La muerte de Érika Alonso y de Rafael Moreno Valle es una tragedia mayor para el estado de Puebla y de paso para la política mexicana. 

Las circunstancias de la caída del helicóptero en que viajaban, aún no esclarecidas, abren un abanico de especulaciones que no ayudan en nada. 

El próximo 24 de diciembre se cumplirá un año de aquel suceso, y es de esperar que para entonces ya se cuente con todos los estudios y peritajes que ayuden a entender lo ocurrido y que despejen cualquier duda.  

Así ocurrió, en el pasado, con otros percances aéreos de alto impacto, como en los que murieron dos secretarios de gobernación, uno de seguridad pública y quien fue el encargado de la lucha contra el crimen organizado.

El 4 de noviembre de 2008, Juan Camilo Mouriño, el responsable de la política interna del país, falleció junto a José Luis Santiago Vasconcelos, que en ese momento se encargaba de la implementación del nuevo sistema de justicia, pero que durante años tuvo en sus manos la información sobre las grandes redes criminales y metió a muchos bandidos en prisión. 

Como en una mala broma del destino, tiempo después, el 11 de noviembre de 2011, fallecería en un accidente de helicóptero, Francisco Blake Mora, quien despachaba en la Secretaría de Gobernación.

No es exagerado decir que la pérdida de dos de los encargados del área de gobierno más relevante, complicaron y dilataron negociaciones y acuerdos y que el presidente Felipe Calderón perdió, además de dos colaboradores, un tiempo muy valioso en la implementación de su agenda e inclusive en las definiciones de propia sucesión. 

Años antes, el 21 de septiembre de 2005, quien manejaba la Secretaría de Seguridad, en el gobierno de Vicente Fox, Ramón Martín Huerta, también perdería la vida en un accidente, cuando se desplomó el helicóptero en que viajaba. 

Las palabras importan en la vida cotidiana, pero sobre todo en la política. La responsabilidad de los servidores públicos es alta en la construcción de un debate que propicie los acuerdos y la convivencia.

El gobernador de Puebla, Miguel Ángel Barbosa, en un dislate que hará historia, señaló que la muerte de la gobernadora y del senador, ocurrió  ya que “los castigó Dios” porque le robaron la elección.

Es un error de discurso grave, pero además muestra que en el entorno de Barbosa no se está construyendo con eficacia para gobernar para todos los poblanos y sin distinciones de ideología. 

Por lo visto, continúan latentes muchos de los agravios de la primera contienda, en la que perdió el propio Barbosa, y que se va a requerir de esfuerzos políticos y sociales para reparar un ambiente que continúa podrido.

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Twitter: @jandradej

El autor es escritor y periodista. Autor de la Lejanía del desierto y Asesinato de un cardenal, este último en coautoría con Jorge Carpizo. Se desempeñó como directivo en medios de comunicación impresos y de radio y televisión. Es experto en comunicación y ha desempeñado diversos cargos en la administración pública.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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