Forbes Centroamérica presenta su primer informe de empresas con mejores prácticas para operar sin pasar por encima del medio ambiente. En la lista destacan Florida Bebidas, Holcim de Costa Rica y Gildan Activewear.

 

En 2010, el derrame de petróleo provocado por British Petroleum (BP) en el Golfo de México generó un fuerte impacto en la opinión global debido a los efectos dañinos que el hecho provocó en el medio ambiente. Apenas hace dos meses, los diarios mexicanos dieron cuenta del derrame de 40,000 metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado y otros metales pesados como arsénico, aluminio, cadmio, cromo, fierro, manganeso y plomo a los ríos Bacanuchi en el estado Sonora. La causante: una mina productora de cobre perteneciente a la empresa Grupo México.

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Ambas compañías han debido pagar un alto costo a causa de sus respectivos descuidos y omisiones. La reputación de estas organizaciones sufrió un duro golpe y las acciones de ambas compañías registraron caídas de 54% y 10%, respectivamente.

Las empresas, en general, cada vez se preocupan más por el impacto que sus actividades generan al medio ambiente. Pero aún falta mucho trabajo por hacer. De acuerdo con el reporte de Emisiones de Dióxido de Carbono (CO2) 2013 de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), las emisiones de CO2 se incrementaron 32% entre los años 2000 y 2011.

La cifra anterior es preocupante si se toma en cuenta que 2011 fue el último dato registrado por la agencia, el cual es muy superior a los objetivos del Protocolo de Kioto que establecía una meta de reducción de emisiones de 5% para 2012 en su primera etapa, y de 20% para el año 2020; cifras que difícilmente serán alcanzadas.

Centroamérica y El Caribe contribuyen con el 0.3% de estas emisiones que, de acuerdo con las últimas mediciones de la IEA en 2010, la región emitió a la atmosfera 31 millones de toneladas de CO2.

Lo cierto es que en los últimos años, el tema de sustentabilidad ha cobrado mucha fuerza. Las regulaciones internacionales buscan que los gobiernos de cada país adapten sus propios procesos y principales actividades económicas a programas y compromisos de reducción de emisiones de CO2, los cuales fueron firmados bajo el Protocolo de Kioto (al que, por cierto, las economías de China y Estados Unidos aún no están 100% adheridas).

Pese a ello, organismos como el Carbon Trust —que nació en Londres en el año 2001—, bajo el objetivo de iniciar las mediciones de emisiones de los gobiernos y las empresas, han desarrollado herramientas para calcular la huella de carbono de las corporaciones.

Y aunque la voluntad y disposición de las grandes empresas llega a ser relevante, la tarea no es sencilla debido a la complejidad de las redes comerciales y económicas de hoy en día. Y para muestra un botón: del total de las empresas que conforman el Primer Informe que contempla a las Empresas Verdes en Centroamérica, sólo 99% dice tener un seguimiento puntual de su huella de carbono, que consiste en la medición de todos y cada uno de los procesos que la empresa realiza para llevar a cabo su actividad principal.

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El valor de la cadena verde

En Centroamérica no todas las empresas y corporaciones que generan riqueza y empleos pueden jactarse de tener claramente alineadas sus estrategias de crecimiento a un plan de preservación y cuidado del medio ambiente. Pertenecer al pequeño grupo del primer informe de Empresas Verdes no ha sido fácil, pese a que hay muchas compañías que realizan esfuerzos en ese sentido y otras que dicen hacerlo, pero no generan impactos tangibles de sus labores.

Florida Ice es una de las empresas más destacadas en el informe, con un plan y objetivos debidamente trazados, la empresa costarricense adelanta al resto de las compañías de la región no sólo por sus esfuerzos de mitigar sus emisiones, sino por el programa integral de sustentabilidad con que opera.

La estrategia planteada inició en 2008 con tres programas claramente fijados: agua neutral, cero residuos y carbono neutral; el objetivo, reducir su huella de carbono en 50,000 toneladas anuales, señala Gisela Sánchez directora de Relaciones Corporativas de Florida Bebidas.

Por lo pronto, la empresa de bebidas y alimentos con presencia en todo la región del istmo ha conseguido los primeros resultados, y ya trabaja en un proyecto para suministrar a sus plantas energía eléctrica 100% renovable. Hoy 87% de sus instalaciones opera con este tipo de tecnología y logró reducir el consumo de agua por litro de bebida producida al pasar de 12 litros a cuatro litros actualmente.

“Florida Ice cuenta con un laboratorio dedicado exclusivamente a realizar pruebas y mediciones para la implementación de procesos y tecnologías sustentables”, señala Gisela Sánchez, quien explica que realizan un análisis de paneles solares de diversos países, con el objetivo de verificar qué tecnología se adecuaba más a las condiciones solares de Costa Rica, con la finalidad de aprovechar al máximo la concentración energética para generar electricidad.

