Las series son el aliado perfecto de la TV por cable y las nuevas formas de distribución de contenido en su competencia contra la TV abierta. En México, ayudaron a las cableras a dar su primer golpe y superar en audiencia a las televisoras dominantes.

 

Por Rogelio Segoviano

 

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Las series de televisión se han convertido en uno de los géneros más vistos en todo el mundo. La historia de zombis The Walking Dead, por ejemplo, mantuvo en sus tres primeras temporadas un rating promedio de 11.5 millones de especta­dores por episodio –tan sólo en Estados Unidos–, con picos en algunos capítulos de hasta 14.8 millones.

Y la tendencia es a la alza. Las mayo­res cadenas de televisión, sobre todo de Estados Unidos, dan altos porcentajes de sus presupuestos a las series. Los produc­tores de House of Cards, protagonizada por Kevin Spacey, recibieron de la distri­buidora en línea Netflix casi 100 millones de dólares (mdd) para la realización de las dos primeras temporadas, de 13 ca­pítulos cada una. En esa línea, la cadena ABC invirtió 10 mdd sólo en el primer episodio —de la primera temporada— de la serie Lost, cuya trama iniciaba con un espectacular accidente aéreo.

“Las series transforman el entre­tenimiento dentro de casa. Las series son una razón de peso para que una persona decida suscribirse a algún sistema de TV de paga”, dice Lorenzo Orozco, director general en México de Fox International Channels.

En México, eso hoy es más cierto que nunca: de acuerdo con los datos más recientes, la TV de paga ya desbancó a TV Azteca del segundo lugar en audiencia, con 27.4% de los televidentes, solo debajo de Televisa. La TV de paga creció 53% en los últimos tres años, indica el estudio Establishment Survey 2013, hecho por Nielsen-ibope con base en 23,040 encuestas aplicadas en 28 ciudades.

El futuro no parece pertenecerle a la TV abierta. De cada 100 niños mexicanos me­nores de once años y de clase media y alta, 51 ya no ven televisión abierta sino algún sistema de cable, según el Latin American Multichannel Advertising Council (la­mac). Eso significa un aumento del rating superior a 100% contra 2005, agrega el organismo, que agrupa a 49 canales de te­levisión de paga. De seguir esa tendencia, los suscriptores de TV de paga en el país podrían superar los 15 millones antes de finalizar este año y eso es una penetración de más del 50% de la población, estima Baumgartner, responsa­ble el México del lamac.

 

El cocinero hace historia

A pesar de que ya pasaron varias semanas de la transmisión del último episodio de Breaking Bad, todavía se habla por todas partes del final que tuvo el “cocinero” Walter White, interpretado por Bryan Cranston. Como pocas veces, la delibera­ción ha sido unánime en cuanto a califi­carla como una de las mejores series de la historia de la TV, si no es que la mejor.

Quién iba a imaginar que la idea de hacer la serie surgió de la broma de un guionista desempleado que le decía a un colega, también sin trabajo, que ya que los habían echado de la serie Los expe­dientes secretos X, lo mejor sería dedicar­se a cocinar metanfetaminas en la parte trasera de una casa rodante.

Es probable que los ejecutivos de las cadenas HBO y FOX todavía se den de topes por rechazar la producción de esta serie cuando se las ofreció el guionista Vince Gilligan.

Por suerte para Gilligan, el canal de cable AMC salió a su rescate. Si bien la primera temporada sólo tuvo siete episodios, debido a la huelga de guio­nistas, Breaking Bad se estrenó en enero de 2008 en Estados Unidos. Y aunque el costo promedio de cada capítulo fue de 3 mdd, los niveles de audiencia no res­pondieron a la expectativas, pues apenas alcanzó 1.3 millones de televidentes. “En estricto rigor, debieron habernos can­celado la serie, pero por esas cosas del destino continuamos y el boca a boca se convirtió en elemento clave [del éxito]”, explicó Gilligan a la prensa, luego de recibir un Emmy en la pasada gala de estos premios.

Según Gilligan, los sistemas de strea­ming en Internet ayudaron a conquistar seguidores. “Netflix nos mantuvo en el aire, creo que la serie no hubiera durado más allá de la segunda temporada. Es una nueva era en la TV y hemos sido afortunados de lograr beneficios de ello”, añadió el guionista.

“Lo que hizo [la serie] 24 con el asunto de contar las cosas en tiempo real, Breaking Bad lo hace en la forma de involucionar a un personaje, es decir, siempre está la onda de convertir a un hombre pobre en rico y de ver cómo triunfa el bien sobre el mal, pero aquí tenemos a un personaje honesto y puro, y conforme transcurre la historia se per­vierte y corrompe muy lentamente —se­ñala el crítico Julio Vélez, quien no duda en considerar esta serie como uno de los mejores dramas que se haya realizado. Ya lo había advertido desde el inicio Gilli­gan, que cuando llegara el final íbamos a odiar a Walter White”.

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De Lucy a Tony

A pesar de que a finales de la década de 1940 hubo intentos de llevar las ra­dionovelas a la TV, fue hasta 1951 cuan­do surgió la que es considerada como la primera serie de TV en la historia: I Love Lucy. Durante una década, la serie protagonizada por Lucille Ball reinó en el horario estelar (prime time) de un nuevo aparato que invadía los hogares de la clase media estadouni­dense.

