Burdeos, Francia. Daniel Harari luce sonriente… y cómo no habría de ser así, si en 2016 recibió el Premio al emprendedor del año del Sudeste de Francia, otorgado por EY; y, para 2017, espera un crecimiento de entre 6 y 12% en los ingresos de Lectra, empresa que desarrolla maquinaria y software para hacer más precisos y rápidos los cortes en materiales blandos, como cuero y textiles.

Pero su felicidad es todavía más evidente cuando cuenta los planes que tiene para el futuro próximo: entrar de lleno en el mercado de los millennials, capitalizar el big data, incursionar en la industria 4.0 y “la conquista” de China.

“El impacto de estas cuatro grandes tendencias ya se percibe en el escenario mundial y se sentirá con una fuerza creciente, lo que generará muchos desafíos para nuestros clientes”, predice Harari, CEO de Lectra.

Bajo su dirección, la empresa le ha ahorrado millones de dólares a las industrias automotriz, mueblera, de la moda y del vestido, aeronáutica, náutica y hasta energética, lo mismo en Estados Unidos que en China, India, Rusia, Brasil o México, donde, por cierto, la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) podría alterar sus planes.

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La fórmula de Lectra es sencilla: la compañía gala está en constante innovación para perfeccionar los cortes de los materiales utilizados para fabricar asientos de vehículos, bolsas de aires, sillones y ropa de alta costura, entre una vasta gama de productos.

Como resultado, las empresas tienen menos desperdicios, producen más rápido y obtienen una mejor calidad. Y así lo han constatado firmas del calibre de Airbus Group, Armani, Gucci y Dolce & Gabbana, a nivel mundial y, en México, Muebles Liz, Tachi-S (automotriz), Faurecia (automotriz), Industrias Haber’s (trajes y uniformes) y Kaltex Home (blancos).

Para lograrlo, la compañía francesa echa mano de software, equipo, diseño asistido por computadora, manufactura asistida por computadora y servicios asociados, los cuales desarrolla con la ayuda de 300 ingenieros (240 en software) en su campus ubicado en Cestas, una comunidad del distrito de Burdeos.

“Las ventajas [de la manufactura 4.0] son muy altas […] Tú identificas cuál es el mejor uso que le puedes dar a tu planta y eso puede representar ahorros en energía eléctrica, en menores desperdicios de materiales, en menores reprocesos para productos, en los procesos de control de calidad”, opina Manuel Niebla, socio líder de Industria de Manufactura en Deloitte.

Actualmente, Lectra cuenta con más de 1,500 empleados y clientes en aproximadamente 100 países, así como 34 subsidiarias, una de ellas en México. Sus mercados más fuertes son Europa, de donde obtuvo 41% de sus ganancias en 2016, que fueron de 260,200 millones de euros (mde), seguido de América, con 27%, y Asia-Pacífico, con 26%.

El desempeño de la empresa está sustentado en un proceso de innovación que comenzó hace casi tres décadas, pero uno de los pasos más grandes ocurrió a finales de la década pasada. “En 2009, en medio de la crisis, nosotros decidimos invertir en el futuro”, recuerda Harari. Además de ejercer recursos para tecnología, personal y marketing, la compañía desarrolló un plan de negocios para los siguientes años.

 

Rumbo al 4.0

Es 8 de abril de 2017. Después de dar una conferencia a medios internacionales en el campus de Cestas, Harari luce relajado. Minutos más tarde, llega la hora del almuerzo; hay periodistas de Estados Unidos, Europa, América Latina y Asia, quienes pueden ocupar cualquier mesa, menos una, la reservada para el empresario y los reporteros chinos, a quienes, fascinado, les responde cada una de sus preguntas.

Su interés nada tiene que ver con la milenaria cultura de este país; está cimentado en un fuerte fundamento: el crecimiento exponencial que ha registrado el mercado de esta nación en la última década será clave para el futuro de la empresa. Simplemente, entre 2010 y 2016, su PIB pasó de 6.1 a 11.2 billones de dólares, indican cifras del Banco Mundial (BM).

De acuerdo con su “Reporte anual 2016”, ahora Lectra quiere capitalizar la transición que experimenta China hacia un modelo de crecimiento firmemente anclado en el consumo, el valor agregado y la productividad, bajo la iniciativa gubernamental “Hecho en China 2015”, plan que pretende actualizar la industria de la nación asiática.

La otra gran apuesta está en satisfacer el mercado millennial, pues los integrantes de esta generación “están sacudiendo las reglas”, el comportamiento, las necesidades y las demandas en términos de tiempos de entrega, calidad, patrones de consumo, personalización de producto y respeto al medio ambiente.

Harari también está convencido de que el camino está en la digitalización del negocio, que será posible mediante un completo ecosistema de nuevas tecnologías, que van de la nube a la movilidad, y de la realidad aumentada a la inteligencia artificial.

Y, finalmente, el directivo tiene la mira puesta en la aparición de la industria 4.0, que ahora encabeza la Cuarta Revolución Industrial, impulsada por la comunicación en tiempo real entre objetos, líneas de producción y servicios.

Desde el punto de vista del empresario, el sector textil es muy interesante para la industria 4.0, debido a que el consumidor vuelve a comprar cuando algo le agrada, y para esto será determinante conocer el gusto de los clientes.

