. Países como Suecia y Reino Unido protegen a sus empresas estatales, sobre todo en los monopolios naturales y en industrias políticamente sensibles. El problema de las empresas estatales chinas es que obtienen grandes ganancias gracias a su acceso a capital barato, lucrativos contratos con el gobierno y sus posiciones de monopolio protegido, en lugar de hacerlo a través de la innovación o la eficiencia. Unirule Institute of Economics, una firma de investigación, ha estimado que la eliminación de los precios de monopolio y los subsidios directos erradicarían casi todos los beneficios de las empresas estatales.

En comparación, las pequeñas y privadas empresas representan una minoría de los activos y el financiamiento de China, pero la mayoría de las exportaciones, la inversión en activos fijos urbanos y el PIB. Mediante la absorción de una cantidad excesiva de recursos en un país de bajos ingresos, las empresas estatales desplazan a estas empresas más eficientes e innovadoras del sector privado, lo que limita el potencial de crecimiento de China y su nivel de vida.

Hoy en día, casi nadie que observe a China de cerca afirma que este modelo de crecimiento es sostenible, incluyendo a su alta dirección, pero la alteración de este modelo económico requerirá un cambio político. El documento dejó en claro que China no podía continuar para desregular y sin cambios en el sistema político, dijo David Lampton, Director de Estudios de China en la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados en Washington, DC: “Sin reducir el poder del partido no puede tenerse un papel más importante para el mercado… es el documento político más importante [para] la posibilidad de cambios políticos desde finales de 1980.”

 

Instituciones extractivas

Desde que Mao Zedong se dedicó a la construcción del nuevo Estado chino en los años 50 y 60, se edificó un sistema autoritario no sólo en su política, sino también en su economía. La China maoísta contó con un sistema de instituciones extractivas en las que los trabajadores tenían poca libertad y el producto de su trabajo se canalizaba al Estado. Él guió a los agricultores a comunas de propiedad estatal  que proporcionaba productos agrícolas a costos muy bajos.

La riqueza producida en el campo era utilizada después para financiar el verdadero objetivo de Mao, la industrialización urbana al estilo soviético. Las empresas estatales llevan a cabo toda la producción industrial, y las ganancias derivadas eran devueltas de nuevo al Estado. El gobierno determinaba casi todo en la vida de una persona, su trabajo, su vivienda, el tamaño de su familia.

Desde la muerte de Mao, los líderes chinos han desmantelado gradualmente ese sistema. La más reciente ronda de reformas promete casi terminar el trabajo. La reforma agraria concedería a los agricultores la posibilidad de vender sus tierras y propiedades como residentes urbanos rurales, mientras que las reformas al sistema de registro hukou eventualmente permitirán que se muevan libremente por el país. Las reformas administrativas y financieras darían a empresarios privados oportunidades similares a las empresas de propiedad estatal y dotaría a los individuos de una mayor igualdad de oportunidades.

Hay salvadedes: Es poco probable que el Estado retroceda sustancialmente. Es probable que el gobierno renuncié a la fracción de poder necesaria para dar un nuevo impulso a la economía y al partido el mandato para gobernar. Y aun cuando las reformas establezcan nuevos derechos, Beijing está trabajando para fortalecer el poder del gobierno central. La formación de un organismo de seguridad nacional, que dependerá directamente del presidente, ha sido ampliamente vista como un esfuerzo para centralizar ese control. Sin embargo, esta medida también debe ser vista como un reconocimiento de que muchas de las reformas económicas propuestas debilitarán el poder central.

Por último, todas estas consecuencias dependerán de si las reformas se implementen —y en qué medida—. Los máximos líderes chinos ciertamente parecen decididos a llevar a cabo estas reformas, tal vez porque saben que las palabras con determinación y una demostración de voluntad serán necesarias para superar la resistencia política. Pero la historia sugiere que la mayoría, si no es que todas las reformas se llevará a cabo. Lampton señala que hay puntos contradictorios en el documento —algunos lugares hacen hincapié en el mercado, mientras que otros hacen hincapié en el papel líder de la empresa estatal— lo que indica un debate interno que aún debe ser resuelto.

Democracia, Estado de Derecho y libertad de prensa siguen siendo sin lugar a dudas perspectivas distantes, pero sin duda los cambios implementados desde Mao han aumentado la libertad personal y la mejora de los derechos humanos. En el giro que se da al sistema de intervención gubernamental frecuente hacia uno basado en reglas, leyes y normas, las últimas reformas económicas de China podrían reequilibrar aún más las relaciones políticas. “En mi opinión, refleja una profunda reforma política”, dijo Huang. “¿Qué tan lejos pueden ir, aún está por verse, pero la dirección está ahí.”

 

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