A las aventuras de Lucy siguieron dos series, que lograron con­quistar a los televidentes, y en poco tiempo se convirtieron en clásicos de la pantalla chica: Bonanza y El Gran Chaparral.

Ya no había marcha atrás, el ca­mino a seguir estaba marcado. Los especialistas en contenido de TV no se la piensan mucho al asegurar que Los Soprano, de la cadena HBO, marca un antes y un después en el género de las series. De la mano del productor, director y guionista David Chase, así como del actor James Gandolfini, fallecido hace unos meses, Los So­prano no sólo vino a darle la vuelta al género de gángsters, sino que ayudó a redefinir el estilo de las series desde su concepción y desarrollo, hasta la manera de promocionarlas, transmi­tirlas y comercializarlas.

Por casos como ése puede decirse que si algo define la creatividad y el gusto de todos los públicos en esta época son las series de TV. Su larga duración, audacia, refrescante promesa de sorprender con giros de tuerca y, sobre todo, la desme­dida identificación que provocan sus personajes con la audiencia, las hacen irresistibles para amplias audiencias.

 

Nuevas plataformas

Más allá del éxito de Breaking Bad en los Emmy —galardonada como la Mejor Serie Dramática— llamó la atención que, por primera vez en los 65 años de historia del premio, haya sido nominada en las principales categorías House of Cards, una serie jamás transmitida por TV. Eso fue la punta de un iceberg que amenaza con transformar la forma de ver televisión.

House of Cards, producida y dirigida por el cineasta David Fincher, atrajo la atención no sólo por obtener nueve nominaciones al Emmy (aunque sólo ganó el de Mejor Dirección), sino por ser la primera serie original de Netflix, lo que cuestiona el futuro de la TV. También significa que a la guerra por la audiencia entre TV abierta y TV de paga, se suma un nuevo contendiente, cuya lógica comercial es distinta de la tradicional.

Netflix también está detrás de Arrested Development, Hemlock Grove y Orange is the New Black, que jamás han pasado por la TV pero que conquistan a los jóvenes y cautivan a los críticos, y en esa medida marcan tendencia en la for­ma de consumir contenidos audiovisua­les.

“La TV abierta es un sistema con un número de canales limitado y en forma­to analógico, mientras que ahora puedes ver ‘la señal’ en diferentes formatos y dispositivos, que van desde la TV con­vencional hasta computadoras, tabletas, iPods y celulares, y todo en tiempo real o diferido”, dice Francisco Vidal Bonifaz, investigador en medios de comunicación.

Uno de los objetivos de la cadena FOX es sacar de la TV todos sus conteni­dos y llegar a la gente a través de distin­tas plataformas y dispositivos digitales, dice Orozco. “Sabemos que en el mundo actual no hay tiempo para pasar todo el día sentados frente al televisor, así que tenemos nuevas ventanas en Internet a través de los portales Fox Play y Moviecity Play, donde los clien­tes pueden disfrutar de forma gratuita de todos nuestros contenidos”, añade Lorenzo Orozco.

 

Ciencia detrás de las cámaras

Las series de televisión son casi una ciencia, nacen de ideas muy estudiadas y no dejan lugar para cabos sueltos, dice Vélez.

Algo que impulsó las series fue la incorporación de estrellas de cine como protagonistas, incluidas algunas que antes desdeñaban trabajar para la pantalla chica. Y eso lo lograron con historias fuertes, per­sonajes sólidos y directores y guionistas de prestigio en sus producciones.

Los presupuestos también han subido. Algunos episodios de Game of Thrones pudieron haber costado hasta cinco mdd, aunque en otros hayan gastado no más de 1 mdd. The Walking Dead puede parecer de gran presupuesto, pero en realidad no lo es, pues mucho del gasto se va en maquillaje. “La gran cosa en The Walking Dead es que los guiones, como la cinematografía y la dirección en cada episodio, la hacen lucir como una serie de gran calidad, pero no necesariamen­te de gran presupuesto”, añadeVélez.

 

La TV abierta se apaga

El éxito avasallador de las series alcanza a México, con sus consecuencias. Según los datos más recientes, hay una fuerte recomposición del sector que es desfa­vorable a la TV abierta. En cifras dadas a conocer a finales de junio, la audiencia se divide así: 43.4% para Televisa, 27.4% para la TV restringida y 19.5% para TV Azteca. Los nuevos datos también indican que, en puntos de rating, la TV de paga pasó de 2.01 a 3.53, un avance de 76%.

La Comisión Federal de Telecomu­nicaciones (Cofetel) reportó que en el segundo trimestre se agregaron 990,304 nuevos suscriptores a la TV de paga, el mayor crecimiento en los últimos cinco años no sólo en México, sino en América Latina. La TV de paga llega a 48.6% de los hogares, unas 14.5 millones de familias o casi 51 millo­nes de personas.

Ante ese panorama, la TV abierta y su arma fuerte, las telenovelas, no tiene mucho qué hacer.

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