“Toda esta información [de hábitos de consumo] va directamente a la fábrica y el cortador puede cortar al vuelo algo que ‘es un traje’ exclusivamente para una persona; pero todo esto es posible sólo cuando el producto fue concebido para trabajar con diferentes tamaños y con diferentes opciones”, plantea Harari.

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El peso de México

Después de platicar sus planes, Harari comienza un recorrido por el campus de Cestas, enclavado en medio de una zona arbolada. Del complejo de edificios destaca uno que está forrado con cristal, en el que se muestra cómo la tecnología de Lectra “hace su magia”, con la ayuda de gran cantidad de máquinas agrupadas en distintas áreas, dependiendo de la industria para la que será elaborada la pieza.

El funcionamiento de todos es muy similar: El operador revisa la información en una touch screen que le permite monitorear y calibrar cada fase del proceso, desde las vibraciones hasta los movimientos más insignificantes. Paso seguido, comienza el corte de tal manera que, de inmediato, viene a la mente una impresora 3D que, poco a poco, da forma a un objeto.

En cuestión de minutos, los grandes lienzos se convierten en piezas perfectamente trazadas: el traje de baño con el que una modelo desfilará sobre una pasarela, los interiores de un vehículo de lujo o de un avión, el tapiz de un cómodo sillón, las aspas de una turbina eólica, una bolsa de aire para un automóvil, un paracaídas, en fin…

Un escenario similar ocurre a más de 9,000 kilómetros de Burdeos, en la planta de Muebles Liz, ubicada en Zapopan, Jalisco. Esta empresa produce alrededor de 600 salas de tres piezas a la semana (banca, love seat y sillón) y distribuye sus productos en tiendas como El Palacio de Hierro, Liverpool y Sears, además de que exporta a Estados Unidos, Canadá y Centroamérica.

Hace 15 años, la compañía comenzó a buscar la manera de hacer más eficientes sus procesos, debido a que, en gran parte, se hacían manualmente, lo que implicaba más desperdicios y tiempo de fabricación. Los directivos analizaron las máquinas de Gerber, Investrónica y Lectra, firma por la que se decidieron, debido a que su tecnología era más asertiva e incluso permitía cortar 60 capas a la vez (8 centímetros).

Con ayuda de Formaris (software para la digitalización y el diseño de patrones), Diamino (software para realizar marcadas) y VectorFurniture (cortadora), Muebles Liz aumentó 300% su capacidad de corte, redujo en 16% la duración del ciclo y de 15 a 20% el consumo de material, además de que mejoró la calidad de las piezas cortadas.

Sin estos equipos, la empresa hubiera tenido que emplear a 20 personas, en lugar de las ocho que requiere actualmente para esta parte del proceso de fabricación, además de que, al dejar atrás el corte manual, eliminó las horas extra del personal.

“Hoy, nos ahorramos un tiempo enorme. Antes, nos tardábamos entre el tendido, el trazo, y el corte, un promedio de 2 horas y 20 minutos; hoy queda en 23 minutos aproximadamente”, explica Víctor Ibarra Gabriel, gerente de Sistemas de Muebles Liz.

 

El amigo Trump

Esta empresa es un ejemplo de las oportunidades que México representa para Lectra, pues es uno de los cinco lugares que contribuyeron con la mitad de sus ingresos de los últimos dos años, junto con Estados Unidos (14%), China (11%), Italia (9%) y Francia (7%).

Nuestro país aporta el 9%, pero Harari no se conforma con ese número y expresa que quiere hacer crecer el negocio alrededor de 30%, es decir, más del doble de lo previsto a nivel global. En números aproximados, en esta plaza el mercado más fuerte para Lectra es el automotriz (70%), seguido de moda y vestido (25%) y muebles (5%). Y, sin lugar a dudas, el producto estrella es Vector, la cortadora.

“México es uno de los países en los que nuestro objetivo, en términos de crecimiento, es el más alto del mundo, pero depende de que la situación vuelva a la normalidad”, comenta. Y por “normalidad” se refiere a la relación comercial con Estados Unidos, la cual hace que el empresario pierda la sonrisa que lo caracteriza en todo momento.

“Estoy planeando [crecer], pero no sé si ‘nuestro amigo’ Donald Trump está planeando [eso] también. Tenemos que esperar a que la situación se estabilice entre Estados Unidos y México y, si se estabiliza, mi respuesta es sí, por supuesto [creceremos]. Pero, como ya he explicado, ha habido una inversión más lenta en México en los últimos meses”, reconoce Harari.

En su análisis, nuestro país tiene grandes ventajas: su costo de manufactura es 20% más bajo que en China, además de que está cerca de Estados Unidos y el nivel del personal especializado ha crecido significativamente en los últimos años dentro del sector manufacturero.

Por ejemplo, uno de los sectores en los que Lectra podría crecer es el mercado de moda y vestido, en el que hay clientes avanzados, tecnológicamente hablando, pero también otros que aún cortan a mano. El panorama es muy similar al de China y otros países emergentes, a los que esta área de la industria llegó tarde.

Una de sus mayores apuestas está en la mezclilla, debido a que hay un mercado de reemplazo de equipos muy importante, en el que podría entrar con su oferta de nuevas tecnologías.

 

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