Pocas empresas se pueden preciar de contar con un centro de investigación y pruebas de este tipo, el resultado de esto es que Florida está clasificada dentro de las 16 empresas líderes en el cuidado ambiental, según un estudio que realiza el Foro Económico Mundial cada año.

Pero cada industria es distinta y entre más diversificada esté una empresa, más complejo será realizar la medición de su huella de carbono y mitigar sus emisiones. Para ello, las empresas deben invertir anualmente importantes sumas de dinero.

Las empresas participantes en el informe de forbes Centroamérica y El Caribe revelaron que durante 2014 el monto que invirtieron en programas o tecnologías para cuidado del medio ambiente asciende a 49.9 mdd, alrededor de 27.3% más que el año anterior.

El impacto al medio ambiente es inherente a la intensidad económica de las compañías y de los países; es decir, a mayor desarrollo económico, mayor demanda de recursos naturales. Estados Unidos, por ejemplo, consume 23% de la energía eléctrica y 24% del petróleo a nivel mundial, y junto con China emiten 16.8% y 25.5% del CO2 que recibe la atmosfera, respectivamente.

En otras palabras, el tema del deterioro del medio ambiental pasa por un proceso estrictamente económico y ello ha llevado a buscar y repensar el enfoque tradicional de la economía, menciona Isabel Studer, directora del Instituto Global para la Sostenibilidad, del Tecnológico de Monterrey en México. El reto, agrega, se encuentra en la premisa de desarrollar una economía verde que sustituya el concepto de economía abstracta que por más de 100 años ha caracterizado los mercados del mundo, y que para muchos es la causa de las actuales condiciones de cambio climático en el planeta.

La economía verde puede interpretarse de distintas maneras, pero en realidad lo que debe modificar se es la manera como se están explotando los recursos naturales y el valor que estos tienen en las economías de los países, menciona Isabel Studer.

De acuerdo con la especialista, existen esfuerzos para hacer medible el valor de las riquezas naturales, de tal forma que éste sea capitalizable con el objetivo de crear un PIB verde para la economía de las naciones. Según el informe elaborado por la revista británica Stern, especialista en temas de cambio climático, de mantenerse la tendencia de emisiones de CO2 actual y los impactos del cambio climático, en el largo plazo podría erosionarse el PIB mundial entre 5 y 20%.

Resarcir los recursos naturales extraídos y trabajar para que sean perdurables en el tiempo es parte de la tarea de Florida, menciona Gisela Sánchez, y para ello Florida tiene como objetivo realizar la medición de la huella del total del portafolio de sus productos, que en bebidas son 25 y en snacks cerca de 300.

Consolidar una economía verde requerirá de muchos cambios; entre ellos, políticas públicas que incentiven cambios importantes en los sectores que mayor incidencia tienen en la generación de CO2. Por ejemplo, en Japón el nivel de reciclaje alcanza el 97% de sus desperdicios sólidos; en Costa Rica, una de las naciones que mejor regulación tiene en cuanto cuidado de medio ambiente se refiere, el nivel es de 60%.

Pero aunque los recursos hídricos, bosques y actividades agrícolas representan un capital natural importante dentro de la cadena de recursos naturales, son las energías fósiles y la generación de electricidad las que más emisiones de CO2 generan al medio ambiente: 45 y 19%, respectivamente, según datos de la IEA.

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Panorama global

La Unión Europea encabeza nuevamente la iniciativa para la reducción de emisiones de CO2 a nivel mundial. La meta: reducir 30% las emisiones de todo el planeta para 2020 y alcanzar una disminución de por los menos 60% para 2050, con respecto a los niveles de 1990.

Para alcanzar dichas reducciones, se espera conseguir una disminución de 20% en el consumo de energía eléctrica, mediante su uso eficiente e incrementar el uso de energías renovables, que participan con 8.5% del suministro eléctrico mundial. El objetivo es que en los siguientes 10 años el uso de este tipo de tecnologías alcance 20% del suministro en esa región.

Los países de la Unión Europea han implementando una serie de límites de emisiones por sectores económicos, que están centrados en el uso eficiente de los recursos fósiles y la implementación de energías renovables.

Un reporte de Carbon Trust revela que únicamente 5% de las empresas a las que se les realizó una encuesta se miran como pioneras en su sector al implementar programas de sustentabilidad; mientras que 44% reveló que sus acciones han sido más reactivas que preventivas.

Las empresas a nivel global han comenzado a involucrarse en la conservación y el cuidado ambiental, implementando programas de mitigación de emisiones de CO2. Lo anterior es una ventaja competitiva para aquellas empresas que han comenzado a implementar estas medidas y están en condiciones de dar a conocer sus resultados; lo que abonaría al enriquecimiento de este informe.

Forbes Centroamérica y el Caribe tiene presente que este informe implica un gran reto debido a que es difícil establecer qué sectores son los que más CO2 generan, debido a que la actividad de cada industria es totalmente distinta a otra. Sin embargo, el fin es resaltar el esfuerzo y compromiso que las empresas de la región realizan para disminuir su impacto ambiental, modificando sus prácticas y procesos industriales.

 

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