Escuchando a un grupo de jóvenes de 17 años contando sus aventuras en sus grupos de WhatsApp, me vino a la mente una reflexión sobre cómo estos chavos están aprendiendo sobre gobernabilidad y si este parámetro será lo que determinará la forma de gobernar en el futuro.

El primer razonamiento es que las generaciones antes de estos chavos aprendimos de gobernabilidad a la edad del voto, sin entender qué significaba, más que un derecho-obligación, que alguien nos gobernara, y de ahí como borreguitos a entrar al mundo cívico, cuando más, si a alguien le gustaba la grilla escolar, pues empezaba antes, pero sin mucho razonamiento más allá de eso.

Ahora en las escuelas se organizan debates. Desde la primaria hacen presentaciones públicas, etcétera. Ya se están calando de distintas maneras, pero en esta plática con ellos me di cuenta de que el WhatsApp se está convirtiendo en una enseñanza de gobernabilidad. Ahí van el contexto y los hechos:

Un grupo de amigos crea un grupo en WhatsApp para comentar, seguir en contacto y “platicar”, según ellos. Uno de ellos toma la iniciativa de formar el grupo, y por ese simple hecho se convierte en el administrador. Con el tiempo se van cediendo los derechos del administrador, hasta que existen cuatro administradores. El inicial, de ser activo, se convierte en pasivo y cede la estafeta a un segundo administrador. Éste, en un momento dado, habilita a otros dos administradores, y veladamente a un tercero. Los dos nuevos administradores se ponen locos y empiezan a molestar al grupo, sube de tono la situación, y estos dos administradores, de puntada y broma, quitan los derechos de administrar a los dos primeros, quienes originalmente los habían habilitado, y toman el control y siguen creando caos en el grupo. El último administrador habilitado, desesperado y en son de broma, toma la administración del grupo, los quita de la administración y, en son de broma, hasta los saca del grupo; después de contacto por chats personales, los vuelve a incorporar. El grupo se tranquiliza y sigue todo normal. Lo simpático del asunto es que el último administrador me pregunta, ¿esto fue como un golpe de Estado, es como una democracia o qué es?

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Antes de la pregunta, toda la historia era un juego normal entre jóvenes. Después, al investigar la situación y las reglas no escritas que se habían creado con el paso del tiempo, me di cuenta de lo que está pasando y lo que están viviendo los chavos a través de esta aplicación:

El grupo es como una Estado, como una sociedad cualquiera y normal, donde, de entrada, conviven todos felices y sin reglas, son amigos. Alguien toma el liderazgo y abre el grupo, ya sea por servicio o por control. Después de un tiempo comparte el control con alguien más, por cansancio o desinterés. Ese nuevo administrador, por cansancio, debilidad y/o por flojera, cede el liderazgo a otros dos, quienes tienen ansias de poder y/o control, y empiezan a hacer destrozos y dan un golpe de grupo (Estado). En secreto, el segundo administrador le comparte a un tercero, pues asume que es ecuánime y que podría resolver adecuadamente. Este último, ante la situación da un contragolpe a los golpistas, para crear caos, y con esto volver a la normalidad…

Esto, señores, son lecciones de gobernabilidad. Están aprendiendo socialmente a autogobernarse. Más allá de la convivencia en los grupos escolares, esta aplicación, sin querer, da lecciones y potencia la gobernabilidad social y les da el poder de la administración a una velocidad e intensidad impresionantes.

Si nos damos cuenta, es una forma muy simple y sencilla de aprender gobernabilidad y democracia. ¿Se imaginan a estos chavos en el futuro?, ¿cómo van a enfrentar la política en el futuro? En uno y dos sexenios van a ser los actores principales de la política y la sociedad.

Nuestros políticos en la actualidad no alcanzan a entender esto, no lo ven. Ellos siguen con sus prácticas dinosáuricas. Claro, ahora bien modernos en redes sociales, pero, curiosamente, muy lejos de este entendimiento. Ya irán muriendo poco a poco. Nos urge.

 

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