La caída en 60% de los precios del petróleo durante los últimos cuatro meses de 2014, además de provocar un boquete financiero y presupuestal a las principales naciones productoras de crudo del mundo, está haciendo repensar la geopolítica global y, por supuesto, las tecnologías para impulsar nuevas fuentes de energía.

 

La reciente caída de los precios del petróleo volvió a traer a discusión la sustitución definitiva del uso de energías fósiles por renovables. El reto es proveer de electricidad a 80% de la demanda global que se genera prin­cipalmente con petróleo y carbón y provoca 42% de las emisiones totales de CO2 del planeta.

“Paradójicamente, las mayores emisiones de gases de efecto inverna­dero, provienen del sector eléctrico” menciona Mariana Castillo, especia­lista en energía del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).

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Y pese a que los grupos ambienta­listas continúan alertando sobre los efectos del cambio climático, suponer una transición energética total hacia fuentes renovables en el corto plazo, es todavía aventurado, ya que ese proceso, podría llevar entre 30 y 50 años más en caso de iniciar en este momento. Las fuentes renovables contribuyen apenas con 20% del total de la energía eléctrica requerida por el planeta, revela la Agencia Internacio­nal de Energía (AIE) en su reporte sobre energías clave 2014.

“En México por ejemplo, las ener­gías renovables significan 4% del total de las fuentes de generación eléctri­ca”, señala Mariana Castillo. “Países como Suecia y Noruega están cami­nando hacia una transición energética basada en políticas balanceadas y con un enfoque en tecnologías sustenta­bles”, apunta Horacio Vergara, socio director de Accenture México. Dina­marca, por ejemplo, estima que para 2050 estaría en condiciones de ser independiente de las energías fósiles.

El cambio hacia tecnologías limpias no es homogéneo en todos los países del orbe, lo cierto es que apenas en el 2050, se estaría al­canzado un balance de 50-50 en el uso de energías fósiles y renovables para generar electricidad, menciona Julio Millán, presidente de Grupo Coraza.

“Se requieren grandes y profundos cambios a nivel político y económico, si en verdad se quiere llevar a cabo una transición energética que contribu­ya a disminuir el calentamiento del planeta”, opina José Luis Fernández, director ejecutivo del Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE).

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El poder de la energía

“Todas las actividades están ligadas a la energía”, comenta Mariana Castillo.

Sin ella, la industria no caminaría, los centros de salud no atenderían emergencias, no se refrigerarían los alimentos, los sistemas informáticos tan vitales en la actualidad no funcio­narían, mientras que los dispositivos de seguridad militar, quedarían para­lizados. Los anteriores, todos factores de seguridad nacional para cualquier país y quizás de alguna manera, corresponsables del retraso de la tan anhelada transición energética.

¿Por qué? “sencillamente porque la economía mundial, depende de la electricidad para operar y las energías renovables, no son por el momento eficien­tes y suficientes para suministrar de manera continua la electricidad que se requiere para mover al planeta”, afirma Julio Millán.

Este escenario ejemplifica el po­der económico y político que tienen las energías fósiles a nivel global y llevar a las economías del mundo hacia una transición energética total, requiere de grandes y profundos cambios en todos los ámbitos socia­les, opina José Luis Fernández.

En un escenario de bajos precios del petróleo, el efecto natural es una mayor demanda de energías fósiles, lo que limita y retrasa el desarrollo y uso de tecnologías renovables, sobre todo en los países en desarrollo en los que las energías sustentables, aún no cuentan con el impulso suficiente de los gobiernos, ni con los recursos financieros e infraestructura para iniciar la transición. “Pero el asunto de la producción petrolera no se limita únicamente al tema ambiental, de hecho tiene que ver más con un asunto geopolítico y de mercado”, señala Millán.

Pero el derrumbe no comenzó ayer, sino hace seis años, cuando Estados Unidos comenzó a incrementar su producción petrolera y que al tercer trimestre de 2014 acumulaba un crecimiento de 58.5%, mientras que su producción de gas creció poco más de 20%, de acuerdo con cifras de la AIE.

Estos hechos contribuyeron a que la economía norteamericana redujera sus importaciones de crudo que, combina­do con la baja de producción petrolera de Irán en 15.7%, Venezuela 19.0%, Canadá 10.6%, México 29.3% y Reino Unido 55.9%, incidieron también en la caída de los precios del energético.

De ser fortuita o no, la debacle de los precios petroleros ya afectó, por lo pronto, para los siguientes años las expectativas de crecimiento de las principales naciones productoras de crudo.

“Los factores económicos, definitivamente impactan cuando se debe decidir qué tecnología imple­mentar para generar energía eléc­trica” menciona Mariana Castillo y, agrega, China y Estados Unidos hacen sentir ese peso en las convenciones mundiales sobre cambio climático y se han constituido en los principales obstáculos a la hora de llegar acuerdos para disminuir las emisiones de CO2.

