Desde Mérida, tuvimos la oportunidad de ver el tercer debate presidencial. El formato, en lo personal me parece de entrevista colectiva, más que de debate. En cuanto a la moderación, esta ocasión, con dos de tres moderadores con mayor entendimiento que los protagonistas son los propios candidatos. Me llamó la atención que independientemente de amores y fobias partidistas, había un ambiente de amabilidad hacia Andrés Manuel, neutralidad hacia José Antonio, hostilidad hacia Ricardo, y actitud protocolaria hacia Jaime.

Dicho lo anterior, quiero centrarme hoy en las sonrisas, y las posturas que alcanzamos a ver de los candidatos durante sus propias intervenciones, como en las de los demás.

Se dice que, las sonrisas son las expresiones más sutiles y complejas que existen. A través de ellas, expresamos lo que sentimos y pensamos, aún al estar en silencio. Las sonrisas son por ello, un lenguaje.

De acuerdo con el orden en que se abrió el debate:

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Ricardo Anaya.

Mantiene su atuendo en traje azul marino, camisa blanca, y corbata azul, combinación como símbolo de autoridad, y apertura a la comunicación. Es al único que el traje se le ve bien al estar sentado durante todo el evento, que mantiene una postura erguida y supo ajustar adecuadamente la altura de su silla.

Arranca serio, y en términos generales se mantiene así durante el debate. Las constantes sonrisas, ya sea por placer, ironía o sonrisas forzadas que le habíamos visto en los debates previos, desaparecen. Son pocas ocasiones en las que sonríe y que dirige su mirada hacia alguno de los candidatos. Durante las intervenciones de los demás, mantiene mayoritariamente la vista al frente o se le ve haciendo notas. Durante el evento, sus gesticulaciones son de certeza en lo que dice, de tensión y preocupación al hablar de guerra sucia en su contra. Simplifica su comunicación verbal, y a nivel de cercanía, le cuesta trabajo generar empatía.

Las manos las utiliza dentro del marco cara-mesa y extiende sus brazos ligeramente más allá de sus hombros. Corporalmente “ocupa” su espacio y se muestra cómodo. Sus ademanes, acompañan su discurso, lo que lo hace coherente. Durante sus intervenciones post-cuestionamientos, se debate entre mantener la mirada con el periodista, y ver a la cámara. En cuanto a contenido, respondió sin evadir, y con propuesta atractiva para mujeres al buscar equidad de pago, y jóvenes a través de acceso a tecnología. Sin duda alguna, es el que mejor maneja el tiempo.

Andrés Manuel López.

Al ser el puntero en las encuestas, también lo analizo un poco más. Para este tercer debate, cambia su atuendo, de combinación opresora (traje negro) a una combinación con mensaje autoridad a través de traje azul marino que, por cierto, le queda mucho mejor en talla, y camisa blanca que le queda perfecta. Mantiene corbata color vino como símbolo de poder. Por la forma en que está sentado, ya para su segunda intervención, el saco se le ve mal en hombros y cuello.

Arranca de forma amable. Es el candidato que, a través de su tono de voz y muecas, más empatía genera. Su tono de voz fue cálida (me imagino una taza de chocolate caliente).

Principalmente sus sonrisas durante el debate fueron de picardía y nerviosismo. La única sonrisa genuina que muestra durante el debate es, cuando “El Bronco” le pide nuevamente que le firme el compromiso de devolver recursos al INE.

En términos generales su sentado es echado hacia atrás manifestando comodidad; echado al frente con tema de cancelación de reforma educativa; encogido al hacer su anuncio de quién sería su titular de Conacyt (aclaro que el anuncio le permite evadir la respuesta a lo que haría en ciencia y tecnología); de evasión hacia Anaya, al darle gran parte del debate, sutilmente la espalda; de interés hacia “El Bronco”, lo cual me llamó mucho la atención; y finalmente, de menosprecio hacia Meade al verlo inclusive hacia abajo.

El manejo del espacio en brazos es limitado, al mantener “pegadas” las axilas. Sólo abre su postura al referirse a, que Meade y Anaya van empatados en segundo lugar, muy por debajo de él, y se echa hacia atrás en su silla con comodidad.

