Por Raciel Sosa*

Por un lado, están las personas a las cuales se les conoce como tradicionalistas o veteranos, gente que nació entre 1900 y 1945. Si sacamos cuentas, nos vamos a dar cuenta de que hay gente que tiene 75 años y está trabajando. Después está la generación Baby boomer, gente que nació entre 1946 y 1964; se trata de la generación que continua al fin de la segunda guerra mundial, es una generación que venía con la encomienda generacional de “reconstruir el mundo”.

Posteriormente, tenemos la Generación X, integrada por personas que nacieron entre 1965 y 1980; Es la “generación puente” porque es una generación que ya empieza a utilizar la tecnología para fines lúdicos. La característica “puente” de esta generación se vuelve muy significativa, ya que les permite entenderse tanto con la generación anterior como con la posterior. De hecho, hoy es la generación que está dirigiendo el mundo, muchos presidentes de compañías y ejecutivos de alto nivel pertenecen a la Generación X.

Después tenemos la Generación Millennial, los que nacieron entre 1981 y 1995; Hoy en día, las personas que forman parte de esta generación empiezan ya a tener posiciones de autoridad dentro de las organizaciones y, actualmente, representan el 60% de la fuerza laboral. Son ellos los que están cambiando y transformando todos los paradigmas de la empleabilidad actualmente. Y, finalmente, tenemos a la Generación Z, que se ha incorporado al mercado laboral en el 2018.

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Ante esta diversidad, ¿Qué hacer para integrar a todas las generaciones en un equipo de trabajo?

  • Lo primero que el líder de un equipo de trabajo debe entender es que este contexto representa todo un desafío. Los paradigmas que rigen a las diferentes generaciones son totalmente distintos y eso hace que se colapsen en la parte operativa, por lo que lo primero que un líder tiene que tener claro es que sí está frente a un reto.
  • Distinguir cuáles son los paradigmas que rigen y que motivan a cada una de las generaciones que tenemos enfrente; es decir, detectar y analizar qué necesitan, qué les preocupa, y qué les motiva.

El líder del siglo XXI, tiene que tener una personalidad camaleónica; tiene que tener la capacidad de adaptarse al entorno actual integrado por diferentes generaciones (desde la generación tradicional a la millennial y generación Z). Y lo cierto es que el líder actual puede obtener un gran beneficio de este contexto. El líder camaleónico va a poder capitalizar lo mejor de las cinco generaciones del mundo organizacional actual. Frente a ello, la clave está en la capacidad del líder en ser sinérgico, que genere un entorno de propósito común, y que a cada quien le dé lo que necesita para que cada uno pueda aportar desde ahí lo mejor para el equipo.

Por otro lado, la tecnología y la información que viene de la mano de ella hizo diferentes a las generaciones, y siendo así, diría que la diferencia está en los “cómos”. El objetivo es igual para todos, pero en los “cómos” está la diferencia. Todos queremos grandes resultados, un entorno donde nuestro potencial sea estimulado/liberado, un entorno sinérgico donde todos podamos ayudarnos y aprender, donde, bajo un propósito común, nos tenemos que poner de acuerdo es en los “cómos”; y de ahí nos tenemos que agarrar para generar ese entorno de diversidad y capitalizarlo.

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