Los retos del sistema son bastante intuitivos para los habitantes de la ciudad. Se requiere de infraestructura hidráulica para la distribución adecuada. Al tiempo que se acumulan los pendientes de reemplazo y mantenimiento, se deben actualizar las plantas para garantizar la continuidad, la calidad y el volumen del vital líquido.

Conagua menciona que el grado de presión sobre la cuenca del Valle de México es de 140%, cuando en 2005 era del 120%. La dependencia de los pozos dentro del valle ha acelerado el hundimiento de la ciudad y la dislocación de tuberías, contribuyendo así a que el 40% del agua bombeada a la metrópoli se pierda en fugas.

Por otro lado, de acuerdo con el director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), el presupuesto “no cubre ni la mitad de las necesidades de la red. [Es] un déficit agravado por un recorte de los recursos que el Ejecutivo Federal destina al SACMEX de más del 70% respecto a 2016.”

Esto también empuja a que, en la nueva administración, sea probable que se tengan que ajustar las tarifas de la ciudad. Esto ha sido históricamente complejo porque hay que atender los principios de equidad y anticipar los efectos de los precios tanto en las personas como en las organizaciones de todos los niveles de ingreso. Es por ello que será importante establecer métricas y pautas más claras, que apunten a un servicio más confiable y asequible. También será relevante mejorar las capacidades de asistencia al cliente.

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Un requerimiento adicional será aprovechar la innovación tecnológica para impulsar eficiencias adicionales, principalmente para mejorar los índices de uso de agua para riego, disminuir las fugas, desarrollar formas no convencionales para la obtención de agua, implementar procesos de reciclaje, y limitar la cantidad de energía y desperdicio que producen los servicios de agua. Esto será clave dentro de la austeridad republicana, ya que estas innovaciones requerirán gastar más dinero hoy para ahorrar más dinero mañana, principalmente por la reducción de los costos de infraestructura.

El agua en tiempos del cambio climático

Los retos aquí descritos no son muy diferentes a los desafíos que existían hace 40 años, cuando se construyó el Cutzamala. Lamentablemente, están concebidos para un mundo que no incorporaba el cambio climático, situación que nos obliga a repensar las premisas de infraestructura hidráulica y a entender el agua como un activo estratégico. Entre estas premisas se encuentra la posibilidad de trasladar agua entre dos puntos sin importar la distancia y sin considerar el impacto del ecosistema, el agotamiento de los acuíferos o los costos energéticos.

La hidráulica en tiempos de cambio climático está influida por una población en crecimiento y un clima —principal impulsor de las condiciones de suministro de agua— alterado dramáticamente. Estos hechos serían problemáticos por sí solos, pero en los tiempos actuales, están convergiendo y hasta colisionando.

Por tanto, un paso crucial será tomar en cuenta la huella hídrica de diferentes componentes de la economía en las políticas públicas del agua y hasta entre los factores para decidir su distribución. Por ejemplo, la fabricación de una llanta requiere de 7.8 mil litros de agua, mientras que un barril de petróleo requiere 7 mil litros, una batería de celular 4.9 mil litros y una tonelada de cemento 4.6 mil litros.

Por otro lado, “el consumo de agua promedio de un mexicano equivale a 1,978 metros cúbicos por año, mientras que el promedio mundial es de 1,385.” Al tiempo que el 5% del agua (unos 271 litros por día) se utiliza en actividades como preparación de los alimentos, limpieza personal y del hogar, el otro 95% (unos 5,148 litros por día) se utiliza de forma indirecta, gracias a hábitos alimenticios, patrones de consumo y estilo de vida.

Conclusión

Como aquí se ha visto, el agua es un tema vital que hemos ‘resuelto’ con efectividad suficiente como para olvidarlo hasta que no sucede alguna crisis. Existen fenómenos que incrementan la presión diaria a los sistemas de agua, pero también hay acciones personales que complican la situación. Por tanto, el mega corte de agua es un buen recordatorio para considerarnos afortunados por el reconocimiento del agua como un derecho cuyo precio no está completamente determinado por las condiciones del mercado.

Es también un momento oportuno para emprender acciones que disminuyan nuestra huella hídrica y anticiparnos a situaciones similares o más graves que se podrían desencadenar en el futuro. La crisis del agua que vivimos es apenas la punta del iceberg de las sequías, conflictos y migraciones que pueden venir.

Para conocer tu huella en uso de agua, puedes usar la calculadora de la Red de Huella Hídrica.

 

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