Durante su intervención, posterior a las acusaciones de Meade de pérdida de empleo durante su gestión, se le ve muy incómodo, jugando con botones de manga de camisa. Me recordó a la forma en el presidente Peña Nieto sacó el estrés durante la sesión de fotografías de “los tres amigos” junto con el Primer Ministro Trudeau, y el presidente Obama, en Otawa.

En cuanto a contenido, se mantiene en su discurso anti corrupción. Sin embargo, ante el cuestionamiento de Anaya con las fotografías, sobre las asignaciones directas de contratos durante su gestión como Jefe de Gobierno del DF, su postura inicialmente es de sorpresa. Pero ante la insistencia, lo vemos con un pico de enojo en el que crece corporalmente, y posteriormente, pareciera hacerse se chiquito, cierra los ojos para evadir, y voltea su cara al piso, del lado contrario a Ricardo, buscando su agua. Esta última reacción, manda un mensaje de completa evasión e inclusive vergüenza, probablemente porque por unos segundos perdió el control y recordó que ello es lo que le ha jugado en su contra en campañas pasadas.

Finalmente, cuando menos tiene dos ocasiones en la que niega con la cabeza lo que dicen sus palabras: al decir que bajará los suelos de los de arriba, y también al decir que sí valora a los maestros

José Antonio Meade.

Mantiene el traje de corte clásico azul marino, camisa blanca como símbolo de autoridad, y cambia en esta ocasión a corbata verde, que apoya un mensaje de cercanía y amabilidad. Probablemente tanto por altura en silla como postura de brazos sobre la mesa, el saco se le ve mal en los hombros y espalda durante todo el debate.

Arranca de forma cálida. Durante el debate se le ve cómodo. En esta ocasión saca el estrés a través de movimiento recurrente de hombros y cuellos, así como a través de movimientos sutiles de acicalamiento con dedos ante comentarios incómodos.

Durante las intervenciones de los demás, se le ve atento. Con sonrisa pícara durante intervenciones de Andrés Manuel. El movimiento de brazos es limitado. Mantiene los codos mayoritariamente sobre la mesa, como ancla y protección. Me parece que, en este último debate tuvo su mejor desempeño. Se le vio cómodo y con el conocimiento de causa y solución, tanto en educación como en temas de gestión económica.

Como mujer me pareció indignante que, ante la pregunta sobre equidad de género, su comentario inicial antes de responder, fue mandar mensaje de suerte a la Selección Mexicana durante el Mundial próximo a iniciar. ¿La razón? Muy simple, ¿nadie le avisó a José Antonio sobre la fiesta con escorts que organizaron de despedida los seleccionados? ¿Por qué enviar mensaje de suerte a quienes de alguna forma promueven trata de personas como primer comentario sobre equidad de género?

Jaime Rodríguez “El Bronco”.

Cambia su corbata a azul turquesa, ahora con un nudo más grande y de acuerdo con su composición corporal, lo que le facilita mandar un mensaje de cercanía y consistencia. Mantiene su traje azul marino con camisa blanca como símbolo de autoridad.

Al Bronco se le ve cómodo durante todo el debate echado hacia atrás y hacia delante corporalmente. Sus sonrisas son genuinas y busca ser incluido en la conversación de los demás en distintas ocasiones. Es astuto y mueve límites de cercanía con tono de voz y sonrisa.

Mantiene un discurso es simple y tajante, por ejemplo cuando resalta el papel de los papás en la educación, y lo importante que es devolverle la autoridad al maestro.

Desde mi opinión ciudadana, pareciera que tendremos Bronco para rato.

Finalmente, llevadas, las sonrisas a nuestras organizaciones, recordemos que:

  • Abren puertas al ser amables y genuinas.
  • Inclusive podemos mandar mensaje de desaprobación a través de ellas.
  • Se nota, sólo por la voz, si alguien por teléfono está o no sonriendo.

Como bien dicen, no somos responsables de nuestra cara, pero sí de la jeta que ponemos.

 

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