A los transeúntes les ha dado ya el trauma de la tarjeta, ¿qué pasa cuando, después de estar varias horas formado por un pase para el transporte público este falla?

 

En Nicaragua cuesta mucho creer en los cambios. Cuando las autoridades anunciaron que había llegado el momento de modernizar el sistema de transporte colectivo en Managua, nadie lo creyó.

Siete meses han pasado desde entonces y aún no estamos listos.

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La idea me sigue pareciendo una buena, pero no estamos preparados. Ni los ciudadanos ni las autoridades, ni las benditas máquinas.

Aquí pasan cosas tan faltas de lógica, que muchas veces pareciera que vivimos inmersos en una novela. Para comenzar, la empresa a la que se le adjudicó el monopolio de vender las tarjetas y administrar el dinero que genera cada día el transporte público en la capital, calculó mal o simplemente no calculó y decidió crear solo cuatro puestos de distribución para atender a casi un millón de personas.

Para adquirir la famosa #tarjetaTUC miles de personas pasaron horas y horas bajo el sol. El tiempo y los puestos no dieron abasto. Las autoridades tuvieron que extender el plazo, luego dijeron que se continuaría el pago mixto (monedas y tarjetas) hasta que fuera necesario, semanas después dijeron que había un ultimátum para adquirir la tarjeta y otra vez cambiaron de parecer…

He llegado a pensar que nuestra resistencia a los cambios es una cuestión de cultura popular. Pero también me he convencido de que la falta de planificación, la corrupción y falta de lógica son el cóctel preferido de los gobiernos autoritarios en países tercermundistas.

En un intento por quedar bien con los periodistas, la empresa de las #tarjetasTUC vino al periódico donde trabajo, para ahorrarnos las colas. Pero fue hasta esta semana que usé por primera vez la famosa tarjeta. Confieso que tuve miedo de que la máquina anunciara “pago incorrecto” o “saldo insuficiente”. Es en serio. Tuve miedo al papelón de tener que bajar del bus exclusivo para tarjetas y perder tiempo esperando otro que permitiera el pago mixto. O en el peor de los casos, tener que pagar taxi.

Sí, es que la cosa va tan mal que, aunque habían dicho que desde el 19 de agosto el pago sería únicamente con la TUC, han tenido que mantener los buses de pago mixto. Con tantos errores y ensayos no se puede. Son casi un millón de almas que a diario demandan del transporte colectivo. Casi un millón de almas que prefieren ir a lo fijo y pagar con las monedas que esperar a que el sistema decida funcionar.

Un poco más de sentido común habría hecho de este cambio una experiencia agradable para los miles de nicaragüenses que a diario utilizamos los buses rusos y mexicanos que conforman la flota del transporte público. Pero no, había que hacerlo por el camino torpe.

Con esto, vale despedirse con un cliché: Esta historia… continuará.

 

Contacto 

 

Twitter. @titasolano

 

 

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