La licitación restringida de Petróleos Mexicanos (Pemex) para construir su séptima refinería es un procedimiento muy normal dentro de la industria, consideró la firma de ingeniería estadounidense Burns & Mcdonnell.

“Es lo más normal del mundo. Una empresa que quiera construir una refinería  no llama a que vengan las que quieran. No es así”, dijo en entrevista el director general de la empresa en México, Eduardo Andrade.

El pasado 18 de marzo, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, reveló que invitó a los consorcios WorleyParsons-Jacobs, Bechtel-Techint y a las empresas Technip y KBR para construir la megaobra de refinación en Dos Bocas, Tabasco.

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El directivo comentó que gigantes energéticos como Exxon, Total o Shell llamarían incluso a menos compañías, pues  las escogen dentro de ciertos parámetros de calidad, trascendencia, reputación y limpieza para que se acerquen, manifiesten interés y comiencen a cotizar.

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador quiere una refinería capaz de procesar 340,000 barriles diarios de crudo maya de 22° grados API, y que costaría entre 6,000 y 8,000 millones de dólares, cuyo tiempo de construcción comenzaría al cierre de 2019 y concluiría en 2021.

Andrade explicó que entre más tipos de crudo ingresen a una refinería y más productos salgan la refinería será más cara, pero si solo es un tipo de petróleo es más fácil diseñarla.

El director general de la firma de ingeniería estimó que una propuesta como esta vale entre 1 y 3 millones de dólares y requiere mucho personal para estructurar el proyecto.

 

 

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