Turquía, Egipto, Jordania, Irak, Siria, Líbano, Palestina, Libia, Marruecos, los países del Golfo e incluso en Israel experimentan serios retrocesos en los derechos individuales, ¿por qué?

 

Mtro. Manuel Fèrez*

 

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Bassem Youssef, el famoso y controversial presentador egipcio del programa El Bernameg, publicó una columna titulada ‘Egyptians should be free to say ‘no’ en el periódico Al-Shorouk y el 14 de enero de este año y reproducida posteriormente en el diario Al Arabiya. En su artículo, Youssef aborda uno de los temas centrales de las dinámicas actuales del Medio Oriente: el lugar que la libertad de opinión y expresión de los individuos tienen en los Estados de la región y sus procesos de toma de decisiones políticas y sociales. Tomando como ejemplo el reciente referéndum sobre la nueva constitución egipcia, Youssef nos demuestra cómo un ejercicio democrático deber ser acompañado de libertad y seguridad personal pues, si se carece de ellas, se convierte en una mera exhibición mediática y propagandística por parte del gobierno para exhibir internacionalmente un apoyo y cohesión social amplia que legitime sus acciones y decisiones.

Con la persecución desatada contra los grupos contrarios al gobierno militar, la supresión de cualquier opinión pública de apoyo a los Hermanos Musulmanes, la debilidad social y política de los grupos de jóvenes seculares, las desapariciones forzadas, encarcelamiento de los líderes contrarios y críticos al poder del todopoderoso general Abdel Fatah al Sisi y la utilización de los principales medios de comunicación, la cúpula militar egipcia ha logrado dar validez y una cierta legitimidad a un Golpe de Estado militar contra el único presidente electo democráticamente en la historia de Egipto: Mohamed Mursi.

Siendo sinceros, las credenciales democráticas de Mursi y sus Hermanos Musulmanes dejaron también mucho que desear durante su breve gestión como presidente, sin embargo, me parece que la exhibición de fuerza, control y capacidad de enfrentar a los grupos fundamentalistas en Egipto ha sido suficiente para que la comunidad internacional prefiera mirar hacia otro lado y no levante la voz contra un régimen que impunemente ha silenciado, cooptado, marginado, encerrado, expulsado y asesinado a cualquier oposición verdadera.

‘Egipto prefiere la estabilidad a la democracia’, titula Jesús A. Núñez Villaverde su columna de opinión del periódico El País. Núñez está en lo correcto;  tristemente  el destino, no sólo de Egipto sino de la mayoría de los países del Medio Oriente, se debate entre dos opciones igual de intolerantes y que sólo tienen en común el odio a la disidencia ya sea política, religiosa o étnica: regímenes dictatoriales legitimados por procesos democráticos fraudulentos y supresión violenta de la oposición  o modelos teocráticos que también limitan las libertades individuales pero en nombre de una verdad trascendental dictada por Dios y sus ángeles y que también temen cualquier manifestación contraria a sus divinos deseos.

Tanto en Turquía, Egipto, Jordania, Irak, Siria, Líbano, Palestina, Libia, Marruecos, los países del Golfo e incluso en Israel se experimentan serios retrocesos en los derechos individuales e incluso colectivos de amplios sectores de las sociedades que componen dichos Estados Nación. Algunos de los países citados están al borde del colapso total por la imposibilidad de convivir pacíficamente dentro de un marco institucional neutro hacia las diferencias religiosas, étnicas, sociales y políticas.

Ejemplo de esta insostenible situación es el reporte que Pew Reserach Religion and Public Life Project recientemente publicó sobre el incremento de la hostilidad religiosa en el mundo. En dicho estudio se revela que Medio Oriente y Norte de África son las regiones en donde la violencia de carácter religioso es más visible.

Octavio Paz define mejor que nadie la relación entre democracia y libertad: “Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera”. En Medio Oriente el panorama no es nada alentador y probablemente seremos testigos durante muchos años de un escenario en el cual el despotismo (disfrazado de democracia) y las quimeras (tanto religiosas como seculares) ahogarán cualquier ejercicio democrático verdaderamente libre.

*Coordinador del Diplomado Las Claves de Medio Oriente y Cáucaso. Universidad Iberoamericana

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