Iluminar el futuro

Los acuerdos para la mitigación del cambio climático para 2010, asumidos en 1997 en el marco del Protocolo de Kyoto, no se cumplieron y, antes de eso, entre el año 2000 y 2010, las emi­siones a nivel global crecieron 28.8% según cifras de la AIE. Para la COP21 a celebrarse en Francia este 2015, se espera llegar a acuerdos para reducir 50% las emisiones de CO2 y con ello incrementar sólo en 2 grados la tem­peratura del planeta para el 2020.

Sin embargo, el reto es grande y convencer a los gobiernos para iniciar su proceso hacia la transición energética es parte de la tarea de las organizaciones e instituciones am­bientalistas, proveyendo información clara y precisa sobre las ventajas de desarrollar tecnologías y la generación de economías de escala que pueden generar las inversiones en energías re­novables. “Se debe ser claro y convin­cente de que las energías renovables son un negocio rentable”, comenta José Luis Fernández.

“Son los gobiernos quienes deben establecer las bases y condiciones para encaminar su producción de energía eléctrica hacia el uso de tecnologías limpias”, menciona Mariana Cas­tillo. Sin embargo, existen muchos factores que influyen en el tema de la viabilidad para explorar recursos no convencionales como son: la geología de la región y el contar con sistemas de exploración y tecnologías de explo­tación de recursos no convencionales, lo que hace que cada país o región, camine de acuerdo a sus posibilidades y disponibilidad de recursos.

Y aunque la generación de electricidad con energías limpias va ganando terreno, principalmente en los países desarrollados como Alema­nia, que aprovecha los rayos solares, o Francia que utiliza la energía eólica, en muchos países en vías de desarrollo se utilizan hidroeléctricas, que no son precisamente limpias ni sustentables, manifiesta Mariana Castillo.

Japón quiere aprove­char la radiación solar en el espacio, para ello, planea poner en órbita en el año 2030 un satélite compuesto de celdas para captar los rayos del sol que transmitiría a la tierra a una central eléctrica por ondas de frecuencia. Para 2018, se estima que estará en or­bita el primer prototipo para realizar pruebas.

Sin bien se han realizado importantes avances en el desarrollo de tecnologías como la eóli­ca, la solar, geotérmica, maremotriz, el etanol y la biomasa entre otras, ninguna de ellas es capaz de reemplazar el uso del petróleo. Un ejemplo es la indus­tria automotriz que aunque ya fabrica autos híbridos y eléctricos, ninguno, por el momento, ha logrado desplazar a los convencionales que se siguen produciendo.

Para el año 2050, se espera que las tecnologías para generar electricidad, hayan avanzado lo suficiente para disminuir los efectos del calenta­miento global. El dilema es que esas tecnologías suministren electricidad sin las intermitencias que presentan actualmente, cuenten con la infraestructura necesaria para el suministro y distribución, y el mercado haya asimilado el cambio tecnológico. “Una transición energética comple­ta requiere de grandes canti­dades de tiempo y de dinero”, señala José Luis Fernández.

Aunque la discusión conti­núa entre el agotamiento de las energías fósiles y la oportuni­dad de las fuentes renovables, existe un grupo de especialis­tas que asegura que el planeta todavía tiene petróleo y gas para más de 150 años.

Mientras eso sucede, para algunos países, la energía nuclear sigue siendo una opción eficiente y rentable, y Estados Unidos, Francia, Rusia y Ja­pón, ya trabajan para desarrollar la tec­nología que les suministre electricidad con bajos efectos colaterales.

“Arabia Saudita jugó su carta como productor dominante, pues posee la producción más barata del mundo para la extracción de crudo, siete dó­lares por barril –en México el precio es de 23 dólares el barril-, y se estima que puede aguantar al menos dos años más a ese ritmo de producción, para con ello seguir retrasando las inver­siones en tecnología para explotación y exploración de nuevos yacimientos que ya se enfilaban hacia los países competidores”, apunta Julio Millán.

La historia nos cuenta que a principios del siglo XX, Tomas Alba Edison y Nikola Tesla, se enfrentaron en la llamada Guerra de las Corrientes, en la que se impuso la tecnología del primero y desembocó en la indus­tria eléctrica que hoy conocemos. Y aunque se dice que la segunda era más eficiente y barata, el mercado parece haber decidido nuestro destino.

En 2008 se había presentado ya una caída de los precios del petróleo cuando pasó de 137 a 67 dólares por barril; el precio se recuperó hasta llegar a 115 dólares a mitad de 2014, donde inició su descenso. “Lo que estamos observando, es una gran lucha de poder comercial y de control de mercados, que será lo que siga determinando la tecnología que estará en uso los siguientes 80 años por lo menos”, sentencia Julio Millán.

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