Aunque LeBron tiene lo que se necesita para jugar en la NFL, se ha concentrado en la duela, y hoy juega sus quintos playoffs consecutivos.

 

Por John Tammy

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Los Cleveland Cavaliers jugarán en su primera serie de campeonato de la NBA desde 2007, pero para LeBron James ésta marcará su quinto año consecutivo compitiendo por la corona del basquetbol.

Acerca de lo que ha logrado, James está comprensiblemente impresionado. Él ha declarado: “Espero que todos aquí sepan que no es fácil. No es fácil llegar hasta este punto.”

Algunos leerán la cita y desacreditarán a James por ser egoísta, pero es necesario tener en cuenta lo que dijo su ex compañero de equipo en el Miami Heat Dwyane Wade escribió en Twitter: “Felicidades a mi hermano @KingJames por sus 5 apariciones en semifinales el hilo… hay mucha gente que no tiene idea de lo difícil que es.”

La NBA está compuesta no sólo de los mejores jugadores de basquetbol de Estados Unidos o América del Norte, sino que es una liga que puede presumir de tener a los mejores jugadores del mundo. Que James haya llegado a la final con tal consistencia a la luz de la colección mundial de talento de la liga es algo digno de consideración.

Pero aún más impresionante resulta el desempeño de James este año. Kevin Love fue adquirido el verano pasado en un canje con los Timberwolves de Minnesota, y se suponía que sería para James lo que Kevin McHale, James Worthy y Scottie Pippen fueron para Larry Bird, Magic Johnson y Michael Jordan. El único problema era que Love se lesionó el hombro al comienzo de los playoffs de este año. El armador estrella Kyrie Irving tampoco ha estado al 100% debido a sus problemas de rodilla.

James ha ganado con el apoyo de un equipo de jugadores relativamente desconocidos. ¿Su entrenador David Blatt? El otoño pasado se especulaba que Blatt ni siquiera duraría una temporada; ésta es su primera como entrenador en jefe de la NBA. Para dejar claro lo que resulta evidente a pesar de que la votación del MVP recompensó al guardia de los Golden State Warriors Stephen Curry, LeBron James es el mejor jugador de basquetbol del mundo y también el compañero de equipo más valioso.

Algunos responderán adecuadamente que coronar a James ‘Rey’ es afirmar lo que es deslumbrantemente obvio. Es correcto. James es más grande que el basquetbol. La historia LeBron James se extiende mucho más allá de los deportes, hacia el tipo de política global que a menudo hace la diferencia entre la guerra y la paz.

En esta columna se sostiene con gran regularidad que el deporte y la cultura son fuentes de información sobre economía y política. Lo son. La historia de vida de LeBron James podría explicar fácilmente cómo equilibrar correctamente los cuatro elementos básicos (impuestos, regulación, comercio y política monetaria) para lograr el crecimiento económico, pero para los efectos de esta pieza, su grandeza será usada para abordar las maravillas de la prosperidad generada por el libre comercio.

Y no es poca cosa. Como se ha dicho, si los bienes no pueden cruzar las fronteras, eventualmente terminarán haciéndolo los ejércitos. El libre comercio es la única política exterior sin costo en el mundo, principalmente porque maximiza la posibilidad de que las guerras que involucran violencia no ocurran en primer lugar. Cuando los países tienen un interés enraizado en la prosperidad de otros países, y eso es lo que supone el libre comercio, las guerras son menos probables. El éxito de LeBron James como jugador de basquetbol es una metáfora digna de las maravillas de intercambio sin trabas entre los individuos sin tener en cuenta las fronteras del país.

Ése es el caso, porque aunque James es de nuevo el mejor jugador de basquetbol del mundo, también es bien sabido que él podría ser un muy buen ala cerrada de la NFL si así lo quisiera. Que James no persiga un contrato de la NFL es algo muy inteligente, y habla de la característica más animadora del libre comercio: la ventaja comparativa.

Aunque James tiene un talento del calibre de la NFL, si hubiera seguido ese camino estos últimos cinco años es algo seguro no habría tenido cinco apariciones en las finales de la NBA, quizá no habría tenido ni una sola. La NBA es demasiado competitiva y los jugadores demasiado talentosos como para que James pudiera enfocar sus energías en otro deporte entre temporadas. Obviando la potenciales lesiones que el juego de futbol americano implica, ​​la verdad es que la grandeza de James es algo que consume el año completo. No sería el jugador que es ni podría liderar las ganancias anuales con ingresos por 72 millones de dólares (su sueldo de la NBA más patrocinios) si dividiera su tiempo entre los dos deportes.

El enfoque de James en lo que más anima sus talentos individuales revela claramente las maravillas de libre comercio para el resto de nosotros. Aunque sin duda podría ganarse la vida jugando futbol americano, se lo deja a otros. Así, aunque es posible que James sea bueno con un martillo y sierra, que tenga mano para la jardinería y que sea un experto con una máquina de coser, es seguro que “importe” todo lo que consume, viste y usa.

Al igual que el resto de nosotros, lo que James suministra al mercado constituye su demanda. Así, aunque podría jugar una vez más en la NFL, y podría ser bueno cultivando y preparando alimentos, “importa” casi todo lo que consume para poder enfocar sus energías en la actividad que maximiza su superioridad con respecto a los demás: el basquetbol. El sueldo anual de James, y como tal su demanda, es lo suficientemente grande como para que se concentre primero en lo que maximiza su capacidad de suministrar.

Nosotros, los mortales, no somos diferentes. Como individuos somos todos “subcontratistas”, expertos y, por extensión, todos somos librecambistas. La mayoría de nosotros no corta su propio cabello, no cultiva sus alimentos ni fabrica su propia ropa. La “importamos” de los productores locales y globales, al tiempo que enfocamos nuestro esfuerzo individual hacia lo que maximiza nuestros talentos individuales. Eso que hacemos maximiza nuestra propia capacidad de suministrar para que podamos demandar.

Gracias al libre comercio, tenemos no sólo al talento local, sino al global, sirviendo a nuestras necesidades. Eso que hacemos no sólo aumenta el valor de cambio de nuestro trabajo, sino que también hace que sea más probable que seamos capaces de perseguir la carrera que mejor se adapte a nuestros talentos individuales. Sin la capacidad de comerciar libremente tendríamos que concentrar nuestros esfuerzos en lo que seríamos comparativamente no tan buenos, todo ello en detrimento de nuestra productividad general. Dicho más simplemente, si no estuviéramos persiguiendo lo que más aumenta nuestra desigualdad relativa frente a los demás seríamos menos productivos y, en consecuencia, ganaríamos menos. LeBron James ganaría menos también si jugara futbol americano.

Así, con la llegada de las finales de la NBA, quitémonos el sombrero frente al gran King James. Lo que ha logrado en la cancha es sustancial, pero su significado va mucho más allá de la duela. El éxito de James es un monumento al libre comercio de bienes que, de ser permitido por los políticos del mundo, no sólo conduciría a inmensos aumentos en la productividad humana individual, sino que también haría del siglo XXI uno mucho más pacífico.

 

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