Por Marcelo de la Garza*

El sector industrial de México necesita mantener su nivel competitivo a nivel mundial para permanecer en el top 10 de países manufactureros. Según el Global Manufacturing Competitiveness Index, de Deloitte, este año nuestro país se ubicará en el puesto número 7 de las naciones más atractivas para el sector industrial.

En este escenario, hay que enfrentar una cruda realidad: las ventajas competitivas que históricamente ha tenido nuestro país han perdido peso. Quizá te preguntes si dejamos de ser privilegiados por la cercanía geográfica que tenemos con Estados Unidos, posiblemente dudes si nuestros recursos naturales dejaron de ser envidiables, o si nuestra fuerza laboral dejó de ser competitiva. Esos aspectos siguen siendo importantes, pero ya no fundamentales.

Y también hay que decirlo claramente: históricamente, la mayor ventaja de México ha sido la mano de obra barata, la cual, paradójicamente, ahora se convierte en nuestra mayor amenaza. ¿Por qué? Por el dinamismo tecnológico que vive el mundo, el cual prioriza una robusta capacidad innovadora en los países, en lugar de una mano de obra intensiva y de poca especialización.

Y no me refiero a máquinas altamente automatizadas. Eso es un asunto del pasado. Estamos en medio de la Cuarta Revolución Industrial, cuyo enfoque es la rentabilización de los datos digitales en todos los procesos y a lo largo de toda la cadena de valor, generando eficiencias exponenciales, sin precedentes, y, en algunos casos, nuevas fuentes de ingresos.

Pero, entonces, ¿estamos perdidos ante este escenario? Afortunadamente no. La mayoría de los países con los que competimos actualmente, y con los que competiremos en el mediano plazo, están en una fase incipiente respecto a las tecnologías emergentes de esta era. Muchas empresas están descubriendo su potencial y haciendo pruebas piloto y realmente pocas son las que han hecho proyectos a gran escala.

Hay tiempo, pues, pero no demasiado. Digamos que las tecnologías emergentes deberían ser un tema de conversación en tus reuniones de planeación.

Y debido a que algunas de estas tecnologías son complejas de adoptar, las startups parecen ser la clave para explotarlas. Si buscas innovar y no sabes cómo, el modelo startup podría ser la respuesta.

Al menos, las cifras muestran una correlación entre los países más innovadores y aquellos que tienen el mejor ecosistema emprendedor.

Por ejemplo, seis de los 10 países más innovadores del mundo (Alemania, Corea del Sur; Suiza, Suecia, Dinamarca y Estados Unidos, según Bloomberg) también aparecen en el top 10 del ranking de emprendedores de BAV Group y la Universidad de Pensilvania.

¿Qué tiene de especial este modelo de negocio? Las startups son especialistas en asumir riesgos para innovar en ambientes de incertidumbre. Son ágiles en la creación de nuevos productos y servicios, en especial con presupuestos ajustados.

¿Cómo puede beneficiarse tu empresa de este modelo? Considérala como tu unidad especialista en probar nuevas tecnologías y asumir cualquier tipo de riesgo, sobre todo con aquellas tecnologías que difícilmente van a salir de tu compañía.

Lamentablemente, México es un país nuevo en el entendimiento de las startups. De ahí que la mayoría muera a los dos años —casi 7 de cada 10, según el Instituto del Fracaso— por falta de ventas, ya que los canales para llegar al mercado son complejos y conservadores. Por el lado de los grandes corporativos, los tomadores de decisiones difícilmente asumen el riesgo de contratar algo “no probado”, además de que sus procesos de cierre y condiciones de venta —pagos a 90 días, por ejemplo— están totalmente desalineados con las necesidades de la startup. Estos factores son críticos en un modelo de negocio que cuenta sus días para sobrevivir.

Esto nos muestra que hay un reto cultural. Muchas empresas deben modificar este tipo de procesos y ajustarlos a una nueva realidad, desarrollando a su proveedor y, desde luego, construyendo una relación ganar-ganar.

Ya estamos dando algunos pasos en el sentido correcto. Iniciativas como MIND 4.0, que vincula a empresas tractoras con startups en proyectos muy puntuales, es vínculo efectivo entre estos dos mundos. Los corporativos acceden a innovación que difícilmente saldría de sus líneas o laboratorios, y las startups —las que pasan filtros y procesos estrictos— se hacen de clientes. Todos ganan. Esperemos que sigan creciendo estos esfuerzos y seamos capaces de cambiar el chip en México, hacia uno que no tenga miedo de probar cosas nuevas. Los tiempos así lo demandan.

 

 

Contacto:

Cofundador y Director Ejecutivo de Gesta Labs.

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LinkedIn: Marcelo de la Garza

 

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